
6 años es tiempo suficiente para encapsular a la humanidad entera en un bote plástico, agitar con actitud shake, colapsar la micropolítica interna, exhalar.
hace 6 años vaig arribar a este poble sin saber lo que era un catalá. ignorante de tanta identitat, práctica y acció modélica… ¡ay catalunya! aquí he aprendit lo que es la denominació de origen, lo important que es respecte al producte importat, no, que ens devuelvan las etiquetes, las banderes i la llengua, esta llengua que no es mia ni lo será mai porque se resiste a que jo la parle así, més mal que bien, a lo brut, a lo maldit…
hace 6 años me convertí en inmigrante, surfeando turista, compré mi primer ordenador. portátil, tenía que ser portátil porque llegado un momento la existencia misma se vuelve encarnación de la portabilidad, como los teléfonos, las cajas de cartón, las prendas de ropa diseñadas para cubrir las inclemencias de otra latitud. ¡ay! 6 años como si nada, 6 años de repente, 6 años en bicicleta, de becaria a desempleada, pasando por todo lo demás. 6 años es una frondosa melena o un almacén de fracciones de tiempo muerto. 6 años se tardó mi madre en sacar su equipaje de la maleta, y yo dos días, y yo dos días, ay… este texto debería sonar como una canción de violeta parra, entre lamento y orgasmo orquestado con guitarrón, ay sí… 6 años probando roles, probando calles drogas escapularios, de la orden sudaca, de la orden precaria, de la orden del día y de la orden de allá.
6 años escuchando sirenas de ambulancia en lugar de pájaros de la ciudad, tomando fruta exclusivamente congelada, descongelada, vuelta a armar. 6 años haciendo lo que se me de la gana, llegando al punto de hacer públicas las menudencias de mi intimidad. repito, lo que se me de la gana, o lo que cultive mi antojo, prefiero pasear que comprar, prefiero pasear y recuperar mi lengua agria para escupir sobre toda la tierra el veneno de mi voz.
el tiempo parece congelado, retrocede, no escatima, cambia mi cara, mi familia cree que me drogo, que no tengo para comer, me hacen exámenes de sangre cuando vuelvo a mi pueblo (que tampoco es donde nací), me revisan la orina, buscan enfermedad. yo sana en 6 años como un monumento novel, y bajo mis medidas variables como las de una instalación voy riéndome del descampado y del calentamiento global, cojo casi más aviones que personas, pierdo la cuenta así como fumo tabaco de liar, no es fácil cuantificar.
lo personal es político, el sudaquismo corre por mis veins, hace 6 años con 4 copias de una tesis doctoral que no era mía y un manojo de compresas vine por diez meses, ¡ay! si supieras el archivador de malas prácticas que traía desconsolado en el bolsillo interno de la maleta, contrabando, ilegalidad de mí misma, dos títulos universitarios y poco más. aprendí a decir ethernet, a decir chorrada, aprendí a no leer nada más que lo que está escrito en los carteles del metro, para desaprender un güevo de sandeces y volver a cultivarme sin tanto éxito, para confundir mi ortografía con la (a)normalización lingüística de la discapacitat.
ya sé que mi pasaporte no sirve de nada, pero no importa, casarse por papeles es la mejor, única y rápida solución que este sistema excrementicio te ofrece ser. legal si se es esposa, de un ejemplar autóctono, de la european union, y allá voy, allá fui. atravesando listas de correo, engranajes, oficinas públicas, aliándome a las malas, dieta ovoláctea, dos ruedas hasta el fin. como de tu basura, me visto con ella, la uso incluso para hacer arte ¿no te jode? soy carroñera, una profesional.
6 años en un abrir y cerrar de ojos, 6 años soy mi escudera, mi caballera y ahora clavo el sable en una piedra, escribo mi nombre, que estuve aquí. 6 años parece poco, aunque todo tiempo sea una desproporción.

yo no la veía desde hace 4 años.

ella se encontró un ipod touch trabajando en un campo de concentración. trabajo sucio, trabajo de limpieza, como típica inmigrante que es. trabaja limpiando la memoria histórica de la culpa alemana. como es sudaca no son los alemanes los que pagan ese trabajo, basta que lo hagan los turistas. lo encontró y pensó que era un teléfono, y como usa linux la interfaz sofisticada del aparato requería una consulta virtual para desglosar una completa comprensión. habló tres horas de torturas y muertes, caminó pisando cámaras de gas, cuarteles y fosas comunes, pidió una cooperación voluntaria y regresó a su casa intentando obviar los chillidos de los turistas españoles en el tren. luego se acordó que lo tenía en la mochila. luego descubrió lo que era, no tardó en comprenderlo porque su mente es sagaz como la visión de un lince o como su propio instinto de supervivencia. si fuera alemana lo hubiese dejado en la recepción, hubiese recordado hacerlo. pero como no lo es, lo considera un gesto de generosidad del país de acogida, “esta es la generosidad del primer mundo” dice, y con su ejemplo nos hace seguir creyendo que por aquí pueden llover ipods, seguros médicos o perfumes marca dior.
a veces todos los lugares me parecen iguales. el turismo es como un capa del photoshop que lo homogeneiza todo, y recubre de un sabor a pseudo-cosmopolita low-cost las imágenes de una ciudad.
a veces cuando veo todo esto me invade el espíritu punk, y mientras están a punto de disparar la foto sobre la bicicleta de alquiler en la plaza del sol les chillo porque me gustaría disparar a mí (con una AK47 robada), y chillo cáete, muérete, explota sobre esta limpia superficie de asfalto para darle un poco de sabor a tu vida.
en la era del destierro el skype sólo puede ser una genialidad. quizás por eso mismo me he enganchado al streaming. estar en otro sitio aunque sea sin el cuerpo. hay tantas formas de dejarse querer, y una de ellas para mí son las reuniones virtuales. reuniones pactadas, fechadas, planificadas con la distancia horaria. un desayuno-merienda simultáneo, una ingesta compartida, fumar al mismo tiempo, compartir links.
a veces siento que esta mediación ha cambiado mi forma de estar en carne. a veces quisiera tener el navegador en otra ventana e ir enseñando cosas, hacer hipervínculos en medio de una conversación.
las reuniones virtuales dejan una porción muy grande de la propia humanidad dedicada a otras cosas. a veces se traduce en desconexión, otras me parece que instauran una manera más irracional de comunicarse, más transparente, donde no se planifica performativamente nada. una comunicación desnuda, sin maquillaje, desconcentrada y por lo mismo llana.
la familiaridad con el medio a veces me parece que es generacional. mi madre me exige que no use el teclado cuando le hablo, en cambio pablo responde sus mails de trabajo y esto no parece disminuir en lo más mínimo la inteligencia de su interlocución. con mi madre a veces dejamos nuestras ventanas abiertas mientras nos ocupamos de lo nuestro. pasamos horas una frente a la otra, mirando de frente, viéndonos de vez en cuando. la webcam se convierte en ella, o en un panóptico familiar al cual no le tengo que esconder casi nada. escucho sus conversaciones telefónicas, y sólo cuando eructo me reprime (viejas prácticas difíciles de superar, las de ella).
chats, cuántas horas he vivido en ellos. prefiero no saber calcularlo, y prefiero no despreciar su carácter. allí, en la solitaria caja de afectos que pasan por un cable, o que se difuminan por los cajones estancos del aire, está mi alegría. voces que me calman en mis paranoias cotidianas diciéndome que todo está bien, que no me inculpe de nada, que me aman aunque sea a través de un visor pixelado, aunque yo misma sea un amasijo de pixeles agarrotados.
ayer pachi y yo fuimos a ver la expo de ocaña. al salir nos sentamos en una sillas de madera de esas duras que pone el ayuntamiento en los eventos públicos. el frío se cuela por el culo, especialmente cuando el ayuntamiento no ha pagado la calefacción municipal que corresponde a la primavera.
estábamos esperando el concierto de don simón y telefunken, y para mi sorpresa, también el de ajo, una micropoetisa que al parecer es bastante conocida y a quien mi ignorancia tenía en el cajón de lo oculto. la ajo decía cosas como: “otra vez no tengo apetito, es una pena que no se puedan fumar ni las lentejas ni los bocadillos”, “no es casualidad que todos los yogures de fresa caduquen el día de mi cumpleaños”, “en la actualidad vendo agendas pequeñas para gente de pocos amigos. y trabajo no me falta… y total, que siempre he sido una máquina de ganar poco dinero”. el acento castizo y la voz melosa quedaban tan bien con sus textos pronunciados lentamente, como escupiendo huesos de cerezas, o promocionando ron, tanto así que borraba la cita al preguntar ¿qué pasaría si corazón no fuese más que el aumentativo de la palabra coraza?.
hoy ha ganado el barça (o algún otro equipo de fútbol, no me entero) y las bocinas alegres e histéricas suenan desde la calle. incluso sobre estas bocinas la voz de ajo leyendo sus micropoemas quedaría bien, algo como gotan project haciendo fusión hispano-catalana.
pero antes de que comenzara toda esta revelación del micro romanticismo más exagerado de ajo, estábamos sentadas esperando, en el patio de la virreina. a mí el resfrío se me aceleró en ese momento, aunque mi enfermedad venía de mucho antes. previa incluso a la revelación ocaña que fue la expo, donde dos impresiones se superponen a todas las demás:
1) ver lo diferente que estaba la ciudad a nivel represivo (algo que ya había dicho el miquel misse con toda su inteligencia una semana antes, en el mismo lugar). esta ciudad que conocí llena de guiris (tuve que aprender esta palabra nada más llegar, aunque para mí sigan siendo todxs gringxs), y con unas normas cívicas (también he aprendido a repetir esto como eufemismo esdrújulo para la palabra aguda que es represión) tan absurdas que realmente logran borrar de alguna forma todos los indicios de lo que alguna vez fue barcelona. hoy esta ciudad es un puto escaparate, y al final resulta bien incómodo ser confundida constantemente con un maniquí. por eso buscamos atajos laterales en la bici, para no chocar con tanto gringo tonto que se pasea mirando las nubes, y por eso a veces imaginamos hacer okupaciones masivas de las ramblas que nunca terminamos de hacer porque siempre hay algo más urgente…
2) ocaña, la beata exquisita, la virgen charnega, la que si no hubiese nacido sevillana hubiese sido chola, porque no hay desperdicio en tener el culo negro y los ojos bien abiertos, chillar por las calles la verdad del goce, sencillamente.
tengo que ver el documental, aun hay muchas cosas que no he ganado…
el asunto es que todas esas fotos y videos y canciones de la ocaña me hicieron envidiar su desparpajo para ser/performarse mujer. más sentido me hizo el devenir perra al darme cuenta que yo he negado una mujeridad total, cuando en ocaña al menos, esta mujeridad excesiva se volvía paródica con tanta facilidad.
claro, es mucho más fácil parodiar la feminidad siendo marica que siendo bio-mujer. pero ¿por qué no intentarlo?.
sentada sobre esas duras sillas del ayuntamiento en el patio de la virreina (el espacio que nos tenían reservadas a nosotras, las maniquíes disidentes, inmigrantes y precarias) veía yo sobre un escenario vacío (que tenía escrito la palabra “love”) toda mi propia resistencia a la exacerbación de la feminidad, empujada por un guión feminista, orquestada por una moral de izquierda, sazonada con un poco de estética okupa, o punk, o indeleblemente ideologizada, a la rancia. allí, ante todxs nosotrxs, mi resistencia a parodiar por exceso, a reventar por sumatoria.
si bien es cierto que el último año he comenzado a usar uñas rojas, sólo lo he hecho en una mano. si a veces me calzo una minifalda bestial, debo contrarrestarla con unas zapatillas de fútbol, o una camiseta intervenida, una corbata, un puro. debo poner un cartel, por mínimo que sea, que diga: oiga, no se entusiasme, que aquí no todo es perfectamente mujer.
tanto nos había ayudado el feminismo que se llevó la confianza que me podría tener para pensar que por más que yo, la mona, me vista de seda, mona quedo. (mona, como una mona de zoológico). porque quién podría pensar que una persona como yo, aunque me pusiera mis mejores galas y más, no llegaría jamás a ser una mujer de papel couché sino apenas una mala copia, una imitación barata y marginal, un recuadro obsceno lleno de cuchillos y martillos en la página de vida social.
poca confianza me he tenido, eso le decía a pachi, o algo así, divagando en penumbras, esperando el concierto gratuito en esta primavera defectuosa que el ayuntamiento nos ofrecía por falta de pago. esperando a la ajo, que ni tan mina pero tan romántica, me dio clases para parodiarme el corazón.

