pausa involuntaria


pues eso, pausa involuntaria de blog, pero no es nada personal, no es algo íntimo sino quizás todo lo contrario. “el documento” está casi listo. la colonia de inmundicias avanza, mis defensas se han ido de vacaciones a un sitio… lejos de aquí.
algunas digresiones en torno a la incomodidad (bicicleta nueva). cargué una “enciclopedia de la mujer” durante 25 cuadras bajo el sol (¿incomodidad escogida?).
el “viejazo” me vino después de cumplir 34 años (los celebraré en junio), día en el que leí este texto que inaugura una potencial serie de reflexiones sobre el tema de género y tecnología, porque ya puestas, nos tenemos que poner serias. entrada oficial al mundo del fango (al “amor más sacrificado y devoto que el romántico” según @misslabores). a todo esto se me olvidó la práctica que describe la imagen, esta captura es de un documental de la televisión que estaba viendo hoy. y tal como con “la enciclopedia de la mujer” hay que editar bastante…
con la blanca callén tuvimos -entremedio- una discusión llena de cosas interesantes que retomar más adelante, además de la catarsis tecnofóbica / tecnofílica y del reclamo anti-cientificista-patriarcal (viva silvia federici!):

>querida, la gocé con tu texto y me conectó, en el momento de la afasia y del río y la luna, con un video-texto brutal que colgó Elena sobre autismo como “otra” -una más- tecnología de conocimiento o epistemología (parcial, escurridiza y quebrada, como todas) que nos revela que no existe sólo “una”…o “la una”. o bueno, que sí la hay, pero es sólo un efecto del poder-saber. nevertheless, me revolví un poco cuando hablas de la repetición y el acostumbramiento: OK a cargarnos el ‘preset’, el deber ser y el dado-por-descontado; pero la repetición y la constumbre es una fuente súper potente de conocimiento experiencial (volviendo al río y la luna). sólo así se apreciarán las diferencias…¿será que me hago vieja y me canso de la tiranía de lo new, de que todo cambie y nada cuaje, del fast food-fast love-fast know? te escribo por aquí, porque “quants més siguem, més riurem”. lots of food, love and know (te debo un mail)
>>gracias blanca, amor de feedback. me gustaría pensar que una observación o experiencia sostenida no tendría que ser repetida necesariamente (incluso el río estancado cubierto de una capa de metales pesados que no dejan entrar la luz cambia de color), es así como se aprecian las diferencias, dices tú. o aparece la diferencia. esta idea en todo caso tenía más que ver con ciertas herramientas (producidas por el capitalismo) que condicionan una “interacción” mecánica que omite totalmente la relacionalidad, el aspecto relacional entre unx y la máquina por ejemplo, la posibilidad de encontrar nuevos atajos (o conjuros como diría el pedro) en cada momento. he estado pensando en cómo distinguir entre las tecnologías que nos interesan y las que no. en ese sentido la orientación repetitiva y acostumbrada de una tecnología me parecía que podía estar apuntando a un objetivo poco interesante, la predecibilidad del smart phone… bueno, gracias por el feedback, de verdad
>sí, santa Butler ya nos recordaba con la performatividad que no hay una repetición igual a otra. aplicado a las herramientas capitalistas, totalmente de acuerdo. hay una tipa (Madeline Akrich) que habla de los ‘scripts’ de la tecnología diciendo que todo objeto incorpora en su diseño, fabricación, etc. ciertos guiones -de género, uso, raza, etc- que tratan de delimitar lo posible/imposible de ese objeto. sin embargo, estos guiones no son inamovibles, aunque haya algunos más tozudos que otros, claro. en el momento en que ese objeto es puesto en relación con otra cosa, con su usuarix por ejemplo, cabe la posibilidad de que sea respondido. un ejemplo paradigmático de dureza y cierre del script sería windows…y mucho peor, mac. la cosa es que la tecnociencia, históricamente, ha sostenido que para que un hecho científico, o una tecnología, se imponga y se desarrolle al máximo, debe constituirse como una “caja negra” inexpugnable, un “móvil inmutable” que sea capaz de trasladarse sin ser modificado. el software libre, en mi opinión, es el ejemplo paradigmático de que se puede desarrollar y adoptar una tecnología sin necesidad de hacer de ella una caja negra: su fortaleza radica, precisamente, en que es algo abierto, modificable e intervenible por cualquiera. sin embargo, la sospecha, malauradament (o no?), es que las instituciones e industria tecno-científicas se están dando cuenta del potencial de esa apertura, no-repetición, diferencia, impredicibilidad, etc que comentamos. y luego vendrán y harán…zas!! “gracias por tu colaboración: son 30€”. total: ¿cómo mantener relaciones creativas y no predeterminadas con la tecnología pero liberadas de su capitalización?…¿cómo montar espacios autónomos en los que sean posibles formas de creación y conocimiento ‘sostenido’ (aunque irrepetible)?
