la ilegitimidad de lo negro, el tabú de la ira y la prohibición del dolor estético

IRA

estoy harta. odio, odio a la totalidad del los gilipollas del universo. les escupiría en la cara. maldigo al imbécil que me robó la bicicleta el 24 de diciembre frente a can vies. maldigo al que me la robó esta noche frente a mi casa. les deseo mal, que se quiebren todos los asquerosos huesos de su cuerpo en un accidente y que nadie les ayude. odio los protocolos, la buena conducta, la corrección. reviento de ira, he hecho un corte en mi cráneo para que emerja esta lava roja que me quema los ojos cuando cae y escupo como estalactitas de baba inmunda cuando hablo. y mientras odio al mundo entero, entonces también me odio a mí. porque la maldita humanidad la llevo dentro y quizás con tanta ira soy más perro rabioso que humano y así me redimo un poco, o me saco sus absurdos gestos de encima. las manchas que me provoca.
anoche, en la última sesión de mi festival favorito de todos los que se hacen en barcelona, the influencers (ni el sónar ni el primavera sound), habló wafaa bilal. nos enseñó su trabajo situado en su cuerpo de iraquí, y planteó entre muchas otras cosas inmensamente inspiradoras, la relación entre el placer estético y el dolor estético. me quedé absorta. el arte siempre te está hablando de placer estético, de la experiencia estética como si esta tuviera que estar necesariamente vinculada a algo placentero, bello y bonito (en su versión más imbécil). yo ya estoy harta.
estoy harta del tabú de lo doloroso, de lo malo, de la rabia, de lo negro. si fuéramos pura alegría y bienestar seríamos unxs putxs autómatas. no way. yo soy mi odio y mi amor, yo sólo amo porque odio y sólo tengo placer porque me duelo toda entera y cada día. no soy ni masoquista ni hedonista, pero no me hace falta, mi rabia, mi odio y mi dolor lo tengo igualmente, igual como cargo con mi alegría, mi amor y mi placer.
estoy harta de tener que responder siempre a la pregunta de cómo estás diciendo bien, y más allá de los estúpidos protocolos de los que también estoy harta, me refiero a que decir mal es exponerme a que mi interlocutor tenga que sentirse obligado a persuadirme. nadie puede estar mal en esta cultura de mierda, nadie puede tener mala cara, tenemos que ser todas felices como la publicidad del ikea o del corte inglés. tenemos que estar todas drogadas de felicidad y mientras más felices mayor es nuestro triunfo, así pareciera ser. ¿pero a mí quién me tiene que convencer de que mi vida es una fortuna y de que recojo éxito por doquier? ¿acaso creéis que no lo sé? ¿acaso estar enojada no es compatible con tener motivos para, en otro momento o al mismo tiempo, estar satisfecha? ¿por qué no puedo decir que estoy fatal? ¿cuál es el eje de estabilidad que te rompo si te digo que estoy pésimo, mal, que vivo la desgracia y que siento dolor? ¿cuál es la publicidad que me cargo con mi inconformismo, la estructura precaria de la alegría que se hace trizas cuando digo el monosílabo “mal”? ¿acaso tu alegría es la mía? ¿acaso has estado toda tu vida feliz? ¿existe algo así más acá de la foto fija que promociona yogures con bífidus activo?
estoy muy enojada, estoy furiosa, me duele el ojete por el que durante toda esta mañana de domingo (con un estupendo sol iluminando a las familias que pasean en su día de descanso) he estado expulsando un montón de mierda putrefacta que tengo dentro, y claro, de mierda tampoco debería hablar, aunque estuviera reventando, aunque la mierda me estuviera rajando el ano.
es que esta cultura de mierda basada en el binarismo ¡no es ni siquiera consecuente! es que placer y dolor es uno más de sus binarismos y nos han robado una mitad ¡a punta de ibuprofeno!
ya está. estoy un poco más vacía.