dejo unas fotos de mi acción más ocañera: miss espanya, frente al centro de internamiento de inmigrantes de la rambla de guipúzcoa, el año 2007.
aquí se puede apreciar claramente lo que sucede cuando, poniendo todos mis esfuerzos en ello, intento representar a la mujer más bella de la madre patria.
mientras estaba en galicia este post se iba a llamar “un chiste de gallegos”. una noche en un bar de coruña se me acercó uno y me preguntó que qué hacía una argentina como yo en un lugar como ese. le dije que era chilena, ante lo cual ofreció contarme un chiste de argentinos. el chiste era absolutamente incomprensible por su estupidez. pero una iluminación me hizo imaginar que así como en chile los chistes de gallegos son una institución del humor corriente, allí tendrían a los chilenos (argentinos, mexicanos, sudacas al fin todxs, unidos en un gran continente salvaje, diferenciados entre sí del mismo modo en que se distingue un asturiano de un andaluz, españoles todos unidos…) un lugar similar. en fin, no era así. los chistes de gallegos en chile tienen su origen en la gran migración que recibió argentina, en dos tandas. sin embargo la imagen del gallego, al menos retratado por el humor chileno, es la del español, mezclando estereotipos de todos lados, como una lectura anárquica de un imaginario hegemónico y vengativo. a través del gallego se representa al ser limítrofe, discapacitado en sus facultades mentales. el chileno en el imaginario de chiste gallego no existe.
en cualquier caso esta disgresión se vio claramente opacada por las condiciones del contexto. generatech fue mucho más importante e intenso que cualquier divagación identitaria, al menos en lo que a representaciones de lo (trans)nacional se refiere.
el generatech es un proyecto que en esta versión ha optado por la movilidad, la creación de redes a través del estado español, incluyendo obviamente a las inmigrantes que allí viven. para mí generatech se encarna en el cuerpo de la klau, aunque sean, seamos, muchxs más.
es difícil para mí hablar de la relación entre género y tecnología, a pesar de que veo muchas cosas en el cruce, e incluso me han preguntado varias veces mi opinión al respecto (que obviamente cambia a cada rato, y eso es lo bueno, porque mi desempeño como entrevistada deja bastante que desear…). es difícil porque se mezclan pensamientos abstractos y situaciones muy concretas, dudas, reparos, deseos. yendo más a lo atingente, entre activismo queer y hacktivismo, se me hacen evidentes muchos puntos de roce e intersección. pero construir un discurso, crear un cuerpo con todo lo que veo, percibo, cuestiono o intuyo, aún no puedo. tarea difícil que, si el cambio climático o algún desastre de proporciones incalculables no impide, resolveremos con la mayor dignidad posible panchiba, klau y yo.
el generatech se me aparece por ahora ante los ojos como una instancia de comunión, de contacto directo y convivencia desproporcionada. si el software libre y el género nos ocupa, algo en común podremos sacar, o mucho, o inventar comunes. a propósito del generatech he pensado mucho durante estos días la noción de ingeniería inversa. se trata de la actividad que se ocupa de descubrir cómo funciona un programa (informático o de otro tipo) o característica cuyo código fuente (o norma) no está disponible. la ingeniería inversa tiene por objetivo determinar de qué o cómo está hecho algo y así puede llegar a modificar el código o generar otros nuevos.
así las cosas, nos la pasamos con gente maravillosa en en punto G, la intersección entre galicia y generatech.
el taller moda y pueblo, dirigido por diego ramírez, está en la canicería punk. cerca del metro los héroes. santiago de chile. llegamos invitadas, convidadas de piedra. me faltaba hablar de este lugar tan bonito que conocí en santiago. un taller de poesía. la sesión a la que asistimos se trataba de poesía y política, o algo así. faltaban unas 12 horas para el cambio de mando, mi abuela se había muerto hace un rato. hablamos de cuántos santos se habían quebrado con el terremoto. no muchos. leímos unos fragmentos de nicanor parra, lemebel y alguien más que no recuerdo, quizás m. a. cuevas. los textos los leía el mismo diego ramírez mientras tomábamos cerveza en unos vasos plásticos de color fuccia. yo no sabía cómo sería esto de escribir in situ con tantx extrañx, pero la idea siempre me excita. de hecho, creo que es mejor que tener que llevar algo bien hecho y leerlo ante extrañxs. compartir la intimidad de la escritura es puro romanticismo del promiscuo.
diego puso música. era lluis llach, que entre los libros de fin de verano (richard, eltit, un alto enorme de libros que parecían ruinas desparramadas sobre la mesa) producía un efecto extraño, casi surrealista. tan surrealista como mis circunstancias de ese momento, hace dos horas había cargado el cuerpo muerto de mi abuela encerrado en un ataúd con el único afán de no dejar el féretro en las exclusivas manos de los hombres presentes. los de la funeraria sudaban. mi padre resultaba un poco inútil en su función de ascensorista. yo parecía un fantasma, una aparición para la mitad de mi familia que no sabía que yo podría estar allí. la seriedad es propia de este tipo de momentos. y la carnicería punk, como si en dos horas pudiese cambiar todo. de vitacura a los héroes, de kahlo a kafka, de los andes al mar.
el texto que escribí tampoco resultó una maravilla, pero eso está claro que no importaba. importa que las puertas estaban abiertas, como mis piernas esta noche.
lo dejo como documento:
vine a santiago por 3 meses. santiago tiene demasiadas letras como para decir chile. me encontré con los estertores de la tierra, campos de concentración convertidos en centros electorales. país marciano decimos los desertores. república cavernícola de chile, dice virna, país de mierda dicen los otros, que suenan todos, el rugido de un estadio en ruinas (otro campo de concentración). un estadio vacío y pobre, con 3 mechas de pasto, seco.
di un paseo por un parque lleno de confores usados, le ayudé a mamá a orinar en un espacio público. ella lo hizo por necesidad.
fuí a un campo roto, no tuve tiempo de coser los hoyos de mis poleras, tengo tantas cosas con hoyos, pero en estos tiempos no se nota. no importa no sentir las piernas, la corrosión del hueso.
me alcanzó justo el tiempo para transportar un cuerpo muerto. nunca me resfrié. a mi novia le digo te amo, a pesar del desastre. al resto le digo, qué desastre. esta tierra está envenenada, me obliga a escribir. esta tierra es tan hermosa, porque la sutileza no existe en ella, y son diásporas de cuchillos, de armas blancas, encendedores vacíos, tristeza de corderos. a mí no me da miedo, soy también el cuchillo, la hoja filosa que rasga los últimos pedacitos de completitud. esto nunca estuvo entero. esto nació roto hace 200 años, y ahora sólo servimos para tener nostalgia de eso que no vimos.