>>claro, esa es un poco la pregunta, y esta era un poco la línea en la que se estaba planteando la aversión a la repetición. creo que es muy importante, y hoy más que ayer, estar preguntándose constantemente sobre si las dinámicas, los procesos y las herramientas están operando en la línea del capitalismo. aquí hay una trampa, porque potencialmente todo podría ser capitalizado. sería una cuestión de tiempo. por eso más bien (y para no deprimirme antes de la acción) pretendo tender a la pregunta y/o al análisis de las construcciones que se producen desde el más acá del capitalismo. por eso me ponen nerviosa a veces las propuestas que se vinculan a la hiperproducción (pasando por encima de un proceso que podría llegar a ser tortuoso), a la vorágine de producir, de hacer, desde un punto de vista muy centrado en los resultados. tengo la sensación de que en la concepción misma de lo que se considera desde el sentido común como tecnología hay mucho fascismo capitalista incorporado, y al menos tendríamos que cuidarnos de no estarlo reproduciendo sin más. por eso era bonito (o terrible, o aludiendo a ello con neutralidad: interesante) lo que se producía en la charla del hidrógeno en el hackthearth, porque si bien el tío tenía a veces unas salidas del todo hippies (que podíamos compartir, creer o no), lo interesante era observar también el absoluto rechazo que le producían sus concepciones a alguna gente, tachándole de “no-científico” (vamos, que el tío encendió una llama con agua… y si no era científico era alquimista que en cierto punto no deja de ser prácticamante lo mismo). este veto de lo “no científico” o lo “no tecnológico” desde el discurso más cartesiano y patriarcal es algo que de por sí me produce mucha sospecha y siendo sincera, también rechazo. respecto a lo que dices de las instituciones que van a sacar cacho de esto (y más ahora, con tanto recorte va a ser que no, si hasta el ministerio de cultura acabará organizando los crowdfoundings!), prefiero confiar en que cada una sabrá a qué causa le regala, dona o aporta su fuerza de trabajo. con tanta precariedad en esto ya deberíamos ser expertas, o al menos controlar un poco.
>qué bueno! tu reclamo de los ‘procesos’ (tecno-epistémicos) por encima de los ‘productos’ y resultados (tecno-científicos), y sus efectos en el mundo que nos toca vivir, es súuuper relevante. de hecho, diría que ése es el core de los estudios feministas de la ciencia y la tecnología. justo hace un rato, acabo de leerme un artículo muy potente de la María Puig de la Bellacasa que se titula “Matters of care in technoscience: assembling neglected things”. En él propone un giro afectivo, basado en el cuidado, en las formas de analizar y relacionarnos con los objetos tecno-científicos. si los construccionistas les metieron una colleja a los positivistas (¿esos que acusan de alquimista al tipo del hidrógeno??), ella se la mete, suavemente, a los construccionistas tachándolos de “tibios” (bueno, así lo resumo yo) y diciendo que su propuesta del cuidado (la de ella) no es que explique la construcción de las cosas (que yo creo que sí porque implica preguntarse por quién se queda fuera o dentro de una tecnología, sobre quiénes recáen sus efectos, etc), sino que es una especie de “compromiso especulativo”, un interrogarse constantemente sobre cómo nos relacionamos, afectamos y somos afectadas, con y por los objetos, “lo otro”, o incluso lo no-humano de manera que contribuya a mundos más vivibles. De alguna manera, critica la “objetivación del mundo” (llámalo fetichización) y las narrativas des-apasionadas (Despret) del discurso científico que borran cualquier rastro de “nosotrxs” -como narradores- y, como efecto, del “otro”. conectado con los “fascismos científicos”, una cosa que me flipó hace un tiempo fue encontrar en periódicos anarquistas de finales de S.XIX y ppios del XX secciones enteras súper detalladas dedicadas a la ciencia y la tecnología. el racionalismo progresista era la respuesta al pensamiento religioso. el rollo es que ahora se convirtió casi en pensamiento único, incluso en espacios “autónomos” (o llámalos x) cuando se trata de hablar de tecnologías, cacharreo y conocimiento.
y lo dejo ya porque tengo un “compromiso no especulativo” con una vida productiva que tengo descuidada.

(lo mismo diría yo)

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