terremoto

terremoto
el alcohol nos tiene idiotizadxs pero alegres. estamos juntas como no lo estábamos desde hace años. cuando la luz se corta creemos que es una conspiración hecha para impedirnos seguir gozando. luego tiembla un poco la tierra, no hemos tomado ningún psicotrópico, y sigue temblando más fuerte, haciéndonos creerlo algo cierto, algo objetivo. atinamos a salir de nuestra madriguera (una escalera llena de vasos, colillas y bolsas). atinamos y son momentos en que no existe el pensamiento, no hay razón, sólo cuerpos temblorosos siguiendo el ritmo telúrico orquestado por vasos y botellas que se quiebran. el planeta es otro, podría ser marte, podría ser la luna casi llena, nuestra gracia de reencontrarnos, un desierto cubierto de casas y edificios por casualidad. cuando la tierra tiembla las cosas no importan, y las personas comienzan a tener sentido en la medida en que la mente vuelve a su lugar. antes de eso es como si sólo hubiese un atado de venas trenzadas en un amoroso abrazo anárquico. el cielo reinterpreta la oscuridad, aparecen luces de colores, como fuegos artificiales de barrios pobres, demasiado pequeños para ser ciertos. se cortan todos los móviles, gritan todos los animales del mundo, se activan todas las alarmas de coches y casas. si algo existe somos nosotrxs. parece que todo acabó.
recuerdo que a la última persona de la que me despedí antes de llegar a casa le dije, nos vemos si es que internet no colapsa definitivamente. y aquí sigue…

mail matinal

hola!
hoy desperté con un hilo de sangre seca saliendo por mi boca. la imagen frente al espejo de mí misma como lo que podría ser una drogadicta (pero desfasada, mal ubicada, mal puesta) me dio risa. chupé la sangre hasta que desapareció. me comí la costra. desayuno metálico y protéico.
eso después de estar anoche con mi j. y su amigo francés hablando inglés varias horas. fue como ir a un gimnasio del habla. j. sigue igual de perversamente elegante y bella, inteligente y culta como una dama. su amigo, un programador informático, se enternecía burlonamente de mis radicalidades fashion. era muy amable y tenía la prepotencia eurocentrista ubicada de manera inofensiva. también yo ejerzo la misma prepotencia al meterlos a todxs en el mismo saco, una prepotencia sudaca, a veces amable, incluso respetuosa. antes, una junta con k., un poco de maría y el trayecto en bicicleta por lo que me pareció era medio santiago, aunque no lo era, me dejaron de mejor humor, y quizás exhausta.
no he bajado los 3 kilos que pensaba me abandonarían en chile. es cierto que como mucha fruta, pero también mucho pan. no es algo realmente importante, probablemente otra de las cosas absolutamente menores que tomo por tormeto para sentirme desdichada. mal que mal estoy hablando sangre por la noche.
hay gente que piensa que el blog tiene puras mentiras y otrxs creen que hay verdad. realmente es otra cosa para nada importante. verdad o mentira son sólo adjetivos, de la intimidad en este caso, y su exhibición. sólo me preguntaba ayer, mientras andaba en bicicleta, si en el intento por dejar constancia de ella, ejercitándola como cuestión disciplinaria, intimidad se banaliza. o no. no concluí ninguna cosa, sólo la imposibilidad de estar totalmente abierta, de dar con la intimidad de manera certera.
hoy al menos me he despertado con ganas de enviarte un correo. por seguir con el dramatismo, me siento en este cuarto absolutamente desordenado, como una inmigrante ilegal (del jet set) tecleando sobre un mac el sufrimiento que corre por las venas del planeta. jjjj.
me voy a lo doméstico.
mil besos
l.