he llegado a barcelona con dos maletas. llevo 6 meses viviendo así, con todas mis cosas en un espacio que no puede superar los 23 kilos y otro de 56 x 45 x 25 centímetros que no supere los 10. mi madre vivió 5 años con todos sus trastos en una maleta, el mal del exiliado, no tener casa o querer volver a la misma de siempre. yo en cambio nada más llegar a barcelona me hice de todo un container de argumentos, objetos y herramientas. el mal del inmigrante, cualquier cosa puede ser tu casa.
esta vez he llegado y me he encontrado con la noticia de que eventualmente tendremos que dejar el piso. no es nuestro, jamás se me ocurrió tener algo de propiedad, menos un piso. la campaña de “no tendrás una casa en la puta vida” me parecía divertida, un grito contra la especulación inmobiliaria, pero nunca pude entregarme de corazón a ella, nunca realmente he querido tener una casa…
pero después de 6 meses vagando por allí, durmiendo en cualquier lugar, llevando un cepillo de dientes siempre en el bolsillo por si la noche me pillaba en alguna parte alejada de mi maleta, quería volver y abrir mis cajas, reordenar mi ropa, cambiármela, recortar mis revistas. estar en lo que he convertido en mi casa en los últimos años. ¿una oda a la propiedad? nunca me lo pensé así. siempre he sentido que no tengo nada más que libertad (y una bicicleta, un computador, una cámara vieja).
barcelona tiene muchas ventajas respecto a, por ejemplo, chile. al menos, por no generalizar, una precaria ilustrada vive mucho mejor en barcelona, aunque no tenga nada, que en chile, aunque tenga algo… es simple de decir como de comprobar. pero por ser fiel a mi naturaleza quejumbrosa (y como dice gloria anzaldúa, “como la llorona, el único medio de protesta de la mujer india era el lamento”) hay que decir que el tema de la vivienda es un poco más complicado acá. una vivienda, qué asunto más banal o fundamental. la casa.
en chile cogí el cuarto propio de la woolf y nunca lo abrí. lo tuve en mi velador como si fuera un amuleto, algo que me tenía que cargar en sueños de una energía escritural, polisísmica, global. cómo tener un cuarto propio hoy, dónde estaría, cómo es esa leve posibilidad de algo incierto.
es complicado pensar en la casa, en el espacio propio, siendo una precaria a ultranza. diana dice que el último libro de la itziar habla de eso (ya lo leeré apenas llegue a mis manos). mientras tanto divago sin esas referencias…
entre el bello texto que jorge escribió hace un tiempo (un cuarto compartido), y el fantástico artículo de gloria anzaldúa que leí esta mañana (movimientos de rebeldía y las culturas que traicionan) está mi contingencia. mi concomitante situación de quedar sin casa. y obviamente mi ocio que me permite reflexionarlo, sufrirlo y arrugarlo hasta sacar sangre y sudor y posts. letras tímidas u horripilantes fugándose de mi pasión, como un astronauta.
lo que pasa cuando se es mujer, o inmigrante, o maraca, o gorda. o ninguna de las anteriores y mucho menos espejo. la precariedad cruzando cualquier punto con otro. el internet. el ordenador. mi cuarto propio un aparato electrónico (fiel a la electricidad). mi caracola, mi cuarto portátil, mi cuarto de alquiler. mi pasaporte vacío (without visados). mi corporalidad salvaje (without borders), mis pelos y granos en estado natural. mis calles que habito al reconocerlas, sobre una bicicleta con toda mi humanidad y mi tecnología barata a cuestas.
es como si la escritura pudiese llegar a constituir un espacio, invirtiendo el orden, no dependiendo de la exigencia de un cuarto propio o de dinero, sino construyéndolo con material efímero (a pesar de las casas y del dinero), del que no se caería ni con el peor terremoto. todos esos espacios de los que habla jorge. espacios hechos de complicidad, de apropiación, de códigos informáticos, de códigos de mala conducta. aunque sean los miserables cuartos de los que no importan. esos cuartos-cuerpos que escapan de la “dualidad despótica”.
gloria anzaldúa habla de una estudiante en una universidad gringa que creía que homofobia significaba miedo a volver a casa tras vivir en la residencia universitaria (es lo que pasa en inglés entre homophobia y home). imagino a una estudiante extranjera, una que habla mal.
comprender mal el asunto del hogar, como una manera de maldecir, como una forma caníbal de tergiversar el asunto del espacio propio para llegar a un estado de ubicuidad (ayudada por la informática y el internet) en el que la precariedad se entiende como libertad (bajo sospecha) y los espacios se construyen de otro modo, a partir de asociaciones libres entre personas, códigos, prácticas al margen de la institución o incluso dentro de ella (a pesar de ella). una especie de carga viral, microexpansiva, tenue e incisiva a la vez.
“tuve que abandonar el hogar para poder encontrarme a mí misma, encontrar mi propia naturaleza intrínseca, enterrada bajo la personalidad que me había sido impuesta” dice gloria, y yo la quiero seguir volando, a la chicana muerta, a la chola descarriada, a todas las que andan entendiendo mal lo que leen y escribiendo lo que pueden. imaginar una casa sin muros, un espacio virtual, un cuarto roto.
chile es un constante trabajo de parto. hoy tantxs amigxs están embarazadxs. lxs que no, ya tienen hijxs, y podemos hablar largas horas sobre maternidad y asuntos infantiles. las guatas van creciendo día a día, el trabajo de parto va por dentro.
ganó la derecha. joder, qué asco.
reuniones de hilda yáñez. wiki.
conocí a la cuds. me enamoré de la cuds, de su orgánica desviada, de sus bellísimos y jóvenes ejemplares de humanidad. trabajé con klau, otra vez veneramos a la comunicación libre y libertaria. nos convertimos ambas en dos devotas prótesis de la coordinadora. hicimos un streaming con récord absoluto de audiencia. un taller.
después de más de 15 años salí con mi madre y mi hermano a pasear. vimos, además de bellos paisajes, nuestras almas juntas otra vez trazando líneas invisibles sobre el mapa nacional. somos lo que somos, no hay nada que hacer… nos quedamos en pana, hicimos humear al volcán llaima.
vi a mi padre, le hablé como si no hubiese pasado nada. funcionó. no alcancé a decirle todo lo que quería. sucedieron demasiadas cosas y siempre hubo mucha gente en medio. terremoto, tsunami: murió mi abuela.
vi a mis hermanos, admiré sus sentido común, mi hermana su juicio y su vida paralela a la mía. mi hermana su cama sus libros infantiles y su desmedida curiosidad. mi hermano el esquizomorfo.
mi padre, otra vez, su borrachera por quedar huérfano, su mujer inútil.
estuve con mis hermanas de siempre, en sus cuerpos y su amor. deseando que daniela fuera mi madre, las otras, valparaíso sigue allí, viva la permanencia, soy tan conservadora a veces…
cambié euros. comencé a tomar hipéricum. vino un terremoto, vino un tsunami. saquearon supermercados y a mí me dieron ganas de saquear algo. mientras se caían algunos edificios recién terminados de construir, mientras la caridad se hacía carne, como si fuese un horrible sino religioso el que cayeran los lugares más pobres, casas y edificios, la televisión habló de la gente que se llevó cosas del supermercado. manejé un auto otra vez después de un año. conseguí una bicicleta. fui a hacer voluntariado, sentí pudor, odié el asistencialismo.
(texto de esos días)
(el pudor de no ver la catástrofe que esperábamos, aquella que en la televisión aparecía adornada por el HD como un campamento de nada, de escombros, como la balsa de la medusa sobre tierra firme, o semi firme habría que decir. el pudor de ver las casas hechas polvo y traer una bolsita con: dos rollos de papel higiénico, un litro de aceite, dos kilos de arroz, un jabón de manos, una botella de cloro, dos paquetes de tallarines de 400 gramos, dos bolsas de salsa de tomates, una lata de atún, un cepillo de dientes, un paquete de toallas higiénicas, una pasta de dientes, dos litros de leche, un kilo de legumbres. todo eso en una bolsita plástica de supermercado líder. pudor de vernos tan seguros y tan enteros ante la destrucción rural. pudor por no pensar con la lógica rural, no pensar que los terrenos son grandes y viven lejos, y que de la tierra nace uva, papa, maíz, tuna, que de las gallinas salen huevos y que tener hambre no es igual a no tener qué comer. pudor de ser joven y tener las manos vacías, de tener gasolina en el estanque y no litros infinitos de agua, de no poder levantar una casa por arte de magia, de no llevar velas ni cemento ni nylon, sólo buenas intenciones y ropa usada. pudor de ser gente, pudor de ser clase y hedor de humanidad).

