el colonialismo de la fantasía blanca

facebook_pikara

no suelo aceptar en facebook a nadie que no conozca personalmente. ayer a través de una amiga pude conocer el estado de una persona, a la que precisamente desconozco, que hacía referencia directa a mí, con nombre y apellido. en realidad no voy haciendo caso a la gente que no conozco e intento hacer menos caso aún por facebook… pero anoche no me podía dormir pensando en qué me gustaría poder decir al respecto.

la persona dijo lo que dice la imagen que encabeza el post y alude al texto publicado en revista pikara en enero de este año.

a ver, igual esta persona leyó el artículo muy en diagonal. es lo más probable, lo único que puedo pensar. no pilló que se trata de una experiencia y una percepción tardía de la experiencia y que es muy personal y situada. de hecho (anécdota), hasta a la pornoterrorista le pareció que me sobreexponía con este texto. y además, ante el impacto de que el texto fuese de los más leídos de pikara, compartido por diversos medios, escribí esto. la cantidad de agresiones que empezaron a haber en los comentarios obligó a la editorial a cerrarlos en un abrir y cerrar de ojos. y esto no es censura, esto es purita autopreservación feminista. (y esto ya es otro tema, pero el poder intenta hacernos creer que censura es también no dale la voz al enemigo…)

esta persona leyó en diagonal el texto porque su etnocentrismo le impide ver que no todo el planeta es como su barrio de ¿madrid? a ver, lo vuelvo a explicar para las que no lo sepáis y aprovecho de aclarar un poco cómo están las diferencias en el mundo. en chile el aborto es absolutamente ilegal, no importa que tengas un feto de 10 cabezas que te va a estrangular por dentro, no importa que tengas 8 años y tu padre te haya violado (¿tendría que decir follado para no herir la susceptibilidad de una chica “pro-sex”?) desde los 3 años hasta lograr tu embarazo, no importa que no quieras tener un hijo. en chile en el año 2004 la iglesia católica había retirado de circulación en las farmacias 3 veces la píldora del día después. si eres una pija nada de esto importa mucho. puedes viajar a europa, puedes pedirle ayuda a alguien. si eres una pija probablemente no podrás entender que un embarazo no deseado, y que se te obligue a tenerlo es también una violación. porque “violación” no es sólo el polvo en un callejón oscuro donde te folla un negro ante tu resistencia (esto es en las películas y pone mucho, pero violación son muchas otras cosas que lamentablemente no adorna el imaginario cinematográfico con tanto ahínco).

me parece que el comentario de esta persona deja ver muchas cosas que me gustaría cuestionar aquí desde mi posición. básicamente porque me dan rabia, me agotan y me angustian. me angustia el feminismo pro-sex que lo único que sabe es mirarse a sí mismo, esta actualización del feminismo blanco y aburguesado que tanto se ha cuestionado pero que escurre por todos los rincones, porque para más inri coincide con que son las voces que el poder actualiza. los medios oficiales les dan voz porque son cuerpos que no disrumpen nada, cuerpos blancos, europeos, hegemónicamente guapos, flacos. cuerpos y subjetividades que no tienen capacidad de empatizar con otra experiencia y otra visión que no sea la suya, cuerpos que se erigen como la transgresión absoluta aunque apenas transgredan el imaginario de su papá progre, y con mucha suerte…

llevo un buen tiempo trabajando para que existan espacios como la muestra marrana, pensando y repensando las prácticas postpornográficas, intentando hacer diálogos entre las ideas y las prácticas, mi investigación y mi vida son, a este punto, bastante indifirenciables. y digo esto no para darle más legitimidad a mi voz, digo esto para que se entienda cómo me frikea que me digan que “criminalizo de forma esencialista a los hombres” ¿perdón? ¿hola?

es un asunto al que una le ha dedicado bastante tiempo el de pensar los mecanismos de excitación sexual, los propios y los impuestos y las violencias que hay en ese terreno y en otros paralelos y/o autónomos. de hecho el texto precisamente cuestiona la naturalización de las agresiones que, sin cuestionamientos, quedarían en el terreno de lo normal. no hago ningún paralelo entre fantasía y agresión sino para hablar que mi imaginario infantil estaba permeado por el patriarcado, y ni siquiera lo hago por juzgar, sino exactamente para denotar lo pantanoso de este terreno.

tu fantasía nunca será mi agresión. mi agresión es mi agresión y punto. así como mi fantasía no ha de ser la tuya, y un largo etcétera. no pretendo para nada meterme con los mecanismos de excitación de nadie ya que es un curro que nuestra cultura heteropatriarcal nos obliga a hacer de forma bastante solitaria (y he allí otro por qué de encuentros como la muestra marrana). por qué planteas que quiero dar lecciones si lo único que pretendo es comprender la historia de mi coño???

para mí el único tema es el consenso. sin apellidos, consenso y punto. no puedo aceptar la lógica del “consenso implícito” justamente porque en esta cultura heterocentrada lo implícito es todo lo que reproduce las cosas tal como están. y bien que nos han jodido, hasta el punto de que no se reconozca como agresión una cosa que han hecho contra mi voluntad y dormida, hasta el punto de que se me tilde de “criminalizar la fantasía” y de “dar lecciones” por favor… tal como dice xara, es como decir: me encanta la asfixia pero el tratado de ginebra contra la tortura la prohíbe, me criminaliza porque a mí me encanta que mi novio me asfixie… joder, para cuándo el taller de comprensión de lectura (y de comprensión de la realidad) feminista?