tarot

esta mañana, sumida en una somnolencia total, fui donde verónica que me echó por segunda vez el tarot. la primera fue dos días después de haberme separado, hace unos 3 años (incluso fue en febrero creo). hoy estuvimos 4 horas y dejamos pendientes algunas preguntas para la semana que viene. mi experiencia vital con tarotistas ha sido mínima, de hecho verónica es la única persona con quien he hecho una “sesión protocolar” y extendida, y sólo han sido dos veces. sin embargo mi relación con las cartas se ha desarrollado más como tarotista que como consultante.
hace prácticamente 10 años (en 30 días creo que serán 10 años) mi amiga adeline me regaló una edición de kiosko de un manual de tarot y sus 22 arcanos mayores. la edición dejaba bastante que desear. basada en el de marsella, la impresión tenía un descalce que hacía a las figuras tener doble nariz o papada, o cualquier deformidad imaginable dada por una cuatricromía inexacta. las cartas eran de un cartón simple con un plastificado barato que con poco trabajo hubiese desaparecido, llevándose consigo gran parte de la tinta. el mazo asignaba a dos arcanos el mismo número y eso hacía poco fiable cualquier consecuencia ligada a la secuencialidad. el manual no sé dónde quedó, pero las cartas comenzaron a ser uno más de los miles de artículos que cargo constantemente a modo de casa portátil, a modo de utilidad inútil. intenté algunas veces leer algún libro que explicara el sentido de las cartas, intenté incluso apuntar ideas importantes al respecto, pero siempre me terminó pareciendo que las interpretaciones resultaban demasiado unívocas, y que no era posible aducir a una carta invertida un futuro calamitoso. nunca llegué a leer todos los significados, me aburría antes de tiempo. creo que habré leído en mi vida unas 20 interpretaciones del loco, y ninguna de la templanza (nada personal…), quizás a lo mismo se refiera cierta dificultad con la estrella o la luna por sus avanzados números…(bis).

tarot_playa

las cartas de adeline me sirvieron para aproximarme al tarot. incluso creo que su calidad dudosa, sus errores y inexactitudes cromáticas, ayudaron a que fuese una relación irrespetuosa, cotidiana, lúdica. nunca cobré nada por lo que considero hasta el día de hoy una manera de estudiarlo, un ejercicio, un juego, una intromisión.
como tantas de las cosas que hago, no soy una profesional. y obviamente no me interesa ni en lo más mínimo serlo. quizás en una cosa así no podría haber profesionalidad sólo porque no hay una manera correcta y productiva de hacerlo. claramente no es un método científico y por lo mismo funciona mucho mejor desde la inexactitud de las hipótesis.
cuando descubrí que por televisión abierta hacían sesiones de tarot a través del teléfono, estuve medio año viéndolo cada noche hasta dormir. con esas voces leeentaaaaas que estiraban las llamadas (pero no tanto) cruzaba la vigilia. cruzaba la vigilia escuchando problemas de gente aburrida y sola llamando a las 3 de la mañana a sandra o a la sacerdotisa lu vargas para preguntarle cualquier cosa referente a su destino (Coste de la llamada: 1,102 € desde la R.F. y 1,856 € desde R.M. Impuestos incluidos. Servicio reservado para adultos). mientras dormía, las voces metálicas filtradas por el teléfono de esas auditoras que no oían bien, que acoplaban la señal o que debían repetir más de tres veces el nombre del lugar desde el cual llamaban, me hacían la banda sonora. como parte de mi sueño las voces de las tarotistas respondiendo seguras de su arbitrariedad, sacando numerología a partir del nombre, llamando a lxs consultantes como aries, piscis, acuario o capricornio animaban la fiesta.
la maga zeleste se convirtió en mi favorita. creo que era chilena por cómo disimulaba el acento sudaca, intentando masticarlo, hablando con la boca llena eses molidas. tenía los brazos tatuados, varios piercings en la cara y un estilo gótico punk con toques chamánicos y severidad amiga. al cerrar los programas pedía subir el volumen del televisor para impregnar todo el espacio de la habitación con las vibraciones de diversos instrumentos sagrados que ella misma se encargaba de hacer sonar. cuando tocó un kultrún me emocioné.
las cartas de adeline llegaron un poco más allá de miss espanya.

hace poco más de 1 año (y después de varios intentos frustrados de mi parte por ir construyendo una baraja personal) con charity decidimos hacer un tarot. nos reunimos a las 10 de la mañana y desplegamos cuatro o cinco versiones de los arcanos mayores sobre una cama. comenzamos a trabajar anárquicamente, sin dios ni ley, de manera paralela, simultáneamente introspectiva. preparé de comer un potaje que parecía para el perro. al terminar la tarde vino ricard con un boniato asado y teníamos cada una un juego de arcanos mayores. el mío lo hice principalmente con una edición empastada de private y dos national geographic sobre una selección por sorteo de naipes eróticos. de ese tarot hice un modelo reducido de bolsillo que plastifiqué y llevo casi siempre conmigo.
hay algo de performativo en el acto de leer las cartas, cierta ceremoniosidad. durante un tiempo imaginé este mazo como una obra de arte basada en la interacción unx a unx. me divertía pensar que cada lectura era la “materialización” del contacto interpretativo con una obra, que en cada lectura se veía afectada también la recepción de la imagen por parte de un ¿espectador?. si lo pienso como obra de arte todavía me gusta la manera en la que se exige una recepción abierta, poniendo sobre la parrilla la propia intimidad, y por eso comprometiendo mucho más que un análisis racional (composicional, retórico…). quizás por lo mismo nunca ha sido posible que “cuele” como obra de arte. siempre hay quien admira su calidad estética, pero no el modelo de relación con lo que en otro contexto sería el “espacio de exhibición” o la figura del “espectador”.