dejé caer dos veces por la rendija de un ascensor la enorme cadena de fierro soldado con su candado que venían con la bicicleta. fumé muy poca marihuana porque estamos completamente fuera de temporada.
me culié a un blanco. me culié a un negro. me culié otro blanco.
me encontré con josefa, con nicolás, con iván, con jorge, fuimos al moda y pueblo (que merece otro post) y de una u otra manera escribimos cosas.
vi a algunxs compañerxs de colegio, y como un acto recursivo fuimos juntxs al museo de la memoria. fui muchas veces a galería metropolitana, aprendí el camino para ir en auto y en transantiago. desde el auto se puede ver el ministerio de justicia que es un gran edificio de espejos, junto a la nueva cárcel de santiago 1. frente a él, unas casas hechas con carteles de campañas políticas (cecilia morel vuelta tuerta por la fuerza de una ventana, la mano abierta de piñera recogiendo cual ganancia los rayos de sol…), y los restos de todas las casas que se cayeron en el terremoto reposan como un río seco de basura desmintiendo cualquier ápice de justicia. paseo recomendable, y así aprovecha de ver culturalbot (hasta el 9 de abril en galmet)
casas, hay tantas casas, una cada persona, o cada dos. en 81 días dormí en más de 20 camas. usé 3 cepillos de dientes, un bote de desodorante, uno de champú. comí humitas, paila marina, porotos granados, ceviche, machas, palta y pan con mantequilla. unos 30 yogures, nada especial (según un estudio, falso, del que se habló en un momento, los yogures del super no contenían absoltamente ninguna cepa de yogur).
recuerdo haber leído frases escritas en muros que decían: “el principal campo de batalla es la mente del enemigo”, “señores imperialistas: no les tenemos absolutamente ningún miedo”, “la anarquía es tan natural como el hecho mismo de existir”. y muchísimos carteles de claro, movistar, entel…
culturalbot, hilda yáñez, galmet, culturabot, incas of emergency, o-inc. pedro aguirre cerda, terremoto, apagón (en todo chile), homecenter sodimac, plaza brasil, josé ancán, anita, zapallo, adolfo. skype, skype, culturalbot. antonia, masking tape, malena, mica. cocina solar, streaming, cuds, polípticos, wiki, culturalbot, hipetexto. club hípico, departamental, pastor evangéilico, el pan (escribir idea en uno, nómada, en el otro). hilda skype yáñez skype. idea nómada.
para mi cumpleaños, y no recular, hicimos un pequeño meeting de intercambio de archivos digitales. después la despedida general e ir a lonquén al entierro, después de 37 años, de 15 personas desaparecidas el 73.
ya, podría seguir haciendo recuentos. pero ahora ya estoy acá.
la revista de mi vecino de asiento grita “act like a baby”. probablemente chile sea el lugar donde más pueda actuar como un bebé. tantas relaciones antiguas me lo permiten, o me lo permito a mí misma con inusitado descaro. han sido 3 meses, como todos, inolvidables. han sido alegres y tristes, tristísimos y llenos de goce y dolor. siempre me he comportado así en chile, como un animal humano.
como muchas cosas de las que me han sucedido en estos últimos 6 meses, ha sido mi primera vez. en chile estos tres meses fueron engullidos por la contingencia. de bienvenida ganó democráticamente la derecha, cosa que no había vivido nunca, cosa que sucede en realidad por segunda vez en la historia de este/ese país. pensar el por qué del asunto no resulta nada esperanzador. la gente votó por un millonario hombre lleno de tics nerviosos, dueño de líneas aéreas, canales de televisión, islas y pedazos de lagos. da asco el hombre, y da vergüenza asquearse con quienes lo votaron. también da asco lo que había antes, una coalición utilitaria que siguió con el plan maestro de llevar al máximo posible el capitalismo de laboratorio que vive en chile. y al respecto aun está la incertidumbre.
pero la asunción del innombrable fue orquestada por la catástrofe natural (no todo puede ser catástrofe política…). hace un mes sucedió el 5º temblor más grande de la historia mundial. es raro cuando se mueve la tierra, más si se está acostumbrada a que tiemble cualquier cosa menos lo que te contiene. en general tiemblan situaciones que acontecen sobre el mundo, no el mundo. con el terremoto no sólo se cayeron casas. murió gente, llegó un tsunami.
en cualquier caso mi estadía estuvo marcada por un agotamiento del corazón. un sufrimiento que juré irrepetible. por ahora es lo único que puedo decir, mientras hago un conteo de cosas un poco más objetivo.

parecemos ratas enjauladas en el terreno de nadie. estamos en casa. estamos en la casa que hemos construído, a punta de arriendos, muebles regalados, comprados, años de familiaridad. aquí están nuestras fotos, máquinas, electrodomésticos, nuestros computadores, nuestra comida. somos hermanos, parientes, amigos. tenemos incluso una piscina plástica bastante grande y llena de agua en el jardín. tenemos un jardín con un poco de escombros, pero nada grave, nada grave como el encierro entre 12 y 6. no podemos salir, no podemos beber más que el alcohol que acumulamos antes del encierro, este encierro absurdo, dictatorial. no vivíamos esto desde la dictadura que no vivimos, no sabíamos siquiera cuán enfermo era esto.
tengo mi cuerpo otra vez limpio, me he sacado 100 gramos de polvo seco mezclado con bloqueador solar factor 50. no puedo ni pensar ni escribir sobre el terremoto sin pensar o escribir sobre mi cuerpo o mi sentir. mi escritura entonces es poco racional, lo sé, lo siento…
las réplicas que siguen sucediendo, una tras otra, en un extremo y otro de chile, son como los estertores de una rotura que no quiere sanarse. cuando me quebré el brazo hice mucho esfuerzo y se selló. ahora parece difícil. cada temblor inaugura una nueva grieta en una especie de cuerpo social ya destrozado, sin plaquetas, con los órganos al aire, sin medicina posible, sin hospital ni homeopatía.
me resulta imposible concluir grandes temas. lo más grande o lo inclusivo es lo que se mueve: la tierra. ruge y no nos deja dormir, nos hace bajar a los patios traseros, a cubrirnos con mantas donadas por gente menos damnificada, nos hace vivir en una caridad que lo único que hace es despejar la visión para quedarnos mirando de frente la cara vil que dice que no todxs somos iguales y que hay casas blandas, tristes, destruidas, convertidas en escombro y tierra.
mi lugar es desgraciado. la televisión es espantosa. el asistencialismo es indigno. la política mentirosa, la milicia estúpida y el dinero lo más horrible que se ha inventado.
no hay imágenes que rescatar con mis precarios medios de registro. no soy quién para sacar fotos, no vine a eso.
la tierra sigue moviéndose.
hola!
hoy desperté con un hilo de sangre seca saliendo por mi boca. la imagen frente al espejo de mí misma como lo que podría ser una drogadicta (pero desfasada, mal ubicada, mal puesta) me dio risa. chupé la sangre hasta que desapareció. me comí la costra. desayuno metálico y protéico.
eso después de estar anoche con mi j. y su amigo francés hablando inglés varias horas. fue como ir a un gimnasio del habla. j. sigue igual de perversamente elegante y bella, inteligente y culta como una dama. su amigo, un programador informático, se enternecía burlonamente de mis radicalidades fashion. era muy amable y tenía la prepotencia eurocentrista ubicada de manera inofensiva. también yo ejerzo la misma prepotencia al meterlos a todxs en el mismo saco, una prepotencia sudaca, a veces amable, incluso respetuosa. antes, una junta con k., un poco de maría y el trayecto en bicicleta por lo que me pareció era medio santiago, aunque no lo era, me dejaron de mejor humor, y quizás exhausta.
no he bajado los 3 kilos que pensaba me abandonarían en chile. es cierto que como mucha fruta, pero también mucho pan. no es algo realmente importante, probablemente otra de las cosas absolutamente menores que tomo por tormeto para sentirme desdichada. mal que mal estoy hablando sangre por la noche.
hay gente que piensa que el blog tiene puras mentiras y otrxs creen que hay verdad. realmente es otra cosa para nada importante. verdad o mentira son sólo adjetivos, de la intimidad en este caso, y su exhibición. sólo me preguntaba ayer, mientras andaba en bicicleta, si en el intento por dejar constancia de ella, ejercitándola como cuestión disciplinaria, intimidad se banaliza. o no. no concluí ninguna cosa, sólo la imposibilidad de estar totalmente abierta, de dar con la intimidad de manera certera.
hoy al menos me he despertado con ganas de enviarte un correo. por seguir con el dramatismo, me siento en este cuarto absolutamente desordenado, como una inmigrante ilegal (del jet set) tecleando sobre un mac el sufrimiento que corre por las venas del planeta. jjjj.
me voy a lo doméstico.
mil besos
l.
voy en este autobús interprovincial arrastrando a mi madre que ama orinar en los basurales improvisados de la provincia.
chile huele a paja y está rociado de papel higiénico usado. chile está seco, lubricado con vino artesanal. chile está hermoso con su ruralidad despótica, pastizales y alcantarillas a medio hacer. chile está pletórico reescribiendo los surcos mediáticos de su primer bicentenario, celebrado por un coro facho de empresarios y huasos.
chile en realidad no es independiente, pero no importa, porque siguen habiendo tantas muchachas hermosas, a la moda china, zapato reina, piel de marshmallow moreno, ricas y sabrosas piernas y corazón tricolor. cuánto concurso de belleza o festival de verano. cuánto mp3 hambriento del rey del trópico, del rap, del son. chile está llorando alambres de púa violados por vacas desnutridas, chile me está llorando a mí mientras lavo a mano mis calzones sucios, mi desgracia, mi familia 2.0. y yo (dramáticamente) le pongo parches de curita al mapa, me desgrano como un choclo seco, me retuerzo en la tristeza máxima de un colchón mojado. quizás yo le doy a chile arcadas con mi sentimiento de ballena estéril, y entonces decido sacarme el taparrabos, sacarme la cresta (punk), y llorar otro poco aprovechando que hay lluvia y que nada se nota, llorar otro poco para hacer la tierra más infértil, o darle más material a los artesanos, a los bomberos, a los encapuchados.
media hora más el autobús llegó a su destino. varias personas esperan el móvil con paciencia. y cuando el quiltro se levantó ya tenía el alma encadenada al palo.

