los desastres de la abundancia

he dejado esperar un poco a que decantara el sentimiento. pero se me pasó la mano. comencé a escribir este post hace más de dos semanas y su aparcamiento comenzó a bloquear los siguientes…
démoslo por zanjado a continuación. (falta vincular los vídeos que no están todavía)
volví con más de 10 mecheros distribuidos en un equipaje pesado y denso equivalente a la mitad del peso de mi cuerpo. pero ¿cuánto pesan los cuerpos cuando se les compara con su mismo peso en basura?
roskilde se llama el festival que los nórdicos utilizan de carnaval. el carnaval es un momento en el que la gente se disfraza, baila, se emborracha y en algunos lugares de europa, espera a que le caigan caramelos de un carro alegórico. este festival parece aludir a esa sensación de que el mundo se detiene mientras todo es posible y absurdo. roskilde entonces parece un carnaval, aunque la mayor parte del año sea una pequeña ciudad con casi 50.000 habitantes y el código postal número 4.000. un carnaval donde el promedio etáreo son 24 años y las cosas son temporales y efímeras. una empresa de cerveza lo esponsoriza todo y el paisaje se repleta de gente bebiéndola y productos de camping que resultan, paradojalmente, más desechables que las mismas latas vacías de cerveza.
basurama son mis amigas desde el 2005. 8 años es bastante para la proporción de nuestras vidas. todavía. no sé si estaré autorizada para referirme a este colectivo de la forma que más fácil me resulta, porque el amor se resuelve como una plataforma discursiva extenuante y poco calificada por el entorno oficial como modelo analítico de algo. o sólo por decir que gracias por el cariño y los cuidados a alberto, manu, rubén, moni y jacobo. decir que son profesionales sería poca cosa tras lo anterior, pero también lo son.
total que tras un extenuante mes de profesías burócratas me voy de festival con los basurama (ex-basuromo), que no sólo son un amor sino también la elegancia, la catapulta, la creatividad, el buen gusto, la alegría y una whirlpool. y nada mejor que irse al culo del mundo (que aunque esté en el norte está igual al borde del fin).
en el festival la violencia del desecho radical, que sería la práctica de convertir en residuo algo prácticamente nuevo y utilizable (incluso antes de que aparezca la obsolescencia programada, incluso antes!). me impactó. durante un par de días me venían ganas de que vivieran un par de meses en la pobreza, especialmente al verles reventar latas llenas de cerveza con un palo para provocar un levísima explosión de gas, y sonreír, flojito. luego un recolector la recogía, terminaba de vaciarla y ya seca la cambiaba por una corona danesa (0,13414 euros; 0,17751 dólares; 91,313 pesos chilenos). me parecían carísimas las latas. me parecían gruesísimos los tenedores desechables que a pesar de ser compostables se iban al contenedor, me parecía todo demasiado bueno y en mucha cantidad. me parecía extremadamente evidente la descompensación de recursos que el mundo ostenta, me incomodaba más estar en el “centro”.
pero las cosas son ambivalentes y al mismo tiempo lo pasé increíble, bailé como una cerda, estuvimos juntas y vimos muchos conciertos fantásticos. pensaba que moriría sin ver a dead can dance en directo (con mi ignorancia musical mediante, no sabía que se habían rejuntado), y en el de kraftwerk tuve mi primera experiencia emergente de cruising que se extendió desde la canción “trans-europe express” hasta el mero final del concierto. sólo meterse mano, las gafas 3d no dejaban ver nada, o casi, o eso quería pensar yo…
por otra parte con la basura (que no era basura o era basura instantánea) la gente se iba apañando, como jugando a la pobreza o a la precariedad. probablemente esto era parte del carácter carnavalesco. de invertir lo de arriba con lo de abajo. desarrollar infraestructuras condenadas a la caída.
luego el festival se acaba. la tierra huele a fermento, la gente manifiesta una especie de resaca endémica, comienzan a abandonar el espacio. las cosas van más lento.


el paisaje se vuelve obsceno. si habían 120.000 personas y era mucho, quedan más de un millón de cosas y parece inabarcable.
creo que creí (es redundante porque es énfasis de un supuesto propulsado por el drama) empatizar por primera vez con la sensación de violencia experimentada por andrea dworkin y catherine mackinnon ante la pornografía mainstream en los años 70. no es que las haya entendido, no, pero empaticé con la sensación de violencia, así o algo así me sentía yo frente a esas toneladas de basura útil, me refiero a la viva y a la inerte. deseos de evitarla.
entonces el neovertedero nórdico permite la entrada de voluntarios religiosos que recolectan las latas que quedan. nada de tiendas, ni sacos de dormir, ni comida, ni ropa, ni colchones, ni medicamentos, ni cremas de protección solar, ni disfraces, ni materiales como madera, tela, metal, tubos recogen. sólo latas de cerveza vacías.


luego aparece algún recolector de ítems puntuales, lo que cabe en una bolsa o en un minicarro. y muchas gaviotas que hacen unas bellísimas coreografías sobre el campo buscando carroña. y luego los camiones, los tractores y las máquinas para trabajar una huerta de importantes proporciones. barren y muelen lo que queda hasta acumularlo en una montaña. y así sucesivamente durante tres meses hasta que en el campo no haya nada más que césped, ni una sola colilla de cigarro. hasta el año que viene.