la certeza adivinatoria o predictiva de las cartas depende exponencialmente de la confianza de quien consulta. lo mismo con las soluciones a algún problema o duda. en general mi práctica se reduce a verle las cartas a las personas que tengo cerca, a las que quiero, o a las que simplemente me gustan. con amistades antiguas ha llegado a ser una especie de ritual actualizador, una práctica recurrente que repetimos cada vez que nos encontramos, a veces cada 3 años. con otras personas es una forma de ayudar ante alguna incertidumbre contingente. con recién conocidxs, saber qué les preocupa. con amantes ocasionales, una manera de saber quiénes son.
las cartas que yo leo no pueden decir nunca sí o no. no pueden predecir más de un año a futuro, ni un año a agua ida. tampoco funciona si no me apetece realmente hacerlo. muchas veces implica una inversión energética, que si tiene buen feedback, vuelve con creces. y vice-versa. las más divertidas son las consultas extrañas y leérsela a políticos o burócratas puede resultar liberador en relación a la crueldad que permite. últimamente también las han interpretado personas que no las conocen y es de esas lecturas de las que principalmente alimento mi archivo interpretativo. con resultado positivo he practicado la adivinación a distancia vía sms, skype y chat.
las cartas son bastante sinceras proporcionalmente a la sinceridad y claridad de las preguntas y NO DICEN JAMÁS LA VERDAD. más bien resultan un instrumento de análisis objetual, un palo pequeño y tosco, una herramienta como puede llegar a ser un tenedor. la persona las toca y manosea, se concentra en su situación y saca un mapa pedestre y carnal, un modelo reducido de lo que inmaterialmente debe oir, de lo que debe escuchar, o ver, y todo eso, por supuesto, si es que hay algo que se “deba” oir…

poema de clase (B)

a continuación un cadáver exquisito on the road y freestyle hecho con mi mamá y mi hermano arriba del auto (“¿cuánto falta?”):

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de ir al sur y ver,
carreteras secundarias,
calles de servicio,
centenas y miles de nanas rurales
del brazo de sus novios,
jardineros, leñadores, vigilantes
vulcanizándose 24 horas por panguipulli
van
destartalados por cruces peligrosos
(todo vehículo paga peaje)
toda clase, tipo, todo peso
vacas nubladas, sí
el paso superior o la calle del frío,
hasta nuestra nave, nuestro avión,
hasta puentes reventados por 4×4,
por gasolineras y empleados de la concesionaria,
y la clase no es un vehículo de viraje amplio,
ahora entra más aire frío
porque 500.000 chilenos tienen la vida asegurada
y el resto
el resto sigue peregrinando por la calle al servicio,
iluminados por el rastro hediondo y catódico
del triunfal nico massú.

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chile al sur, ejercicio de realidad exagerada

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voy en este autobús interprovincial arrastrando a mi madre que ama orinar en los basurales improvisados de la provincia.
chile huele a paja y está rociado de papel higiénico usado. chile está seco, lubricado con vino artesanal. chile está hermoso con su ruralidad despótica, pastizales y alcantarillas a medio hacer. chile está pletórico reescribiendo los surcos mediáticos de su primer bicentenario, celebrado por un coro facho de empresarios y huasos.
chile en realidad no es independiente, pero no importa, porque siguen habiendo tantas muchachas hermosas, a la moda china, zapato reina, piel de marshmallow moreno, ricas y sabrosas piernas y corazón tricolor. cuánto concurso de belleza o festival de verano. cuánto mp3 hambriento del rey del trópico, del rap, del son. chile está llorando alambres de púa violados por vacas desnutridas, chile me está llorando a mí mientras lavo a mano mis calzones sucios, mi desgracia, mi familia 2.0. y yo (dramáticamente) le pongo parches de curita al mapa, me desgrano como un choclo seco, me retuerzo en la tristeza máxima de un colchón mojado. quizás yo le doy a chile arcadas con mi sentimiento de ballena estéril, y entonces decido sacarme el taparrabos, sacarme la cresta (punk), y llorar otro poco aprovechando que hay lluvia y que nada se nota, llorar otro poco para hacer la tierra más infértil, o darle más material a los artesanos, a los bomberos, a los encapuchados.