la explanada que precede al museo es una parrilla de tostar. hay 40 grados y el sol rebota con perfección exacta al medio día. un espacio vacío donde podrían caber miles de personas o toda la memoria de funes, o 20.000 turistas. todo rodeado con las mismas rejas de los conciertos, las manifestaciones, la venida del papa. todas esas rejas sin resguardo policial, ¿para qué están?
me doy vueltas esperando a mis compañerxs de visita. son lxs mismxs con quienes compartí la mayoría de mis días entre los 13 y 19 años. pienso que este lugar podría estar en berlín, en estrasburgo, en cualquier parte (a pesar de estar cubierto de cobre oxidado, el sueldo de chile). pienso en que probablemente estos monumentos a la memoria son siempre tan vacíos porque pretenden ser llenados por lo que se nos pase por la cabeza en los momentos de recogimiento que la brutalidad que contienen nos hace padecer.
las que trabajan en la recepción me dicen orgullosas que la entrada es gratuita, algo en ellas me mira con cara de obviedad, y no puedo evitar sentirme un poco gringa.
llega mi compañía por goteo, en la espera aprovechamos de ver la instalación de alfredo jaar. se trata de una habitación pequeña en la que te encierran, dejándote a oscuras total. la chica de la entrada nos explica el nombre, la duración y nos dice que no toquemos nada, que hay un botón que podemos presionar para salir si no aguantamos. veo sentada en el suelo a su lado, como escondida, a una mujer vestida de blanco con turbante. la empleada del museo nos encierra. pasamos un minuto a oscuras. bromeo con que alguien me ha metido mano. al iniciar el segundo minuto se encienden unas 1.000 siluetas que se multiplican hasta el infinito en unos espejos laterales. mis compañerxs desenvainan sus cámaras e imagino que son metralletas. luego pasa otro minuto más en silencio total, y se abre la puerta de metal robusto.
volvemos al museo. en realidad la obra de jaar no es más que un apéndice, y un gesto de contemporaneidad. es demasiado estético y debería estar en un museo de arte. por eso creo que lo han ubicado en el ladito de afuera, y no cumple sino como redención o prueba de que igual hay espacios aquí para el hoy.
me sorprende que las pantallas del inicio sean lcd. son una hilera de 30 ó 40, y cada una tiene una imagen estática. qué moderno, qué inútil.
en la escalera hacia el primer piso una gigantografía de victor jara sosteniendo un lienzo me obliga a caer en la tentación de hacerme la clásica foto. le toco el hombro; le ayudo a afirmar el palo del cartel; intento besarlo pero su cara está muy alto, como a un metro de la mía; pienso en tocarle los huevos y me corto.
en la primera planta hay un coro de videos. los audios se superponen y se vuelve un murmullo ininteligible que sólo emerge como palabra huacha por momentos, “está muerto”, “chile”, ruido de helicópteros. no hay ningún cartel, al menos no los encuentro, que diga quién hizo estas imágenes, de dónde salieron. hay cuatro cubos de metacrilato con pantallas en la cara superior, dos de las cuales muestran una imagen pegada. se caen los aviones y los gobiernos socialistas, cómo no se podría caer el precario sistema informático que vive dentro del cubo blanco.
uno de los videos muestra a gente pasando por las laterales de la moneda el 11 de septiembre. niños que se cuelgan de las ventanas como si fueran juegos de una plaza. mujeres con bolsas plásticas llenas de ropa o pan. oficinistas que miran hacia adentro de la moneda sitiada con la misma actitud de quien mira un choque en medio de la alameda. nos detenemos con consuelo ante este video. nos detenemos allí porque es un material que no habíamos visto. me doy cuenta que he visto tantos videos del 11 de septiembre que no reconozco las fuentes, estos fragmentos podrían haber sido imágenes con las que soñé a los 5 años, relatos explicativos reforzados con una foto fija, fantasías del golpe, documentales. en el museo, trailers anónimos del suceso.
toda la amplitud de la explanada inicial se contrae en el interior del museo. los espacios temáticos son estrechos y cortos. una serie de dibujos infantiles, cartas y videos me hace recordar de manera inmediata la vieja cinta de audio que recuperé en münster hace 5 años. en ella mis padres hablaban, en 1984, de su exilio, de sus expectativas del chile que se venía, de cómo veían el mundo, y de un largo etcétera. en esa cinta también cantaba mi hermano y yo (yo misma en un alemán puro y ario que me dejó medio tuerta la primera vez que lo oí) y aparecía, por error o economía material, un relato que no correspondía a mi familia. en él una niña de unos 8 años narraba cómo había escapado su padre de chile cruzando la cordillera perseguido por unos cerdos que eran militares. en su relato hay armas, muerte y peligro. hay miedo, terror. ella habla como contando un secreto. probablemente también yo tenía ese tipo de relatos en mi cabeza, una especie de película real, muy cruda, sin fundidos, sólo cortes directos que llevaban toda la imagen a un negro radical.
un video de teleanálisis donde unas pobladoras organizan una navidad para lxs niñxs. los grifos abiertos en pleno verano, como la contraparte gustosa del guanaco. las mujeres organizan comidas y adornan las calles de una población cuyo nombre no recuerdo con cajas de fósforos forradas con papel de regalo. me emociona tanto la organización tanto, que me la aguanto. la carta de una niña a lucía hiriart pidiéndole que le diga a la dina que le devuelvan a su abuelo. la niña le ruega a la vieja llamándola vondadosa, caritatiba. escribe tantos halagos y con tantas faltas de ortografía que en un minuto me parece una estrategia para no decir lo que está diciendo. una estrategia para mal-decir.
en la sala de tortura está la parrilla, donde húmedo el cuerpo recibía descargas eléctricas de al menos 30 segundos. como si se tratara de un cuadro para este habitáculo siniestro, un video multipantalla intercala los relatos de distintos personajes que narran, como quien dice almorcé pollo con patatas, cómo de sus pezones, vagina y partes varias salía sangre a chorros convirtiéndola en una fuente sanguinolenta. pienso en el texto de jocelyn-holt del clinic. estoy en la montaña rusa emocional del museo. hago un par de fotos al manual de tortura. la “hit parade del sufrimiento”. y de ahí en adelante, aunque con cierta incomodidad, (con ganas de correr repentinamente y atravesar los enormes ventanales que me separan de la quinta normal, volar sobre la explanada para estrellarme sobre su lisa llanura y dejar mis vísceras y mi espanto en ella incrustada) me someto a un ejercicio, probablemente absurdo, por determinar de qué modo puedo canalizar esta emoción. es la pena, la rabia, cuál es y por dónde debe ir, cómo utilizarla para que siga actuando afuera de este museo. todo lo que veo intensifica la sensación, el gorro de arpillera cosido a mano con hilo rojo, los zapatos, los aritos de lata tallados con un tenedor, todo pareciera venir filtrado por una capa de sensibilidad total y lo que me molesta e incomoda es no saber qué hacer con ella.
el museo me resulta una especie de puzzle incompleto en el que un % de las piezas las traigo adentro. varias piezas están mal puestas en el museo y hay partes que nunca llegarán a estar.
arriba en uno de los últimos pasillos está el video del 12 de marzo de 1990, cuando el sacoehueas de aylwin celebra haber asumido el mando en el estadio nacional. yo que en ese momento tenía 9 años, recuerdo ese día porque fue el momento en el que cursimente me autodecreté chilena, después de 4 años sintiéndome fuera de cuadro. era una fiesta emotiva y creíble. quizás demasiado creíble y perfecta.

al salir del recinto elegí entre el cuaderno de emociones y pensamientos y el de comentarios y sugerencias, el segundo. escribí una hoja más bien técnica referida al montaje, a la falta de referencias de ciertos materiales, al espacio.
me sigue pareciendo arbitrario el corte 73-90, como si el 90 se hubiera acabado el capítulo de lo que hay que recordar.
al mismo tiempo tuve tantas ganas de tener mis propios libros de sugerencias, de pensamientos y comentarios (aún no sé bien cómo gestionar toda esta hipersensibilidad) y de hablar y discutir muchas horas seguidas como drogadxs de espanto, pensamiento y acción.