creo que europa nos hace mucho daño. siento que tus privilegios me criminalizan y me maltratan, que intentan desesperadamente y por facebook, hacerme sentir impositiva por una experiencia personal y situada. para las posiciones blancas y burguesas los propios privilegios son extensibles al mundo entero, y esto me duele. me duele de forma personal y política (que vendría a ser lo mismo), me duele como me duele el patriarcado cada día que me lo encuentro en los pasos fronterizos, en la jerarquización brutal, en la explotación de lo feminizado, en la exclusión por cuestiones de raza, condición social y sexual, me duele como la dinámica pija y heterocentrada sigue cada día imponiendo su autovictimización de carrefour. y mi dolor se convertirá en rabia y en acción, y la escritura es esta mañana para mí, también una forma una acción y de resistencia.

selfies: mi -nuestra- genealogía de la agresión sexual


hace un par de meses hice una especie deselfie que ciruló muchísimo en internet. los selfies al parecer son para eso, para que te vean. te haces una foto, y la cuelgas. no, te haces varias fotos y eliges una que cuelgas. no, te haces muchas fotos en las que estudias cómo quieres verte y luego ya puesta, te haces unas cuantas en la pose ideal y eliges la mejor.

es por eso que los selfies muchas veces tienen esto de súper estudiado que de alguna manera les resta credibilidad. es como el episodio de black mirror donde el personaje muere y es reconstruido a partir de sus registros en las redes sociales, y claro, por supuesto que la réplica era más hermosa, más lista, más simpática y más amable que su original (pero a la vez inolora, sosa e incluso rayando en lo nada, sin posibilidad de odio, ni de rabia, ni…).

el selfie que hice hace un par de meses no tuvo tanto ensayo previo, quizás apenas este blog. en realidad fue un selfie de emergencia, una reacción ante mi propia memoria, ante mi rabia. cuando junté todos los cabos sueltos que articulé en esa imagen (que es un relato, que es una narrativa en la que hay muchos espacios vacíos y memorias recortadas).

me vino tanta rabia que visualicé pocas reacciones como viables:

a) mañana me hago scum y salgo a cortar pollas, a dedicar mi vida a la castración como si no tuviese mi existencia otro sentido, esa será mi misión.

b) tengo que buscar métodos de asesinato selectivo y que no me hagan entrar en sucesivos procesos judiciales.

c) una bomba atómica que reviente al planeta tierra en su totalidad no es una mala opción.

d) escribiré, esa será mi bomba, mi artillería, mi munición. escribiré hasta dar asco, hasta dejar de ser yo. me convertiré en todas las que puedan ser yo. mi bomba no tendrá pólvora, la pólvora será mi voz. escribiré porque no tengo dinero, porque no tengo otros medios para matar y porque es una forma que, sin carecer de poesía, podría con un poco de suerte llegar a ser explosiva.


en mi atontamiento y resentir intervenido por sustancias ilegales me incliné (en un gesto sorprendentemente moderado) por la opción d).
entre escribir y publicar hay apenas una letra “y”.
publicar, hacer público algo. “lo personal es político”. “el silencio no te protegerá”…

*
empecé un proceso lento y laborioso en el que escribir fue lo de menos. lo complicado, o lo que requería de mí un estado energéticamente consistente, era enseñarle lo escrito a alguna gente, someterlo a revisión. al ex-novio, a la madre, a la amiga, al hermano, a la amiga, etc. cada vez era una conversación, un repensar la construcción interna de la bomba, su relojería. y también un doloroso revivir la relojería del patriarcado, y digo doloroso no precisamente porque se me reviviera un ardor en la vagina o el rasgamiento de alguna carne, sino porque, JODER, ¡ojalá hubiese sido yo la única! pero no, va a ser que no, que el patriarcado opera globalmente y en todo contexto, que lo hace de forma distinta pero nos afecta a todas, que la agresión no es una batallita más en mi biografía sexual (ojalá lo fuera sólo en la mía), que una vez que una lo suelta, van y lo sueltan tres más, y después las otras tres resulta que lo sabían porque a su hermana, prima o sobrina también le había sucedido. y entonces esto es una caja de pandora y nada más lejano a una confesión.

después de tanta charla, de tanto análisis, cervezas vienen cervezas van, después de eso y mucho más pues ya no me quedaban ni ganas de publicarlo. pero en un momento del proceso (no sé cuál) esto se había convertido en algo que superaba con creces la terapia personal, la catarsis y la camaradería. el “proceso” había ganado comillas, ya no era sólo mío y esa bomba no era sólo MI bomba. la tenía que colocar.

*
lucía está tendida sobre una piedra de grandes proporciones que es sacrificial. su intimidad será expuesta y examinada por clicks, hipervínculos, movimientos cortos de la muñeca empujando el ratón.