media hora más el autobús llegó a su destino. varias personas esperan el móvil con paciencia. y cuando el quiltro se levantó ya tenía el alma encadenada al palo.

museo de la memoria

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la explanada que precede al museo es una parrilla de tostar. hay 40 grados y el sol rebota con perfección exacta al medio día. un espacio vacío donde podrían caber miles de personas o toda la memoria de funes, o 20.000 turistas. todo rodeado con las mismas rejas de los conciertos, las manifestaciones, la venida del papa. todas esas rejas sin resguardo policial, ¿para qué están?
me doy vueltas esperando a mis compañerxs de visita. son lxs mismxs con quienes compartí la mayoría de mis días entre los 13 y 19 años. pienso que este lugar podría estar en berlín, en estrasburgo, en cualquier parte (a pesar de estar cubierto de cobre oxidado, el sueldo de chile). pienso en que probablemente estos monumentos a la memoria son siempre tan vacíos porque pretenden ser llenados por lo que se nos pase por la cabeza en los momentos de recogimiento que la brutalidad que contienen nos hace padecer.
las que trabajan en la recepción me dicen orgullosas que la entrada es gratuita, algo en ellas me mira con cara de obviedad, y no puedo evitar sentirme un poco gringa.
llega mi compañía por goteo, en la espera aprovechamos de ver la instalación de alfredo jaar. se trata de una habitación pequeña en la que te encierran, dejándote a oscuras total. la chica de la entrada nos explica el nombre, la duración  y nos dice que no toquemos nada, que hay un botón que podemos presionar para salir si no aguantamos. veo sentada en el suelo a su lado, como escondida, a una mujer vestida de blanco con turbante. la empleada del museo nos encierra. pasamos un minuto a oscuras. bromeo con que alguien me ha metido mano. al iniciar el segundo minuto se encienden unas 1.000 siluetas que se multiplican hasta el infinito en unos espejos laterales. mis compañerxs desenvainan sus cámaras e imagino que son metralletas. luego pasa otro minuto más en silencio total, y se abre la puerta de metal robusto.
volvemos al museo. en realidad la obra de jaar no es más que un apéndice, y un gesto de contemporaneidad. es demasiado estético y debería estar en un museo de arte. por eso creo que lo han ubicado en el ladito de afuera, y no cumple sino como redención o prueba de que igual hay espacios aquí para el hoy.
me sorprende que las pantallas del inicio sean lcd. son una hilera de 30 ó 40, y cada una tiene una imagen estática. qué moderno, qué inútil.
en la escalera hacia el primer piso una gigantografía de victor jara sosteniendo un lienzo me obliga a caer en la tentación de hacerme la clásica foto. le toco el hombro; le ayudo a afirmar el palo del cartel; intento besarlo pero su cara está muy alto, como a un metro de la mía; pienso en tocarle los huevos y me corto.
en la primera planta hay un coro de videos. los audios se superponen y se vuelve un murmullo ininteligible que sólo emerge como palabra huacha por momentos, “está muerto”, “chile”, ruido de helicópteros. no hay ningún cartel, al menos no los encuentro, que diga quién hizo estas imágenes, de dónde salieron. hay cuatro cubos de metacrilato con pantallas en la cara superior, dos de las cuales muestran una imagen pegada. se caen los aviones y los gobiernos socialistas, cómo no se podría caer el precario sistema informático que vive dentro del cubo blanco.
uno de los videos muestra a gente pasando por las laterales de la moneda el 11 de septiembre. niños que se cuelgan de las ventanas como si fueran juegos de una plaza. mujeres con bolsas plásticas llenas de ropa o pan. oficinistas que miran hacia adentro de la moneda sitiada con la misma actitud de quien mira un choque en medio de la alameda. nos detenemos con consuelo ante este video. nos detenemos allí porque es un material que no habíamos visto. me doy cuenta que he visto tantos videos del 11 de septiembre que no reconozco las fuentes, estos fragmentos podrían haber sido imágenes con las que soñé a los 5 años, relatos explicativos reforzados con una foto fija, fantasías del golpe, documentales. en el museo, trailers anónimos del suceso.