celebrando otra vez la derrota, histórica
cuando las dos alternativas son lo mismo
hoy está ganando en chile una especie de berlusconi la elección en segunda vuelta. me he pasado el día dormitando con el zumbido catódico como guardián de mis ronquidos. anoche bebí mucho vodka, bailé ritmos variados, comí patatas fritas con un montón de gente que se alcoholizaba para dar su voto, como si fuera un ultimátum de algo. hoy he escuchado dos nombres repetidos hasta el cansancio, como si se tratase de dos nombres iguales cuyas letras se ordenan con ínfima variación, sin alterar esa sonoridad asquerosa, la maldición estúpida de la idiotez.
así es la democracia. los tratados en chile se lubrican con whisky desde hace años y no hay profilaxia, hay un amasijo putrefacto. las palabras hace años no significan nada, se ha trabajado en la deconstrucción de la lengua. me parece que chile debe ser el único país donde la democracia cristiana se llama izquierda, donde el progresismo se define como progreso económico (neoliberal), donde el pueblo se llama gente, donde universidad pública significa universidad tradicional. etcétera.
que se mueran todxs. que terminen de vomitar sus entrañas putrefactas. toda la desgracia al final es el resultado de su propia arquitectura. todo es cómputo, todxs somos cómputo, y en ese contexto al menos me satisface estar fuera de todos estos conteos nefastos.
¿qué pasa en chile? que es un país de mierda al que le hicieron una cirugía plástica desde el 73 hasta ahora, donde los puntos de las suturas fueron puestos por los burócratas de la concertación con agujas de dólares. esto no es un análisis político, es un escupo embriagado.
me da rabia, sí, pero también es una rabia que cargo desde hace mucho tiempo. no me sorprende. no me asusta. la concertación es la que ha gobernado con nuestro miedo, y yo me siento insurrecta, disidente, odiosa. a mí me posee más la rabia que el miedo. no les temo, más les odio.
ahora chile será gobernado por, al menos, 4 años por este berlusconi criollo, dueño de líneas aéreas, canales de televisión, empresas varias. pero chile ha estado gobernado por casi 40 años por el mercado. aquí no hay un cambio de nada, hay un continuismo extraño, sí, pero la línea es la misma traza quebrada el 73. como ha dicho un periodista en la tele, “así se cumple el ritual de la democracia”.
mantengo ahora esa misma nostalgia de cosas que no viví. la unidad popular sigue siendo mi fantasma amable, mi drama histórico, mi espacio onírico.
ahora chile sigue teniendo todo lo malo y un poco más. ahora sí que esto es lo peor, al menos hay concenso, aunque qué es el consenso. ahora me espero más amigxs cerca de mí. ahora sí recolonicemos europa, hagamos cagar su seguridad social, usemos todo lo que les y nos han robado. ahora espero tener más aliadas, para que juntas combatamos la injusticia social matando a los pocos ricos que hay.
estoy rabiosa, pero no estoy extraña porque yo nací con rabia. además de apátrida.

arden mis pies, se derriten, sobre este asfalto gris que es mío, que reconozco porque me abrasa y me engracia tostada caldera, ardiente como cosa ajena en este mar de fuegos capitales. aunque lo sé, él ya no me sabe.
mi literatura es tan suya y por eso me excito viendo jugar a un par de adolescentes con un plástico de burbujas en la pisadera del autobús. él la toma por la espalda, la cubre como si se tratara de un bistec recién fileteado, le mira las caderas como si fuesen diamantes, o sus ojos un cuchillo tajeando dulce pura piel turgente.
mi letra es fea, mi letra es un adefesio, una deformidad. mi letra que también es de este suelo abrasivo y en cierto punto se contenta porque no le cobra el abandono, y puede volver siendo pobre, fea y analfabeta (nada que no se resuelva con una buena dicción criolla, con un “ya” disfrazado, estirando bien los labios, como quien se burla de la negativa, esa lengua tensa), volver y aprender de nuevo a balbucear las letras infectadas, el calor quemando desde la planta de los pies, y reconocer cómo se retuerce en la caldera.

seguramente esto sale en algún libro que no he leído. por ejemplo el de marc augé, que aunque es corto y popular no ha llegado a mis manos. creo que la próxima vez lo traeré conmigo como forma de hacer un ejercicio recursivo de la experiencia.
la nueva terminal de barcelona es igual a alguna de madrid. al estar un par de horas allí por momentos pensé estar más avanzada en mi trayecto. los aeropuertos son lugares que sólo me gustan porque a través de ellos me desplazo, son como hoyos negros, como canales de teletransportación, aunque no… un viaje de 20 horas es uno de teletransportación fallada. no hay inmediatez, sino todo lo contrario. 20 horas de suspensión en estos lugares que no son ninguna parte porque podrían ser cualquiera. estar en tránsito es estar esperando llegar, es estar aun dejando un lugar sin llegar al otro, y mi alma no sabe si pensar ansiosamente en el destino geográfico/emotivo o en el origen geográfico/afectivo. mi corazón está perdido entre fronteras invisibles. afuera del avión está oscuro, pero ¿dónde es noche? ¿dónde son las 4, las 8, la medianoche? ¿cuándo es la hora de comer, de dormir, de cagar? un cuerpo en suspensión, junto a 240, 320, 580 cuerpos más en suspensión moviéndonos en la fauces de esta gaviota enorme de metal y petróleo. qué romántico parece aunque podría estar hablando de la segunda guerra mundial. pero aquí cada persona trae su mochilita llena de celulares, computadores, ramitas de semana santa, recuerdos del duty free, conocimientos nuevos.
intento recordar el aeropuerto más particular que haya pisado. no se me viene nada a la cabeza, ninguno más que arturo merino benítez en septiembre de 1985, porque ahora ya es como el de madrid, o el de barcelona, o el de parís.
estos aeropuertos cada vez se parecen más a un gran centro comercial. los desplazamientos internos entre una terminal y otra tardan fracciones de hora cada vez mayores, pero las distancias están llenas de tiendas o espacios vacíos, incluso eriazos (seguramente de alguien que no quiso vender su terreno, o algunx que intentó venderlo muy caro). para atravezar estas distancias existen servicios de transporte especialmente destinados. autobuses, trenes, escaleras mecánicas, ascensores. cuántos sitios de consumo, cuánto dinero habrá aquí cada día, cuánto fluye, cuánto vale toda esta gente que pasea con sus maletitas, sus ordenadores y sus hijxs. cuánto combustible utiliza este shuttle y cuántos perfumes venden cada día estas mujeres jóvenes y marchitas de venir cada día en transporte público hasta la periferia de sus ciudades, o quizás no son siquiera suyas y ellas son los satélites provinciales de un estado mayor.
cuánta distancia, combustible, perfumes y líneas telefónicas se gastan, se producen para crear este flujo de capitales y personas.
intento imaginar un aeropuerto cuya infraestructura fuese austera, algo precario (de seguro sería algo más elegante) y no esta grosería de neón llena de chocolates, souvenires, litros de alcohol, kilos de tabaco. intento imaginar un aeropuerto orgánico donde no existan pasaportes ni nacionalidades, donde yo no sea un bulto cargado de amor y de odio cuyo peso es transportado y operado por una trasnacional que le desea un buen viaje a una contando las monedas que lleva en el bolsillo, o el color del pasaporte, o el color de la carne joven o vieja.

¿cuál es la verdad de lo íntimo?
¿no es acaso toda esta intimidad también pura performance?
¿qué estoy confesando sino mi exhibición selectiva de lo que presuntamente tengo dentro y que en este instante en que aquí aparece se convierte en lo que llevo fuera, un maquillaje, una herida fresca, incluso un corsé?
¿hace falta decirlo?

pegar etiquetas.
además de que tengo la espalda en el peor momento de su vida (mi compañera incluso se pregunta si acaso alguna vez he trabajado), la relación con las etiquetas se vuelve cada vez más cercana. este post corto, sólo para describir algunas de las cosas que he descubierto de ellas, y su relación contingente conmigo. pegar etiquetas sobre un paño es como estar haciendo el trabajo inverso de las personas que en algún momento las cosieron a la ropa, todo esto pasando por la persona que usó la prenda, o por la que me permitió cortarla.
partiendo de la homologación que he pensado como correcta (las etiquetas son pasaportes…), las características que describo, en el mejor de los casos, podrían ser hipótesis de una especie de teoría blanda sobre lo que pasa con los pasaportes de los migrantes.
quizás deba explicar que me estoy dedicando durante varias horas al día a pegar etiquetas de ropa a una tela mediante la ayuda de una plancha. esta acción, que yo NO debería estar haciendo, es otro de los dilemas a los que me somete la precariedad. si tuviera dinero pagaría a alguien por pegarlas. pagaría a un inmigrante para que lo hiciera. y esto sería una empresa. ergo, la bandera va a estar en la galería por 6 semanas.
hago esto por el arte. y a ratos pienso que lo hago instintivamente por vivir lo que han hecho las otras mujeres al ensamblar lo que en cierta forma estoy des-ensamblando yo, desconstruyendo la prenda para hacer algo tan inútil como esta bandera del país de lo importado.
anyway el tutorial va, teñido con abundantes cantidades de cerveza alemana…
1) las etiquetas desprenden el olor de su antigux dueñx. algunas huelen dulce como fruta, y quemarlas es como darle con un cigarro a una manzana. otras huelen a hongos y termitas. de algunas sale un rancio que se queda en esperpento, da un poco de asco y luego compasión. las etiquetas son como pasaportes, me digo, en mi función estúpida de hacer arte, artesanía, manualidad sacrificada, trabajo. y me reconforto. por estar poniéndolas unas al lado de otras, pegadas adheridas, sin importar color, tamaño, material, ni lugar de procedencia.
2) las etiquetas se encogen con el calor. si su posición se calcula con exactitud, puede variar ostensiblemente. es bueno dejar un margen. por ejemplo, si la etiqueta mide 5 centímetros, después de la descarga de calor medirá 4,7. probablemente. es que los carcteres cambian en el lugar de destino.
3) las etiquetas hay que quemarlas directamente. al principio tuve cuidado, y protegí a las más débiles con un trapo pequeño para no someterlas directamente al calor de la plancha. ahora hago lo que debo: las quemo sin más. sin embargo necesitan ayuda. tras quemarlas es necesario ayudarlas con la mano a que terminen de adherirse a la superficie. esto a veces quema. aunque es como hacerles cariñito en su made in turkey, india, china, bangladesh.
4) algunas etiquetas son más gruesas. se ve que el inversor ha sopesado decidiendo poner más hilos multicolores. en estos casos termina siendo más simple quitar del reverso algunas capas de hilo en pos de aumentar las facultades de adherencia. siempre es mejor igualar antes de tener que dedicarle más tiempo a unxs que a otrxs.
5) las pongo aleatoriamente. a veces toma más tiempo estar con una pequeña e insignificante que con una gigantesca e imponente. es bien relativo el asunto.
me voy a la cama con el mareo. debo post sobre el trabajo. under contruction.