pausa involuntaria


pues eso, pausa involuntaria de blog, pero no es nada personal, no es algo íntimo sino quizás todo lo contrario. “el documento” está casi listo. la colonia de inmundicias avanza, mis defensas se han ido de vacaciones a un sitio… lejos de aquí.
algunas digresiones en torno a la incomodidad (bicicleta nueva). cargué una “enciclopedia de la mujer” durante 25 cuadras bajo el sol (¿incomodidad escogida?).
el “viejazo” me vino después de cumplir 34 años (los celebraré en junio), día en el que leí este texto que inaugura una potencial serie de reflexiones sobre el tema de género y tecnología, porque ya puestas, nos tenemos que poner serias. entrada oficial al mundo del fango (al “amor más sacrificado y devoto que el romántico” según @misslabores). a todo esto se me olvidó la práctica que describe la imagen, esta captura es de un documental de la televisión que estaba viendo hoy. y tal como con “la enciclopedia de la mujer” hay que editar bastante…
con la blanca callén tuvimos -entremedio- una discusión llena de cosas interesantes que retomar más adelante, además de la catarsis tecnofóbica / tecnofílica y del reclamo anti-cientificista-patriarcal (viva silvia federici!):

>querida, la gocé con tu texto y me conectó, en el momento de la afasia y del río y la luna, con un video-texto brutal que colgó Elena sobre autismo como “otra” -una más- tecnología de conocimiento o epistemología (parcial, escurridiza y quebrada, como todas) que nos revela que no existe sólo “una”…o “la una”. o bueno, que sí la hay, pero es sólo un efecto del poder-saber. nevertheless, me revolví un poco cuando hablas de la repetición y el acostumbramiento: OK a cargarnos el ‘preset’, el deber ser y el dado-por-descontado; pero la repetición y la constumbre es una fuente súper potente de conocimiento experiencial (volviendo al río y la luna). sólo así se apreciarán las diferencias…¿será que me hago vieja y me canso de la tiranía de lo new, de que todo cambie y nada cuaje, del fast food-fast love-fast know? te escribo por aquí, porque “quants més siguem, més riurem”. lots of food, love and know (te debo un mail)
>>gracias blanca, amor de feedback. me gustaría pensar que una observación o experiencia sostenida no tendría que ser repetida necesariamente (incluso el río estancado cubierto de una capa de metales pesados que no dejan entrar la luz cambia de color), es así como se aprecian las diferencias, dices tú. o aparece la diferencia. esta idea en todo caso tenía más que ver con ciertas herramientas (producidas por el capitalismo) que condicionan una “interacción” mecánica que omite totalmente la relacionalidad, el aspecto relacional entre unx y la máquina por ejemplo, la posibilidad de encontrar nuevos atajos (o conjuros como diría el pedro) en cada momento. he estado pensando en cómo distinguir entre las tecnologías que nos interesan y las que no. en ese sentido la orientación repetitiva y acostumbrada de una tecnología me parecía que podía estar apuntando a un objetivo poco interesante, la predecibilidad del smart phone… bueno, gracias por el feedback, de verdad
>sí, santa Butler ya nos recordaba con la performatividad que no hay una repetición igual a otra. aplicado a las herramientas capitalistas, totalmente de acuerdo. hay una tipa (Madeline Akrich) que habla de los ‘scripts’ de la tecnología diciendo que todo objeto incorpora en su diseño, fabricación, etc. ciertos guiones -de género, uso, raza, etc- que tratan de delimitar lo posible/imposible de ese objeto. sin embargo, estos guiones no son inamovibles, aunque haya algunos más tozudos que otros, claro. en el momento en que ese objeto es puesto en relación con otra cosa, con su usuarix por ejemplo, cabe la posibilidad de que sea respondido. un ejemplo paradigmático de dureza y cierre del script sería windows…y mucho peor, mac. la cosa es que la tecnociencia, históricamente, ha sostenido que para que un hecho científico, o una tecnología, se imponga y se desarrolle al máximo, debe constituirse como una “caja negra” inexpugnable, un “móvil inmutable” que sea capaz de trasladarse sin ser modificado. el software libre, en mi opinión, es el ejemplo paradigmático de que se puede desarrollar y adoptar una tecnología sin necesidad de hacer de ella una caja negra: su fortaleza radica, precisamente, en que es algo abierto, modificable e intervenible por cualquiera. sin embargo, la sospecha, malauradament (o no?), es que las instituciones e industria tecno-científicas se están dando cuenta del potencial de esa apertura, no-repetición, diferencia, impredicibilidad, etc que comentamos. y luego vendrán y harán…zas!! “gracias por tu colaboración: son 30€”. total: ¿cómo mantener relaciones creativas y no predeterminadas con la tecnología pero liberadas de su capitalización?…¿cómo montar espacios autónomos en los que sean posibles formas de creación y conocimiento ‘sostenido’ (aunque irrepetible)?
