arqueología del corazón, hoy: los lesbianos

el intento de aproximación a la identidad “lesbiano” tiene como motor la búsqueda de modelos de masculinidad no normativa, no así la instauración de una nueva categoría identitaria que sirva, otra vez, de camisa de fuerza. la mecánica se funda en el deseo de disolución de la masculinidad hegemónica, lo cual a ratos parece tarea imposible. el ejercicio, lo más modesto posible, pretende funcionar como un reguero de pólvora, un gatillador de posibilidades no normativas en un universo heteroimaginario a través del desarrollo y enunciación de la figura. me resulta imposible no caer en estereotipos ni clichés incómodos. lo haré porque de otro modo no sería capaz de escribir.

los lesbianos, que me he encontrado por razón, calentura y afinidad, aparecen como categoría sin definición, no tiene marcos claros. no tiene tampoco marcos de representación en producciones culturales tipo, cinematográficas, pictóricas, mediáticas. es básicamente como si no existieran (más allá del comentario estúpido de algún machirulo que se autodenomina como tal para decir “me gustan las mujeres”, otro chiste más provocado por su masculinidad normativa…). pero si no existen ¿cómo es posible que me haya cruzado ya con tantos?

la observación de los lesbianos es totalmente arbitraria, no hay índices de población ni estudios geopolíticos para complementarla más que los que he podido recopilar de manera personal, contando además con una muestra muy pequeña que en esta ocasión hará de “universo”. dicho lo cual y para no quedar cortas de ciencia, la astrología revela que el 100% del universo observado presenta la coincidencia de la luna en la casa 12 (aspectada en un 50% por acuario), información para cuyo análisis me falta lamentablemente conocimiento y estudio. dejo el dato. astrología es ciencia.

los lesbianos son biohombres en general flacos, o pequeños, o gorditos (o la combinación de 2 de estos adjetivos). muchas veces llevan ropa extraña, aunque sea sólo una prenda o un accesorio. tienen un punto estrafalario o atorrante, o los dos. trabajan con la motricidad fina en “labores del género”, o en electrónica, o se dedican al trabajo con códigos, computadores, diseño o sonido. tienen desarrollada una condición estética, pueden manipular sus materiales. podría decirse que tienen buen gusto (aunque muchas veces sustentado en el feismo), lo cual combinado con motricidad fina puede llegar a provocar resultados asombrosos.

la mayoría de ellos parece maricón, o hablan lento, o bajito, o agudo, o mal. pero ser identificados como maricones no les importa; la masculinidad convencional de los lesbianos está rota y desencajada del cuerpo, es un residuo que está más bien en su entorno (bajo la forma del despojo) que en su propia carcasa cultural. por lo mismo su sexualidad se vuelve mucho más interesante. son proclives al uso de diversas partes del cuerpo y al sexo no genitalizado. un polvo con un lesbiano puede llegar a durar varias horas e incluso prescindir de la penetración pene-vagina.
uno de los aspectos más interesantes y definitorios de su carácter lesbiano emerge justamente de la interacción sexual, y corresponde a la apertura del ano que presentan en la totalidad de los casos estudiados. el ano, lugar cúlmine de protección de la masculinidad normativa, cueva sellada por el martirio cultural, se ve rentabilizado en pos del placer y el juego de rol por parte de ellos. felices y sodomizados se entregan a la búsqueda prostática sin ningún reparo ni inhibición. penetrarlos se vuelve un placer difícil de evitar.

muchos lesbianos hablan de sí mismos en femenino. esto puede ser, en la mayoría de los casos, herencia de una cultura vinculada al activismo y al “open source”. sin embargo no hay que engañarse: la mayoría de los biohombres que se autoenuncian en femenino en las asambleas tienen un enorme macho interno dispuesto a salir al ataque después de la “a”. por lo que hablar en femenino en el caso de los lesbianos es un hecho al que quizás habría que restarle importancia. es un accesorio que les da gracia y distinción.

los lesbianos follan con lesbianas o con mujeres de una pluma bollera/torta desmesurada, y si no es así, es muy probable que la mujer de su vida les abandone por otra mujer. esto último no debería atentar contra su identidad de macho, es una bala dirigida directamente a su amor propio, escindido de su condición de biohombre, o no. son un tipo de hombre muy poco machirulo que presentan una relación circunstancial con la heterosexualidad, casual (con lo que puede significar casual en un contexto como este, es decir, tampoco tanto), pero no identitaria.
porque querámoslo o no, los lesbianos nunca recibirán condena social, segregación ni maltrato por su condición de lesbianos. después de todo siguen bajo el cobijo, aún enorme, que les da su masculinidad convencional y tullida a través de sus cuerpos de biohombres levemente rarificados. nunca podrán saber cómo se es lesbiana en el espacio social, en el fondo, cómo se es bollo o torta. tampoco hay ningún carácter programático en su devenir. probablemente eso sea lo que hace que no se constituyan como categoría política. su acción no es a partir de la agrupación sino de la diseminación en espacios sociales relativamente homogéneos.
si pudiéramos encontrar una especie de reivindicación del trago amargo que tiene el lesbianismo, la apropiación del insulto tendría que ser “bollero” o “torto” (que casi se parece a “tonto”). pero esto, es algo rotundamente improbable: la parte menos abstracta de la categoría lesbiana, la parte sucia, es algo a lo que jamás podrán acceder. y creo que en el fondo no lo desean.
por ahora polvos, mis jugos y mi adoración. los lesbianos no son una identidad política, sólo me rompen el corazón.