soy una golfa. he sido tan feliz este último período. mi holgazanería productiva se extiende por los caminos que recorren mis dedos, mis pensamientos, mis pies. colonizo espacios con mi mirada, cuerpos con mis manos y mi deseo. sueño y todo pareciera formar parte de la misma casa.
me siento tan a gusto que no tengo vergüenza.
este estado de ensoñación en el que se ha convertido a borbotones
mi propia realidad es lo que he optado por llamar paradisiaquismo. es una palabra que me resulta un poco cursi en principio. no existe en internet y menos aún en el diccionario. lo más parecido es la versión francesa de paradisiaco, pero esta que he inventado, al llevar el sufijo ismo, convierte el estado paradisiaco en una práctica o doctrina, un sistema, nodo o partido. también me recuerda a la palabra quiasma, que aunque sea griega y se refiera en primera instancia a la biología, habla de un cruzamiento, como son los hechos que se intersectan al momento de invadirme este estado y esta práctica de lo encantador.
qué alegría berlín. qué suerte estar acá y poder tocar el frío y el calor con la misma mano. con la misma mano que pego etiquetas como una mujer de indonesia explotada por la nike. el proyecto implicaba mucha artesanía, y como siempre no lo sopesé muy bien. ahora las cartas están echadas y debo seguir hasta el final.
no puedo negar que vengo a hacer turismo a esta pieza. vengo de turista a autoexplotarme a mí misma con horario libre, y condiciones laborales excelentes. soy mi propia jefa y no tengo nada que ver con las mujeres jóvenes que describe naomi klein en su no-logo. pero las pienso, las recuerdo como si fuese una especie de meditación solidaria e inconsciente.
este proyecto termina hablando de muchas cosas. en un principio pretendí darle una coherencia a todas. ya he desistido. mi condición es completamente particular, mi biografía me hace tener una experiencia de la migración híbrida: nací como refugiada, y hoy formo parte de lxs migrantes culturales. hoy me siento en el mejor lugar del mundo en el que podría estar y siento que es mi derecho, como el de todxs, elegir dónde se quiere estar. sin embargo, y aunque yo no le de mucha importancia, mi pasaporte no es de los mejores para los desplazamientos. cuando fantaseo con dónde quiero vivir no pienso exactamente en visados, papeles ni certificados. ignoro la burocracia, la desprecio. mientras trabajo como china (por propia voluntad) escucho a los niñxs alemanes jugando en mi jardín y no puedo dejar de sentir rabia.
lxs compañerxs de la casa invisible, como siempre se lo curran con mucho amor. por eso cuelgo este excelente video, que ayuda a completar un poco la particular versión de la felicidad que estoy viviendo. no es posible amar absolutamente, siempre el odio será parte, aunque ínfima, de la constelación que nos hace amar más fuerte.

desde los 8 años quise estudiar literatura. en mi carta astral me dijeron que iba a escribir siempre, que “la soledad de la escritura no la encontraría en ninguna otra parte”, que publicaría (y cómo no, si con internet está tirao´), escribir, como un esperpento de la identidad. escribir los mocos que se te caen, el semen que te salpica, las espinillas que te revientas, y el pus que te chorrea.
escribí como esos niños que dibujan bien. en mi infancia sobrestimulada me lo celebraban, y yo me imaginaba adulta como anais nin, como diamela eltit, como violeta parra (referencias disímiles producto de una biblioteca ecléctica).
hice un taller de poesía con mauricio redolés a los 14 años y escribí un poema que fue publicado en varias partes. como no estábamos aun en la era de internet, no logro pillarlo. comenzaba así: anoche tuve un sueño oligofrénico… y no recuerdo más. ni siquiera recuerdo si escribí otros poemas en el taller. lo demás son borracheras y algún poeta que me gustó (pero no guardo imágenes de caras ni nombres).
cuando se me pasó lo niña, y las ganas de estudiar literatura (casi al momento de elegir la carrera), me puse a escribir de arte, de artistas chilenxs, y de algunas experiencias inducidas. de mi adorada j. sólo queda un blog que me parece han hackeado, lo demás sí que está en mi memoria. experiencias inducidas, crónicas que parecían imaginativas sin ser más que documentos fidedignos de lo más rasca que podíamos hallar.
no tengo textos escritos por mí durante los primeros 25 años de mi vida. al menos no los tengo aquí. además desde que me fui de chile dejé de escribir. seriamente. escribo mails, proyectos y currículums, pero no literatura, no crítica, no crónica. escribo en el chat.
la vida en barcelona no es triste, sino muy por el contrario. todo vuela livianamente. no es un lugar denso, la verdad es que todo es muy lindo y jovial y las letras se escapan por las rendijas de los dientes cuando la boca sonríe. a veces lloro, pero difícilmente llego a las letras. también he dejado de leer, y según yo misma me he vuelto más tonta (lo que compenso con experiencia vital, cultura general adquirida por osmosis). últimamente un arranque de amor desenfrenado me hizo articular besos, sueños mojados y caricias en formato texto. pero fue como un viento, un ánimo, una fiebre que quedó en amor, sin demasiadas letras, las suficientes para decir eso: amor.
en chile basta levantar una piedra para que salgan como cucarachas 5 poetas, de los cuales es probable que 2 sean buenxs y quizás 1 muy buenx. quien te muerde el pie.
he pensado durante estos últimos años que barcelona me ha hecho dejar de escribir. lo he considerado una especie de intercambio. la ciudad me ha dado muchas otras cosas, como si la escritura apareciese con el tormento, y donde no lo hay las letras se evaporan. en el df, en santiago, en el chaco chuquisaqueño y en santa cruz de la sierra me han vuelto estos contactos escriturales con mi más acá. han sido como momentos lúcidos en los que se me aparece el fantasma de la escena de bolaño donde se enfrenta implícitamente (sin palabras) a octavio paz en una plaza. el corazón me late más rápido dibujando los círculos de ese duelo entre uno que busca el origen de algo que no existe y una vaca sagrada. no sé bien por qué.
hace unas noches fui a un recital de poesía latinoamericana en berlín. (debo decir que he pasado 3 días sin internet y esto, según mi amor, que también ha llegado, me distorsiona un poco mi estado alterado ya por naturaleza). estuvo bueno. fue inspirador. hasta me dieron ganas de escribir poesía, algo que nunca se me ha dado muy bien, quizás porque soy muy descriptiva, muy literal, muy prejuiciosa
pero aquí mi intento improvisado:
el hilo de nylon que rompo desatinada,
los besos que le robo a un chico que parece niña,
las ruinas secas de mi vagina dentada,
el drama alegre de un cariño falso.
caminar sobre el sarro de tus dientes
me satisface como si fuese acción política
el abrazo que se le da a un muerto
sonorizado por el eco de una casa absolutamente vacía
es la habitación que te ofrezco hoy
cuando ya no puedo gemir
porque el humo se ha llevado mis gritos
como aire fresco entusiasmando lo que podría quedar de mí,
desanimado.
amo porque soy la nodriza del desenfreno,
porque mi iniciativa se fue más lejos
y los poemas también son esperma
como todo lo que salpico torpemente
bueno, ya que volvió el internet, lo cuelgo, aunque me de harta vergüenza llegar a este punto de exhibicionismo.