toda la amplitud de la explanada inicial se contrae en el interior del museo. los espacios temáticos son estrechos y cortos. una serie de dibujos infantiles, cartas y videos me hace recordar de manera inmediata la vieja cinta de audio que recuperé en münster hace 5 años. en ella mis padres hablaban, en 1984, de su exilio, de sus expectativas del chile que se venía, de cómo veían el mundo, y de un largo etcétera. en esa cinta también cantaba mi hermano y yo (yo misma en un alemán puro y ario que me dejó medio tuerta la primera vez que lo oí) y aparecía, por error o economía material, un relato que no correspondía a mi familia. en él una niña de unos 8 años narraba cómo había escapado su padre de chile cruzando la cordillera perseguido por unos cerdos que eran militares. en su relato hay armas, muerte y peligro. hay miedo, terror. ella habla como contando un secreto. probablemente también yo tenía ese tipo de relatos en mi cabeza, una especie de película real, muy cruda, sin fundidos, sólo cortes directos que llevaban toda la imagen a un negro radical.
un video de teleanálisis donde unas pobladoras organizan una navidad para lxs niñxs. los grifos abiertos en pleno verano, como la contraparte gustosa del guanaco. las mujeres organizan comidas y adornan las calles de una población cuyo nombre no recuerdo con cajas de fósforos forradas con papel de regalo. me emociona tanto la organización tanto, que me la aguanto. la carta de una niña a lucía hiriart pidiéndole que le diga a la dina que le devuelvan a su abuelo. la niña le ruega a la vieja llamándola vondadosa, caritatiba. escribe tantos halagos y con tantas faltas de ortografía que en un minuto me parece una estrategia para no decir lo que está diciendo. una estrategia para mal-decir.
en la sala de tortura está la parrilla, donde húmedo el cuerpo recibía descargas eléctricas de al menos 30 segundos. como si se tratara de un cuadro para este habitáculo siniestro, un video multipantalla intercala los relatos de distintos personajes que narran, como quien dice almorcé pollo con patatas, cómo de sus pezones, vagina y partes varias salía sangre a chorros convirtiéndola en una fuente sanguinolenta. pienso en el texto de jocelyn-holt del clinic. estoy en la montaña rusa emocional del museo. hago un par de fotos al manual de tortura. la “hit parade del sufrimiento”. y de ahí en adelante, aunque con cierta incomodidad, (con ganas de correr repentinamente y atravesar los enormes ventanales que me separan de la quinta normal, volar sobre la explanada para estrellarme sobre su lisa llanura y dejar mis vísceras y mi espanto en ella incrustada) me someto a un ejercicio, probablemente absurdo, por determinar de qué modo puedo canalizar esta emoción. es la pena, la rabia, cuál es y por dónde debe ir, cómo utilizarla para que siga actuando afuera de este museo. todo lo que veo intensifica la sensación, el gorro de arpillera cosido a mano con hilo rojo, los zapatos, los aritos de lata tallados con un tenedor, todo pareciera venir filtrado por una capa de sensibilidad total y lo que me molesta e incomoda es no saber qué hacer con ella.
el museo me resulta una especie de puzzle incompleto en el que un % de las piezas las traigo adentro. varias piezas están mal puestas en el museo y hay partes que nunca llegarán a estar.
arriba en uno de los últimos pasillos está el video del 12 de marzo de 1990, cuando el sacoehueas de aylwin celebra haber asumido el mando en el estadio nacional. yo que en ese momento tenía 9 años, recuerdo ese día porque fue el momento en el que cursimente me autodecreté chilena, después de 4 años sintiéndome fuera de cuadro. era una fiesta emotiva y creíble. quizás demasiado creíble y perfecta.

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al salir del recinto elegí entre el cuaderno de emociones y pensamientos y el de comentarios y sugerencias, el segundo. escribí una hoja más bien técnica referida al montaje, a la falta de referencias de ciertos materiales, al espacio.
me sigue pareciendo arbitrario el corte 73-90, como si el 90 se hubiera acabado el capítulo de lo que hay que recordar.
al mismo tiempo tuve tantas ganas de tener mis propios libros de sugerencias, de pensamientos y comentarios (aún no sé bien cómo gestionar toda esta hipersensibilidad) y de hablar y discutir muchas horas seguidas como drogadxs de espanto, pensamiento y acción.