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comments: mujeres diciendo estar “aterrorizadas” por sus hijas, por lo que les pueda pasar. mujeres llorando, hablando por primera vez en el precario espacio de un “comment”. las violadas, todas violadas, abusadas, manoseadas. las manoseadas agradecidas. los arturos también agradecidos. aprovechando para hacer crítica social, que la televión, los medios, el poder, ronald reagan, la CIA, un poco de autocrítica quizás, sólo un poco. abrazos a los sobrevivientes. críticas a la falta de honestidad, al engaño, al aborto. indignación. indignación por el aborto mal cobrado, por no interponer una denuncia a la brevedad. “el aborto se convierte en un secreto patógeno”. entrañas removidas. hombres “pidiendo perdón por el simple hecho de ser hombres”, “me duele formar parte e este género agresor”. otras que dicen “soy producto de una violación”, “mis hijos son fruto de violaciones”. muchos muchos muchos incansables estereotipos de género: la sexualidad desde el punto de vista femenino. oriol me recomienda hacer psicoterapia como “palitivo” y para autogestionar las experiencias que he tenido que pasar, aunque confiesa que en el fondo es un asunto mío (¡gracias!). callar y aceptar = cómplice. víctima, víctima, víctima. personas removidas. comentario porno-abolicionista. comentario negacionista. comentario que incluye un “gracias a dios” (y dios escrito con mayúscula). comentario contra la infidelidad. comentario pro-pareja. comentario llamando a que el aborto siga siendo ilegal en chile (sic). comenario dando un millón de gracias. más violadas. comentario eco-escencialista, oda al útero como epicentro de la energía que mueve al universo. más violadas. más agradecimientos. la revista decide cerrar los cometarios por exceso de agresiones. tres pingbacks.

(en meneame hay 456 comentarios sin moderación)

*
la verdad es que selfies de este tipo resultan en un punto un poco agotadores. yo no había alcanzado a compartir el artículo (esta entrada es primera vez que lo hago), y ya había sido compartido más de 60.000 veces en facebook. en pikara me dijeron que era el segundo artículo más leído de la historia de la revista (más de 120.000 visitas). y luego el feedback, gente que me escribía sin conocerme para contarme sus cosas, gente que se refería a mí de forma grandilocuente, gente poniéndome una mano en el hombro y con gesto compungido diciéndome “leí tu texto”.

creo que lo más complicado de gestionar para mí fue justamente lo multifacético de las lecturas que se expandían sobre el texto. alguna vez hablé aquí de algo parecido. ese descontrol que hay sobre la apropiación de los textos, que es en el fondo su sentido, pero que da una sensación de extrañamiento curiosa cuando el personaje al que se refieren las lecturas eres tú. y todo se vuelve bastante ficcional, o no, porque en realidad hay muchas que están aplicándolo a su vida, y la sensación de estar afectando, aunque sea de mínima forma, la vida de otra persona que incluso no conoces es especial y bastante poco ficcional. pero bueno, me llenó de confusión, y tenía pendiente este post que estaba bloqueando al blog entero.

tengo la grandilocuente sensación de que todo el mundo ha leído este texto, pero por si acaso alguien lo perdió, acá va:

Mis silencios no me habían protegido. Tu silencio no te protegerá.

Audre Lorde

 

Las estructuras del riesgo

Me vi a los 23 años en un motel parejero de Santiago de Chile. Tenía novio, pero estaba demasiado aficionada a la autoridad de ese profesor que era mi amante.Creo recordar que nos pegamos un polvo triste o flojo. Mi cuerpo ovulaba y me sentía más inclinada al tribadismo que hacia la penetración. Tenía mucho sueño. Quedaban 2 condones, le dije que NO podríamos follar sin, y me dormí.

Desperté con el tipo corriéndose dentro mío y la sensación de que esto me costaría un embarazo. Un mes después estaba abortando en una clínica clandestina de un barrio periférico de Santiago. Durante años mantuve una relación tensa, esporádica y ambivalente con ese profesor que, aun sin saberlo, me había violado. Hasta el día de hoy él no sabe interpretar mi silencio. Del silencio no hay nada que sospechar.

Para resolver esa violencia, la de mi violación, tuve que recurrir a otra violencia estructural: un aborto ilegal en Chile. Tuve que pasarle el cuerpo a una persona que no conocía, en un lugar que no sabía dónde estaba, para que me inyectara algo que no sabía qué era y me sacara eso que no tenía nombre como consecuencia de un acontecimiento que yo no había provocado1.

Mi novio de aquel tiempo asumió la mitad del pago (500 euros en 2004), la compañía y los cuidados. Omití las verdaderas razones del embarazo y culpé a la mala fortuna. Me declaré parte del 1 por ciento de personas a las cuales se les rompe el condón. Dije que siempre había usado condones, cosa que, hasta un punto, era completamente cierta. Durante los cuatro años posteriores al aborto usé anticonceptivos y condones al mismo tiempo en cada penetración. Si el preservativo no era cien por ciento efectivo, debía aumentar el control de mi integridad a través de la hormonación sostenida.

Ahora me pregunto cómo pude haberme quedado callada, cómo pude yo invisibilizar una violación. Me doy cuenta de que llevo una vida asumiendo que dormir con alguien, desconocido o no, es un riesgo, como si se tratara de una pastilla rosa en una fiesta o una película sin reseñas. Un riesgo que se toma porque la vida está llena de ellos y no pasa nada, y ante la evidencia de agresiones sexuales y sexistas arraigadas como tumores en lo profundo de tu cuerpo y tu memoria, sientes vértigo y una sensación de propio desconocimiento, pero sigues viviendo y haciendo lo tuyo, incluido el feminismo.

Pedagogías de choque

Viví hasta los seis años en Alemania protegida por una fortaleza de sudakas exiliados por la dictadura de Pinochet. Nunca nadie me tocó un pelo. Fui una niña rabiosa y dulce a la vez. En 1985 viajamos a Chile. Se hablaba de “retorno”, a pesar de que yo pisaba por primera vez ese territorio que se me había descrito desde la nostalgia como lo más entrañable del universo, siendo que no era sino un enclave de neoliberalismo, represión y pobreza.

