videochat

te follaría ipso facto. mi coño te manda a decir que quiere que te metas entero adentro suyo, no deja de darme golpecitos, está muy insistente. supongo que se sentiría contento (mi coño) si al menos se te parara un poco por debajo de la mesa donde apoyas los brazos mientras lees esto, sin que nadie se de cuenta, ni idea de con cuántas personas estás, pero sería discreto, mi coño también lo es, en su fantasía. y yo, yo enormemente dispersa, intentando hacer algo (por la vida), pero interesándome más que nada en tus labios y en los relatos patéticos, confesionales, amorosos, borrachos, tiernos y extremos de mi amiga por mail. “tengo” o “debería” hacer otras cosas, no pensar tanto en tu polla o en tu puño, o en que los deberes no tienen mucho sentido. pero me gustas mucho, tanto que a veces creo que hasta podría ser una fantasía, esto de jugar a interrumpirte, de compartir los días a través de una pantalla, o imaginarme que te metes mano en la cocina mientras vas a buscar más cerveza, un pan de molde con mortadela. colgada yo en una ventana más del ordenador. mi pantalla también está fragmentada, tuyo es su lado derecho. los documentos se aglomeran a la izquierda, amontonados, como en una manifestación. acallada por una ventana del ordenador. estoy caliente, o quiero estarlo. cualquier cosa es mejor que trabajar, aunque sea trabajo de artista, de estudiante, de proletaria 2.0. tu sombra se mueve al otro lado. das vuelta la pantalla. me enseñas a tus amigos, me haces saludarles. estoy tan caliente que me siento como conejita playboy al mover la mano en señal de “hola”, creo que sin querer guiño un ojo, te odio. haces todo esto para callar a mi coño. bebo whisky on the rocks en una copa inmensa que en realidad es de vino. la lleno con whisky para calmar mi sed. maldito, te digo por escrito. lo lees (o imagino que lo lees), con tus pestañas lentas, narcotizadas, con tu sonrisa que son 10 píxeles deformados, tu sonrisa que imagino evocando todo el poder mundial de la pornografía, de los azotes, de las cámaras de videovigilancia del deseo. y un mensaje de texto me dice que lo único que puedo hacer para calmar mi sed, y el hambre de mi coño, es escribir esto al tiempo que sucede. y esperar a mañana. y ver si puedo dormir antes de que sea mañana, y ver si puedo follar (mañana), y ver si puedo resolver algún deber (mañana), sacar algún informe, algún provecho de todo esto, porque el tiempo de hoy ha sido dilapidado frente a una pantalla hasta que, otra noche más, me quede mirando hasta oírte roncar.

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