estoy en un período políglota de mi carrera (¿artística?), donde balbuceo malamente 4 ó 5 dialectos aprendidos de oído y mal por allí. mi spanglish es pobre, pero no tanto como el alemán extraviado en alguna orilla de mi memoria (porque ni con 55 horas de clases he podido recuperar el habla de una niña de 4 años). mi italiano sirve para hacer creer a lxs italianxs que sé hablar (dejarlxs tranquilxs, en su lugar), aunque no se trate más que de una traducción literal y una repetición fonética de las conversaciones que tuve hace un par de años. italiano y catalán se superponen como amantes ocasionales en la laguna de mi cerebro, y flirtean incluso con el castellano, madre de mi lengua, infectándole. mi castallano además de enfermo, yace contaminado por modismos españoles, palabras que debo explicar muchas veces a quienes llevan el mismo pasaporte que yo. puedo comprender un poco de francés si me esfuerzo, pero el inglés pareciera ser el lenguaje común al que recurrimos todos los parias que intentamos hablar en otra cosa cuando no conocemos una palabra o expresión. mal-diciéndolo.
imagino mi mente como una serie de cables que se juntan aleatoriamente haciendo sinapsis como quien bebe cerveza, con lo cual el éxito depende de la contingencia. un bar, un vaso, un par de euros, el clima, factores que inciden en la comunicación.
hace más de 40 horas que no hay internet en esta casa. me siento como un animal salvaje. ayer he salido en busca de una solución, dándome de bruces con una realidad trágica: en kreuzberg (en algún lugar de alemania, europa, siglo XXI) no hay internet. no es la lluvia, no es la electricidad, los routers funcionan, las antenas están erectas como siempre, las máquinas y las usuarias ansiosas por recibir megabytes, comerlos con los ojos.
los cables y las conexiones son como solicitudes de amistad. la amistad es como una solicitud de conexión. por los megabytes miles de lenguajes y dialectos corren a estrellarse contra routers sin señal. mi capacidad de amor es igual a mi capacidad para los idiomas: torcida, elástica, esporádica. hay personas que tienen facilidad para aprender idiomas, y yo no soy de esas. en cambio tengo facilidad para confundir amor con todo. leo amor donde hay deseo, inquietud, cariño, pasión. confundo lieben con leben. quizás todo nace del mismo analfabetismo (de la dependencia al diccionario online) o de la mala dicción. en cualquier caso no está mal, aunque a veces me vendría mejor saber inglés. el sopor, en el que me hago otro cigarro, y agradezco con mi confusión total que el internet haya vuelto, es la que me hace confusamente amar lo que pase frente a mis ojos. aunque sea una IP, o un cacharro roto.

¿a qué adjudicar mi poca percepción, mi desatino, en materias referidas al campo del arte? ¿por qué soy torpe, insegura, como un salmón de río en agua dulce?
resulta que la otra vez entendí todo mal. el galerista no era ruso sino italiano. y en realidad le gustó lo que le enseñé. no era viejo, sólo pijo. y más que husmeando, estaba ávido por encontrar a alguien que en un mes estuviese dispuesto a hacer una exposición en su nueva galería. eccola qua!.
yo la otra vez me preguntaba cómo lo habría hecho nan goldin, o si lydia lunch o lou reed habrían estado en este tipo de engorrosas situaciones. a mí me colocan, por lo bajo, poco perceptiva. me quedo suspendida en la extrañeza que me provoca que alguien me pregunte si tengo hijos o si traje mi portafolio; que me pregunten si he pensado qué pasará en dos años con el material que utilizo. me doy cuenta que en mi vida cotidiana nadie me hace preguntas de ese tipo. nadie, vivo en un apéndice del mundo (?).
la verdad es que tenía ganas de mostrar lo que estoy haciendo aquí, especialmente lo del ausländer. por eso estoy pegando finalmente las etiquetas que vengo recolectando desde hace como 2 años. porque pareciera que el proyecto incluyera el hacer un trabajo plenamente inmigrante, un “trabajo de chino”, un “trabajo en negro”, para ser la “cabeza de turco” de toda esta historia… ya colgaré fotos de eso.
por ahora tengo un nuevo asunto del que ocuparme hasta la primera semana de diciembre, que es cuando se inaugura la muestra. un nuevo problema.
cuando el galerista me preguntó que qué me parecía la galería no pude más que decirle blanca.
ayer antes de dormir comencé a ver la película “calle santa fé” de carmen castillo (me quedé dormida en la mitad, no porque fuera somnífera sino porque me había cogido el somnífero en formato humo…). en la película carmen, que se exilió en francia, recorre los lugares donde miguel enríquez (secretario general del MIR) murió y donde vivieron su vida juntxs, visita antiguos colegas y militantes. en la película muestra también el momento en que en 1987 regresa por primera vez a santiago, donde desorientada, busca el auto de su familia en el aeropuerto de santiago, con un niño en los brazos. reconoce a sus parientes, y luego recorre la ciudad diciendo con su voz pastosa “el asco me atraganta ¿será definitivo este rechazo de chile y los chilenos?”. ella sabe que chile no le ofrece nada mejor que francia, por eso no vuelve. mientras veía la película me di cuenta que ayer era precisamente el día en el que se cumplían 35 años de la muerte de miguel enríquez. hoy su hoy su hijo es candidato a la presidencia. mi desconexión con chile está en un estado semiavanzado. me doy cuenta porque no sé de su contingencia. a veces lo pregunto y me entero de asuntos diversos, quién ganó el fútbol, un nueva nueva estafa, un diputado que le pegó a otro, algún personaje de la farándula se ha hecho pobre o rico, ha entrado la policía a la universidad, un edificio nuevo. todas estas informaciones se van acumulando en una bolsa que tengo en mi cerebro donde se van relacionando de manera anárquica y aleatoria, sin regirse por ningún principio de realidad.
la película, la coincidencia de fechas y mi impulso matutino por enterarme de algo me han hecho consultar algún periódico enterándome así que ayer, 5 de octubre, se cumplieron 21 desde que en chile ganó el no (esto es el último plebiscito en que se consultó públicamente después de 17 años si las masas querían seguir con pinocheto o no). hoy el no se ha hecho mayor de edad, está en edad de independizarse, y creo que ya lo ha hecho: el no se ha añejado en las profundas arcas del gobierno. mi memoria no lo enuncia como la vuelta a la democracia sino simpemente como “el triunfo del no”, algo que además para cualquier extranjerx no tendría mucho sentido. ese día recuerdo haber salido a celebrar con miles o millones de personas a la plaza italia. además de las botellas de champagna y de la gente abrazándose emocionada, recuerdo que era un momento de mucha catarsis, donde por primera vez miré a un policía a la cara y le grité chaaaaaaooooooo lo más fuerte que pude. éramos muchxs, éramos hormigas felices y nuestro chao era un coro de borrachxs. todavía hoy me emociono cuando veo el spot publicitario de la campaña, pero es una emoción extraña que no tiene lugar, que existe como predicadora, como un cheque sin fondos que se le da en parte de pago a una actriz en decadencia.
me ha gustado escuchar a carmen castillo diciendo que chile no le ofrece nada mejor que francia. no porque esto me de un placer especial, sino porque de alguna forma modifica mi idea de que lxs exiliadxs siempre estaban con ganas de volver, idealizando la miseria, los ritos muertos, la política como vía de dignificación. pensé que sólo las personas de mi generación podían sentir eso, quizás como un gesto para purgar los años en que nuestros padres y madres estuvieron oliendo un pedazo de arpillera, chupando un plástico con restos de cebolla, viendo fotos, escribiendo cartas a falta de chat. por eso también me resisto tanto a llamar exilio lo nuestro, quienes 30 años después, sólo con una vaga idea de lo que fue nadar en masas gigantescas de gente cambiando el mundo, preferimos estar lejos.

he padecido durante mi vida diferentes efectos migratorios. a los 6 años caí desde alemania federal a santiago de chile, el culo del mundo para lxs entendidxs. considerando el desfase desastroso que significa un país en dictadura, se trataba directamente de un hoyo negro, con toda la serie de metáforas astrales que pueda significar esto.
a los 25 años, y de manera más afortunada, cambié nuevamente mi ubicación global. y volví al norte.
hace una semana que vengo tarareando mentalmente la canción “la maldita primavera”. ayer he empezado a escucharla en youtube versionada por yuri (más abajo, se puede poner de banda sonora). y hoy he llegado a vivir en carne propia el dramático contenido de su texto.
esta extensión radical de una estación del año que no vivo creo que es uno de los efectos de la migración. me gustaría saber si todo el mundo experimenta esto o si soy la única. al menos mi planta, a la que “suicidaré” en unos días, también ha experimentado los efectos de esta suerte de distorsión climática, y reflorece parcamente en las ruinas de mí que quedan en esta habitación en fase de abandono.
dicen que en primavera aumentan estadísticamente los suicidios, las depresiones, los gestos de despecho. las personas, al ver la belleza natural que explota en macetas, parques y jardines, pareciese sentir de manera más profunda su miseria personal, su corazón frío. espero no correr esa suerte en mi falsa primavera, mi primavera descentrada, mi primavera sudaca que se reproduce como un reloj instintivo tiñendo mis experiencias de ultimátum.
igual en chile siempre ha habido esta distorsión. en navidades, mientras llegan a haber 40 grados a la sombra, las calles son invadidas por precarios santa clauses preparados para el polo ártico. en mi memoria esta imagen aparece en los años 80´s, mezclada con otras tragedias culturales, con una dictadura agonizante (pero viva) y con la experiencia pedestre de una navidad tomando helados.
en fin, espero que los efectos de esta primavera no sean severos, o espero más bien encontrar el placebo que la extinga (una lluvia, un viaje, una paliza).