En esos días un primo comenzó a llevarme detrás de las puertas en las reuniones familiares. Él tenía catorce y yo, seis. Me besaba metiéndome la lengua profusamente, lo cual me resultaba asqueroso y perturbador, pero como existía la posibilidad de que se tratara de prácticas habituales en este nuevo contexto, no supe cómo reaccionar.

Migrar implica desorientación. Había llegado a un lugar en el que me violentaba ver a niños de mi edad pidiendo limosna en la calle, en el que me violentaba ser llamada “ahombrada”2 en la escuela, en el que me violentaba el miedo que las personas a mi alrededor sentían hacia la policía, ¿por qué no podían ser esos besos con lengua parte de esa cultura de mierda a la que me tenía que unir por fuerza para pagar una deuda histórica con raíces biográficas que, de momento, no reconocía?

Un día les comenté a mis padres que ese primo me daba besos con lengua. Me dijeron de inmediato que eso no estaba bien y que hablarían con su madre, mi tía. El pánico que sentí ante la posibilidad de hacer público lo incorrecto—en mi condición de niña alemanota, que no se enteraba de nada y en el contexto de mi ansia por ser aceptada en ese país al cual no deseaba integrarme—me llevaron a desmentir en menos de 24 horas mi acusación. Atribuí todo a mi subconsciente. “Soñé que él me daba besos, no hay nada de lo que hablar con su mamá.”

Así fue como aprendí a besar, escondida detrás de la puerta, obligándome a responder desde la sumisión como si se tratara de un trámite de aduana. Y digo aprendí porque con los años, y a pesar del desagrado inicial, fui asumiendo la experiencia como una eminentemente pedagógica.

Un año después, a los siete, en un mercadillo, un hombre al que nunca le vi el rostro me metió la mano debajo de la falda. Su mano, que debe haber sido del tamaño de mi cabeza, hizo un movimiento rápido y preciso frotándome desde el clítoris hacia el culo. Me quedé como piedra y no me atreví a decírselo a nadie hasta cinco años después. No debía haber ido a un mercadillo con minifalda, era mi culpa. De manera temprana y acelerada se depositó sobre mi subjetividad (y sobre mi cuerpo) la percepción tanta veces descrita de que la agresión es responsabilidad del agredido.

A los ocho años me gritaron por primera vez cosas en la calle. Que estaba buena. Tres obreros de una construcción, a pocos metros. Que estaba rica. Que era una mijita rica o algo así. No entendía cómo era posible que se fijaran en una niña. No me sentí guapa, pero percibí la marca que dejaba la minifalda en mi cuerpo y recordé que mi ropa podía volverme vulnerable.

A los ocho o nueve años, en la playa, el ligue de mi prima de dieciséis, sobrino de una amiga de mi mamá, se aficionó mucho por mí. Era un tipo medio cuico3, rubio, grande, de unos 19 años. Me compraba dulces y me buscaba, le gustaba pasear y charlar conmigo, y a mí me caía bien.

Una tarde en la que estábamos sentados en la playa me dio jugo en polvo. Lo vertió en mis manos y me pidió que chupara esa mezcla de azúcar y tinte artificial mientras él, que me tenía sentada en el hueco que quedaba entre sus piernas, metía una mano dentro de mi calzón y me incrustaba un par de dedos en el coño. No sentí dolor, sólo una insoportable incomodidad. Le dije varias veces que mi madre me estaba esperando, pero él no se inmutó. Mis manos estaban ocupadas con el polvo que debía chupar y no lograba comprender bien lo que estaba sucediendo. Solo sabía que debía evitar a toda costa volver a estar a solas con él. Mi prima estaba encantada con su ligue. No se lo dije a nadie, y con el tiempo el episodio fue perdiendo relevancia histórica.

Pequeña guarra

A los ocho años comencé a masturbarme. Usé la mano, velas, bolígrafos y zanahorias. Usé aparatos que creaba yo misma con calcetines, condones y bolsas de plástico. El manto de lo innombrable se extendió también sobre estas prácticas. Mis fantasías masturbatorias y los juegos a los que jugábamos con mis amigas se relacionaron desde un comienzo con la sujeción y violencia.
Recuerdo médicos que ataban a las muñecas para inyectarles cosas en las venas, proxenetas que explotaban mi cuerpo y lo vendían al mejor postor, tíos que a golpes me obligaban a hacerle una felación a su jefe. Jugaba a estas cosas a solas y acompañada, al tiempo que descubría el efecto narcótico de los orgasmos y me embriagaba con la adrenalina de la sumisión y lo prohibido.

Los referentes culturales dominantes le venían de perilla a estas aficiones. Me sobaba con una amiga en la oscuridad de la cama mientras nos comíamos una polla invisible obligadas por un hombre inmaterial, agresivo y armado hasta los dientes. En el entorno feminista en el que crecí, gestioné estos imaginarios con pudor. Formaban parte de aquello inconfesable, incomprensible e inexplicable.

Pero siendo niña siempre existe la posibilidad de alegar ignorancia. Una no sabe nada de ese mundo construido ya desde hace mucho y apenas siente el derecho a intentar calzar con él. El deseo propio está muy mediado por la capacidad o no de adaptarse a lo que se debe hacer. En un punto creo que es difícil distinguir la diferencia entre deseo y deber. Hay que vestirse, lavarse los dientes, comer. Limpia por fuera sucia por dentro, se puede sobrellevar.

El entorno feminista de mi madre, sus amigas lesbianas, resultaban por cierto estimulantes, pero no eran un muro que dejara fuera al patriarcado. Este último, con toda naturalidad, tenía más poder que cualquier espacio de seguridad feminista, permeando cualquier posibilidad de contención, y de esa forma se incrustaba en mi cuerpo, incluso en las imágenes de mi deseo.