cubre el pan, las moscas son sucias

lasmoscas

hace dos días pude ver la manifestación por los recortes sanitarios. habían tantas batas blancas, batas bailando, gritando, batas con piercings, algunas, otras sin nada más que los ánimos de decir. se veían contentxs de tomarse la calle y yo dentro de todo me sentí un poco extraña, un poco fuera de contexto, sin el dress code o qué sé yo. mi sentimiento de no pertenencia no era evidentemente porque la causa no me tocara (o más que eso, cualquier oportunidad que me den para gritar en la calle, me la tomo), sino más bien porque sentía que toda esa gente estaba haciendo un gesto extraordinario para salir a la calle, como quien va de vacaciones a honolulu, o prueba los saltamontes fritos. una aventura única e incluso algo excéntrica. un juego.
luego de eso me fui.
por la noche, intensas disgresiones sobre el arte. siempre se decía que “(hel)arte era cagarse de frío”. y sí. a veces la aridez del arte, su estúpida autorreferencialidad pretenciosa, enfría.
encontré una nota que apunté sobre un T10 ese día: “hoy he sentido muy fuerte el aliento de las personas”.

11-04-2011-a-la(s)-19_51

yo soy de las que no tienen internet en el teléfono. yo soy de las que (todavía) se emociona de ir en un autobús navegando en internet, como si los viajes se cruzaran o pusieran en tensión sublime, como si fueran viajes los del ciberespacio que se queda manifiestos ante un desplazamiento real. me emociono como ante el proyecto de tren instantáneo de parra, mucho más económico que cualquiera de estos operativos.
el internet de este autobús es frágil, delicado. como el sueño de mis vecinxs, no como el sonido del móvil de dos asientos adelante (una salsa estruendosa). es frágil y delicado como una uña rota, como mi concentración y perseverancia, como la duración del tiempo de viaje que se comprime en mi coito con esta máquina.

pienso, como si no hubiese rango ni compostura, en los paisajes que se mezclan, ver pasar arbustos secos, trozos de mar, discusiones estúpidas, olivos, preguntas imposibles, desgano, tedio, alegría, ramas muertas, unos mails sin sentido.
hasta que se pone oscuro.

cuándo hablar, cuándo morir

desde el post anterior he reflexionado con más frecuencia (y no por eso con mayor profundidad) sobre esta afición mía por la verborrea, que por cierto creo que se ha intensificado en el último tiempo debido más que nada a un oportunismo suyo muy acorde a la contingencia. mientras más instancias de debate, exposición o silencio hayan, más hablo como una radio, un televisor, un altavoz acoplando.
lo maravilloso es que en el momento en que hay sinergias de calidad variable, emerge de mí el sonido que muchas veces roza lo inaudito, quiero decir, muchas cosas de las que digo no las había pensado antes. el reiki opera de forma similar, sólo que yo hablo de algo menos cósmico, menos universal. no se trata de una energía “sana” ni armónica, diría que más bien de todo lo contrario.
llevamos meses preguntándonos qué coño significa tecnologías colectivas, y hemos estado gastando el tiempo en dar con una acepción asamblearia, dar con el proceso, la metodología que facilite el incidente, y todo lo demás.
si hay algo que tendría que definir las tecnologías colectivas es que es algo que no te puede suceder solx. y digo suceder por imaginarme a mí misma como un tubo hueco que es atravesado por lo colectivo, y ahí puedo justificar mi verborrea, mi necesidad de hablar con otrxs (que es muy distinto a escribir, a lavarse los dientes mientras más de la mitad de la ciudad duerme, a pensar en lo trascendente).
luego por qué escribir, o por qué hablar, o por qué dejar de una manera u otra algo “fijado”, y cómo es más fácil que se quede “fijado” cuando se ha hecho con otrxs. gestos performativos del habla, le dicen a veces. ¿existe una manera de enunciar los gestos perfo-colectivos del habla? ¿alguien les ha puesto un nombre?
aun no es hora de morir, sólo de dormir.