chile en llamas


chile es largo y angosto y en cada punta o lateral hay un elemento aislante de inmensa proporción (cortando el rollito de la dispersión): una cordillera inmensa, el desierto más seco del mundo, un océano gélido, unos glaciares de antología.
cuando nací me dijeron: te llamas lucía y eres de chile. y aprendí a ser de un lugar lejano y desconocido, a querer con nostalgia, a usar la nostalgia de fibra óptica para poderme comunicar con un más allá que ya estaba muerto, muerto y sepultado desde hace más de una década, o casi. cuando nací me dijeron que era negra, y resulté ser blanca en este más allá que es chile.
chile fantasma, chile de alucinación, chile de derecha fascista, de mercado neoliberal. donde la palta chilena es más cara que en cualquier otra parte, donde el del kiosko, el del pan, la de la peluquería y el loquito del barrio me hacen ovación y yo me pregunto si esto es lo que significa no estar nunca en un lugar y venir en calidad de fantasma, yo, desdoblando el mapa que ya estaba muy arrugado detrás de una puerta que se cae de vieja.
mejor no hablar en exceso de los espectros, mejor sería follarlos a todos, aunque se resistan y me dejen clavada en la puerta de la que era mi casa con la entrepierna chorreante y el corazón ardiendo. yo digo: podría encender una fogata con esto que tengo entre las piernas, podría quemar bancos, destruir ciudades enteras, podría incendiar tu recuerdo. lo digo y chorreo, pero no se quema nada y el oscuro deseo queda suspendido entre la rueda delantera y la trasera, atascado en la palanca de cambios, enclavado entre mis ojos que no logran enfocar los tuyos porque nos hemos hinchado de vino y todo nuestro interior está negro.
quisiera decir “amor aparte” y seguir con una lectura más interesante sobre esto que no existe. quisiera decir que hay cosas aparte del amor y no hay nada, como mucho palabras de 4 letras, como dijo grumito en un poema romántico de hace un año atrás. amor, caca, peor, nada. pero. se extiende un mar de peros. hay reparos por todas partes, hay un diluvio de peros y yo soy náufraga de todo, tan radical es esto.
quisiera hacer un listado de afectos, hacer homenaje de cada uno, contabilizar los triunfos del cariño, renegar de lo demás. escupo un chicle sobre una palmera milenaria y creo que podría matarla. mis escupos no son biodegradables, mi cuerpo retoma su juventud en pausa, así se quedó, y ahora todos me meten la lengua, por cinco minutos, para volver a sus casas a saludar a sus perros, a regar las plantas y a culear con sus esposas pensando en mis tetas (o no. creo que me he vulgarizado con los años, en eso no hay restitución).