Pactos con la normalidad

Las agresiones sexuales se sucedían como si pudieran dejar de resultarme perturbadoras. En la adolescencia fui carne de cañón de los tocaculos en la calle. Tantas veces ocurrió que muy pronto perdí la cuenta. Una amiga fue violada dentro de su cuarto por un tipo que entró por la ventana. Lo mío parecía, incluso a mí, una levedad que no merecía atención alguna.

Parecía ser que las tocadas de culo, de teta, las metidas de mano, los comentarios babosos en la calle, los manoseos por la policía, eran todas cosas que venían en el pack de ser mujer, que pertenecían al mundo de lo normal, como tantas otras cosas normales que incomodan o duelen. De ese modo, mientras crecía fui naturalizando la agresión, entendiendo que yo era apenas uno más de sus engranajes.

A los 14 años empecé a tener sexo, con lo cual mi universo de agresiones sexuales se amplió. En mi primer polvo fui una muñeca inflable. Aprendí a ejercitar la feminidad como nunca antes. Me hice experta, o al menos eso creí. Aprendí a distinguir entre las agresiones propias de una relación, las que han de ser toleradas, y las agresiones de la calle, que no están bien. Me acostumbré a que siempre me la quisieran meter sin condón, a que siempre me la quisieran meter, a dejarme meter, y hacer cosas que no deseaba.

Hecha un pivón a los 14 me aficioné por los hombres mayores. Me protegí con el mismo silencio con el cual pretendía resguardarme de las agresiones que me amenazaban. De un material bastante acomplejado construí un cuerpo deseable y desenvuelto. Perseguía la autogestión de mi placer, aunque fuese pagando un precio, haciendo transacciones y especulando en la bolsa del machismo.

Inadecuada

A los 15 años comencé a reaccionar. Cuando me tocaban el culo contestaba gritando un par de insultos. Esto no es fácil, porque cuando te pegan un agarrón sin previo aviso tu voz se introyecta, se convierte en vocecita, y cuando al fin se recupera y das con el tono y el insulto adecuados, no hay premio para el desacato del silencio.

Por el contrario, lo que recibes a cambio es bastante peor de lo que has echado. Le gritas “cabrón” y te responden: “Qué tanto fea culiá, qué te creís maraca concha tu madre”. Más rabia y más humillación mordiéndote el culo, comiéndote la cabeza y ahora, más encima, insultándote.

Si bien yo me sentía afortunada porque a mí no me había tocado que un hombre pobre me pusiera un cuchillo en el cuello o una pistola en la cabeza y me la metiera como poseído por un demonio hasta correrse dentro mío, en esos días mi cuerpo joven atraía la agresión en múltiples formatos. Como la que resulta de ir a un casting para modelos de dibujo donde te acaban tocando el coño y dejándote desnuda en medio de una habitación fría, porque “tu cuerpo no va bien”, “no sirve”. Como dormir con un amigo con el que no quieres follar que en medio de la noche te despierta eyaculando sobre tu cuerpo con un gemido apagado. Como hacer autostop en la carretera y como precio del aventón dejar que te metan mano.

También percibir que en la medida en que te vas apropiando de tu placer te vuelves cada vez más inadecuada: demasiado gritona, demasiado caliente, demasiado peluda, demasiado rápida, lenta, gorda, silenciosa o cualquier otra cosa excesiva. Que nunca en la posición precisa, deseada. El juego es poder encontrar en esa inadecuación el rastro de una misma, y pasarlo bien, o simularlo al menos.

Rabia sexual

A los 19 años trabajaba como profesora. A las 8:00 am un tipo me agarró el culo en la calle. Pasaba un policía y lo detuve. El policía lo coge, lo sitúa frente a mí y le dice: “La señorita dice que usted le tocó el trasero. Todos ustedes los de la Pintana son iguales”. Le exige pedirme perdón. El joven cabizbajo balbucea un “perdón” casi imperceptible. “Y usted, señorita, ¿lo perdona?” Digo que no, que una disculpa no me basta.

En la comisaría otro policía toma mi denuncia. Le cuento que este sujeto me tocó el culo. El policía pregunta: “¿Y qué más?” Veo en sus ojos lo que quiere decirme: “Es normal, pelotuda, ándate acostumbrando. Son siete millones de chilenas en las calles. Imagínate si todas denunciaran, colapsaría el sistema, los policías acabarían convertidos en perritos falderos, guardianes de culos.” Toma la denuncia de mala gana, como si fuera una alucinación mía, un comentario burgués, una exageración de clase.

Desde entonces me han vuelto a agarrar el culo tres veces en espacios públicos: en Chile, Bolivia y en Dinamarca (¡este verano!). En estas ocasiones he respondido con golpes, lo más fieros posibles, asumiendo que la respuesta violenta es lo único que me queda, y que al menos me sirve para soltar momentáneamente la rabia.

Sólo momentáneamente, porque la rabia regresa al repasar esta historia. Esta rabia que me da el recuento es también la rabia que me dan mis privilegios y es la rabia que me da saber que somos tantas que es imposible hacer recuentos. La verdad es que no sé qué hacer con la rabia ni tampoco sé medir sus consecuencias, cuando escucho y hablo de lo que ha sido silenciado y cuando tengo que insistir en su desnaturalización (empezando por la mía). Creo que al escribirla deja de ser mi problema. Y quiero hablar desde un lugar no victimizante, pero que al mismo tiempo no convierta la no-victimización en un lugar de silenciamiento.

——–

1 A pesar de la violencia estructural, simbólica y material de tener que abortar en esas condiciones de precaria ilegalidad, puedo decir que el aborto acabó siendo una buena experiencia. La autodeterminación fortalece, y decidir no ser madre fue una inyección de energía para lo que en su lugar deseaba hacer con mi vida. A partir del aborto tuve que hacer con mucha más determinación lo que quería, hacerme cargo de mí.

2 Marimacho.

3 Pijo.

habitar la herida


no pillaba el avión. el vuelo salía a las 9. no pillaba el avión porque eran ya las 9 y estaba a más de una hora de distancia del aeropuerto. como siempre en este tipo de sueños, mi madre intentaba ayudarme. pero cuando la situación ya era insalvable.
a veces me apetece hacer otro video. a veces me apetece no hacer nada, o sólo un helado.
siempre me decías, cuando no estaba convencida (en absoluto) de mi deseo de escandalizar, que seguramente yo estaba muy contenta con el orden de las cosas. con el orden imperante, con el fucking orden imperante de las cosas. me decías, justo antes de decirme, tú tan mona, seguramente estás a gusto.
la manos aplastando la archilla con palitos contra el muro. los palitos se me clavan en la herida abierta, y dentro mío se produce una guerra entre las bacterias y el poder de mi mente que intenta expulsarlas de la herida o al menos, dejarlas convivir en su interior de manera inofensiva. en realidad mi herida no es un lugar cómodo para las bacterias, a nadie le gusta habitar la herida ¿o sí?
me pregunto qué soñé esta noche, antes de lo del aeropuerto. perder un agosto no es una expresión que aparezca en el diccionario aunque semánticamente sea factible, y fonéticamente del todo probable.
tú me hablas por un chat. tú hablas solo por el chat. desde que me di cuenta de que me habías violado, así, suave, con cariño, así, suave, mientras dormía, así, como si nada en un hotel de mala muerte que habías pagado íntegramente tú. desde que leí ese artículo en una revista feminista y me di cuenta que eras mi violador no te he vuelto a hablar, y no sé si debería hacerlo. aunque tú sigas hablándome por chats vacíos cada vez que estoy roja, verde o amarilla, me hablas porque seguramente ahora eres tú el que aún no sabe que es mi violador. y aquí, como en los sueños en los que no cojo el avión porque no llego, se me presenta un problema de gestión no inminente.
los relatos sobre sexo de tracey emin suenan tan bien, infiero que es porque son en inglés. hay tantas cosas que suenan mejor en inglés… rape, hunger, rage. sobre todo rage, que se parece tanto a rape. incluso sex. hay una distancia elegante, cuando la elegancia es la voz de todos y no la use nadie, digamos, porcentualmente hablando. y ella y su adolescencia, y nosotras y la nuestra. y varios litros de semen entremedio perdidos en una arqueología fisiológica de la que no se ocupará nadie, jamás. y tracey emin sin tener que preocuparse del copyright, y nuestra juventud transcrita en cuadernos con papel de mala calidad. infiero que somos de la misma clase de putón, aquellos que ponen la estocada tras la boca torcida y jugosa.
y tengo hambre todo el tiempo.
creo que me mal interpretas cuando hablo. crees que quiero competir con una chica a la que en realidad me apetecería follar. el problema es el mismo de siempre y emerge bajo el rótulo de esencialismo. en esos momentos nuestra película se ve en blanco y negro y me hundo en una tristeza que sólo puedo calmar engullendo miles de torrents, tragando millones de kilobytes, tragar por mi ojo, y un par de gif’s animados. sé reconocer cuando las voces salen de un ordenador portátil, y me tranquiliza.

porno pro-vida


estoy viendo pornografía pro-vida, un canto a la especie humana y su reproducción, un llamado a la ausencia de estrías, a la hegemonía blanca, a la juventud.
si la maternidad es ortopedia y una incontrolable ensalada de flujos, el porno es ortopedia y una constante selección de flujos (no se consignan todos, ya conocemos los que van).
una de las cosas más interesantes y subversivas que para mí tiene el porno (el convencional, el post, el clásico y el cualquiera) es que el sexo que se representa está totalmente escindido de la reproducción y del amor. bueno, “interesante y subversivo” es aquí un eufemismo (por no decir “de las pocas cosas rescatables”) o una exageración (por no decir solo “interesante” que en realidad no significa casi nada). pero bueno, es lo que hay, el mete y saca, el jadeo, el meneo de las carnes. ese es el paisaje que se ha inventado la humanidad para representar lo que es la sexualidad (y esto, lo de “humanidad” es más que un eufemismo o una exageración, es una pura generalidad e incluso una falacia, pero bueno, tampoco nos pondremos tan quisquillosas: sólo es porno) y es un paisaje pobre, tal como la mayoría de la humanidad y es un sistema precario aunque no por ello inestable.
y yo que me he pasado un buen rato mirando este porno que he denominado pro-vida, porque claro, su objeto de representación es la mujer preñada, aquella que exhibe -suponemos orgullosa- su panza como si se tratara de un implante de silicona, y que se somete al calentón que ejerce su representación (no las veo a ellas muy cachonas en realidad) porque sabe que el “money shot” de su imagen (barthes diría el punctum porque los franceses son siempre mucho más elegantes que los gringos) es su barriga de 7, 8 ó 9 meses de embarazo y algunas enseñan el coño, y algunas enseñan la teta, y muchas de ellas ni lo uno ni lo otro, como si la barriga fuera el único órgano sexual de esta escena. digo porno pro-vida porque es lo que pasó después de que no hubo aborto, a lo que se puede llegar, un embarazo digno.
para ser honesta tendría que decir que esta no es una web propiamente porno, sino un compendio de imágenes de mujeres embarazadas que se llama “preggo power” (preggo en slang de internet es embarazada), y de alguna manera su ser sexy, su sensualidad y su atractivo en estado de gravidez es (como un mantra) su “poder”.
(cuando en la muestra marrana hicimos el especial de “mamás cachondas” proyectamos una peli producida por madison young y, aunque tampoco se distanciaba mucho del estereotipo, al menos era lo que el título de la sesión indicaba: una cachonda. a veces en estos ámbitos se valoran cosas muy pequeñas e insignificantes y que fuera de contexto no llamarían en lo más mínimo la atención. pero bueno, tras años de ser la representación de un objeto (porque ni sujeto pasivo se dice, no) a veces una mínima alteración ejerce fuerza… ya, ya, ya lo sé).
alguien podría decirme que si no muestran ni tetas, ni culos, ni coños abiertos esto no tendría por qué ser porno. y podría tener razón, aunque creo que no la tiene. para mí es porno y del convencional. argumentarlo a este punto me está dando más pereza que llegar al final del tumblr (voy en la pagina 250 y no acaba…). sólo quería comentar lo que me transmitió sorprendida una que tuvo un parto recientemente, que estando dentro de la maternidad las enfermeras y los médicos destinaban una sábana especialmente a cubrirle sus piernas sin depilar. por lo visto no podían soportar ver por los pasillos o en medio de la sala de parto unas piernas más parecidas a las de un futbolista que a lo que debería ser una mujer absoluta (una madre sería en este caso el grado cero de la mujeridad). imagino ahora a esos médicos y a esas enfermeras, casi igual que yo cepillándose el tumblr, rellenos de placer al ver a tanta embarazada inofensiva y cuidada, tan blancas y dismuladas en su monstruosidad y deformación.

post-inor2

3 veces recuerdo que la iglesia a través del estado y este a su vez a través de la empresa privada, quitaron la píldora del día después de circulación en chile. como todo allí, parecía normal, o al menos pensable, incluso quizás predecible.
recuerdo que mi adorada adelinia traía cada año de francia una serie de cajas con la dosis por si a alguien le hacían falta. en estos casos lo típico es que terminen siendo las redes socio-afectivas las que resuelven problemas de salud pública, responsabilidades privadas y también morales de cualquier sociedad que debería asegurar unas mínimas y precarias libertades corporales.
pero aún así, teniéndola a mano, nunca hube de usarla.
con los años, tras un aborto y la lectura de testo yonqui, mi resistencia a consumir hormonas en forma de píldoras anticonceptivas fue aumentando exponencialmente, tanto así que a veces me veo a mí misma dando peroratas en torno a por qué no hay que consumirlas, y en esos caso, siento un poco de pudor porque nunca acaban de convencerme los canutos.
total, que como ya lo he dicho alguna vez antes, el cuerpo cambia con los años y no sé por qué estúpida razón, mientras más experiencia tengo follando, más posibilidades de embarazo me aquejan. nada invivible, pero sí algo incómodo. una putada.

hay algo como una certeza de estar preñada (imposible distinguir si es físico, intuitivo u hormonal) que se siente como una solución cartilaginosa batiéndose en el útero, o por allí abajo, unas ganas de follar tremendas y una especie de tubo húmedo en lugar de vagina. pachi dice que “siento las pataditas”. yo no sé si es tan antropomórfico, pero algo se siente y no lo voy a relativizar en estos tiempos de insensibilización corporal.
entonces una lo debate, lo evalúa, espera fijar las sensaciones y determina ir en busca de la solución, para darse de bruces con la capitalización del cuerpo. el estado español ya no financia la píldora del día después, he aprovechado de enterarme. en el cap te dice que nada pueden hacer por tí, que directamente en la farmacia te ayudarán (a cambio de 18 euros) y, como si fuera un chiste de mal gusto, de regalo te dan un condón.
el hecho de que sean necesarios 18 euros para prevenir un eventual embarazo no deseado me da vértigo. sin duda para el estado resultará más caro un aborto y, si fuese peor, lo más caro sería mantener a un niño abandonado. o sea, pensamiento lógico aquí no se aplica. después de todo esto entiendo que se quiera eliminar el aborto como parte del plan macabro, y las pastillas y la voluntad de cualquier mujer, y si es así ¿por qué no empezáis por extirparnos el útero mejor? porque a este paso una empieza hasta a sentirse media culpable de follar, y no es la idea, que pa eso no nos hemos pasado tanto tiempo estudiando los misterios del sexo y militando en la religión feminista, y aunque varias veces haya pensado en renunciar totalmente a los penes de carne, otra parte de mí me exige no privarme de nada. en la diatriba conmigo misma decido no cambiar nada.
la pastilla son 1.500 microgramos comprimidos de levonorgestel, una bomba hormonal sin duda, que amenaza en el prospecto con provocarte por lo bajo vómitos y mareos. tampoco tanto la verdad, exacerba la mujeridad un poco, y como efecto contrario me dejó cachonda, como un animalillo húmedo. así que me autogestioné una jornada de self erotismo pasando la resaca del bombazo hormonal.
y ahora me pregunto, con tanto hacker que tenemos cerca ¿no será posible inventar una versión DIY de la pastilla?

¿cuáles son las batallas que se dan en mi cuerpo?

cuáles son las batallas que se dan en mi cuerpo. (además de las obvias).
mi cuerpo me habla con lengua llana, desde distintos lugares. mensajes que son discursos, signos, señas, reacciones químicas, deseo. placer y peligro, como diría la carole vance. la comodidad, el dolor, el asco.
a veces quiero ser animal, manifestarme en mi instinto como si fuese la encarnación de la pureza primigenia. y verlo como se erige cual autoridad absoluta del sentir, un fluido único y bien pronunciado, pre-vocal, disidente de la dictadura del lenguaje, insumiso.
sólo me lo impide una pequeña dosis de escepticismo…

el ego ya pasó de moda (aborto I)

hace un tiempo me llegó un mail de la negra invitándome a colaborar con la introducción para un manual de aborto. lo que más me gustó de la convocatoria fue este párrafo:

La idea es hacer con todas vuestras ideas una editorial donde devinamos manada y destruyamos el ego, es decir no es como poner una cita y el nombre del autor/a … vamos pal 2012 y el ego ya paso de moda…

durante la última semana me encontré con estos dos videos:

y envié este esbozo hippie y comunitarista sobre el aborto, que creo será un tema en el cual, tal como en los últimos días, estaré pensando este año.

aborto I

hay aborto voluntario e involuntario. el voluntario es como hacerse un tatuaje, el involuntario es cuando te pasa algo sin que te des cuenta, a mí una vez se me rompió un diente. tatuaje o dientes rotos. los abortos no deseados pueden venir bien, mal o sin constancia del hecho. supongo que estamos hablando aquí de aborto deseado.

pensar en aborto no sé por qué se vincula a la maternidad si se refiere a exactamente lo contrario.
la maternidad no es considerada una patología, aunque muchas veces se comporte como tal.

cuando estuve embarazada nunca pensé en tener un hijo. sólo pensaba en lo que quería hacer en mi vida, en los maravillosos planes para los que me estaba reservando. dejar de estar embarazada fue eminentemente un alivio.

cuando aborté me dolió tener que entregar mi cuerpo a personas que no conocía. sé que un cuerpo es sólo un cuerpo, es una interfaz, y también parte de un dispositivo completo, que no acaba en mi propio cuerpo que está expandido en todas las moléculas que respiro, toco o interactúo energéticamente.
cuando aborté entregué mi cuerpo y 300.000 pesos en efectivo a 6 manos que no conocía, que desconocí en su cutex rojo, en sus toqueteos extraños. fuí a un lugar también desconocido, junto a una persona que me llevó en un auto conducido por alguien que no vi.
estos abortos son cicatrices en todos nuestros cuerpos.
mientras me realizaban la intervención, estando yo totalmente sedada, le pedí a las personas que estaban allí que me guardaran todo lo que estaban sacando. quería hacerme un collar. en práctica quería ser la dueña de mi experiencia, en mi imaginario cosificada, fetichizable, susceptible de ser manipulada artesanalmente, como una semilla o un hueso. lxs interventores me dieron por loca.

luego estuve rodeada de personas que me apoyaban en mi autoderminación y que confiaban en mis deseos, de alguna manera personas que sentían y hacían suyo mi cuerpo deseante en su intención. hicimos una fiesta.
hubiese sido muy feliz si toda esa gente me hubiese podido acompañar en mi aborto, un aborto do it yourself. me hubiera gustado saber hacerlo, tener las herramientas y poder descapitalizar mi cuerpo sacándolo de esa nube de mercado negro y clandestinidad.

el discreto encanto de la burguesía

huelo a menstruación, que no es lo mismo que oler a sangre. por eso quizás sea mejor quedarme en casa. ayer pensé que esta podía ser la menstruación más fuerte de mi vida. no tanto por el dolor, sólo por la intensidad. durante dos días estaba conmigo sin salir de mi cuerpo. sólo emergían coágulos, con cuentagotas. había soñado dos veces durante la semana que estaba embarazada. la primera vez desperté de mal humor y consternada, convencida de ser el segundo caso mundial de engendramiento divino. la segunda vez ya pensé que se trataba de una maldición. pero estoica seguí esperando mi sangre, como siempre, sin miedo más que a mí misma.
finalmente llegó lo que consideré un aborto espontáneo de un embarazo sicológico o al menos simbólico. aviv me miró desconfiado cuando se lo dije, como si me estuviese tomando algo a la ligera. lo entiendo, incluso yo misma lo pensé, me agobié tras cada sueño porque los embarazos siempre han sido algo serio (o no) y yo no debería permitírmelo ni en sueños.
así es que en la mañana comencé a fraguar lo que sería la expulsión definitiva del engendro. algo parecido a estar drogada o con la presión muy baja. una capacidad exaltada de conexión emocional, o de turbación sensible. un estado lúcido pero encriptado, aburrido de la comunicación tradicional, aburrido de todo. lágrimas y sangre, mucha sangre.
algo así sería muy pobre llamarlo dolor, y el intento desesperado de atontarlo a través de una pastilla sería al menos banal. se duerme bien, no recuerdo siquiera haber soñado, espero estarle diciendo adiós a algo.

la foto es de helio que se fue de viaje esta semana.
y un documento interesante que tiene que ver con el tema, pero ya más aplicado, es lo que estuvieron desarrollando leona y maría durante el summerlab en el taller de maternidades subversivas: Manual de buenas prácticas, para cuando tu vecina tenga un aborto espontáneo.