>>claro, esa es un poco la pregunta, y esta era un poco la línea en la que se estaba planteando la aversión a la repetición. creo que es muy importante, y hoy más que ayer, estar preguntándose constantemente sobre si las dinámicas, los procesos y las herramientas están operando en la línea del capitalismo. aquí hay una trampa, porque potencialmente todo podría ser capitalizado. sería una cuestión de tiempo. por eso más bien (y para no deprimirme antes de la acción) pretendo tender a la pregunta y/o al análisis de las construcciones que se producen desde el más acá del capitalismo. por eso me ponen nerviosa a veces las propuestas que se vinculan a la hiperproducción (pasando por encima de un proceso que podría llegar a ser tortuoso), a la vorágine de producir, de hacer, desde un punto de vista muy centrado en los resultados. tengo la sensación de que en la concepción misma de lo que se considera desde el sentido común como tecnología hay mucho fascismo capitalista incorporado, y al menos tendríamos que cuidarnos de no estarlo reproduciendo sin más. por eso era bonito (o terrible, o aludiendo a ello con neutralidad: interesante) lo que se producía en la charla del hidrógeno en el hackthearth, porque si bien el tío tenía a veces unas salidas del todo hippies (que podíamos compartir, creer o no), lo interesante era observar también el absoluto rechazo que le producían sus concepciones a alguna gente, tachándole de “no-científico” (vamos, que el tío encendió una llama con agua… y si no era científico era alquimista que en cierto punto no deja de ser prácticamante lo mismo). este veto de lo “no científico” o lo “no tecnológico” desde el discurso más cartesiano y patriarcal es algo que de por sí me produce mucha sospecha y siendo sincera, también rechazo. respecto a lo que dices de las instituciones que van a sacar cacho de esto (y más ahora, con tanto recorte va a ser que no, si hasta el ministerio de cultura acabará organizando los crowdfoundings!), prefiero confiar en que cada una sabrá a qué causa le regala, dona o aporta su fuerza de trabajo. con tanta precariedad en esto ya deberíamos ser expertas, o al menos controlar un poco.
>qué bueno! tu reclamo de los ‘procesos’ (tecno-epistémicos) por encima de los ‘productos’ y resultados (tecno-científicos), y sus efectos en el mundo que nos toca vivir, es súuuper relevante. de hecho, diría que ése es el core de los estudios feministas de la ciencia y la tecnología. justo hace un rato, acabo de leerme un artículo muy potente de la María Puig de la Bellacasa que se titula “Matters of care in technoscience: assembling neglected things”. En él propone un giro afectivo, basado en el cuidado, en las formas de analizar y relacionarnos con los objetos tecno-científicos. si los construccionistas les metieron una colleja a los positivistas (¿esos que acusan de alquimista al tipo del hidrógeno??), ella se la mete, suavemente, a los construccionistas tachándolos de “tibios” (bueno, así lo resumo yo) y diciendo que su propuesta del cuidado (la de ella) no es que explique la construcción de las cosas (que yo creo que sí porque implica preguntarse por quién se queda fuera o dentro de una tecnología, sobre quiénes recáen sus efectos, etc), sino que es una especie de “compromiso especulativo”, un interrogarse constantemente sobre cómo nos relacionamos, afectamos y somos afectadas, con y por los objetos, “lo otro”, o incluso lo no-humano de manera que contribuya a mundos más vivibles. De alguna manera, critica la “objetivación del mundo” (llámalo fetichización) y las narrativas des-apasionadas (Despret) del discurso científico que borran cualquier rastro de “nosotrxs” -como narradores- y, como efecto, del “otro”. conectado con los “fascismos científicos”, una cosa que me flipó hace un tiempo fue encontrar en periódicos anarquistas de finales de S.XIX y ppios del XX secciones enteras súper detalladas dedicadas a la ciencia y la tecnología. el racionalismo progresista era la respuesta al pensamiento religioso. el rollo es que ahora se convirtió casi en pensamiento único, incluso en espacios “autónomos” (o llámalos x) cuando se trata de hablar de tecnologías, cacharreo y conocimiento.
y lo dejo ya porque tengo un “compromiso no especulativo” con una vida productiva que tengo descuidada.

(lo mismo diría yo)

alfabetización digital / alfabetización sexual

la dificultad que presenta el hecho de coger un mouse/ratón/ratolí, presionar el botón derecho y darle una vez/un click a copiar/copy. hacer doble click/apretar dos veces sobre el ícono del mundo/el símbolo del navegador/el dibujito del mundo rodeado por un zorro. doble click/dos veces click/apretar muy rápido. no, creo que no lo has hecho bien, otra vez. doble click, prueba haciéndolo más rápido, prueba dándole más suavecito. ¿se abre? esto es para navegar en internet. (uso su brazo como si fuese un ratón de carne y ensayo el click izquierdo, el derecho y el doble. mis manos endurecidas por el teclado sobre su carne negra y blanda). insistir en la diferencia entre un correo electrónico y una página web/entre la dirección de mi casa y el planeta tierra/entre el buzón de mi finca y la publicidad de la calle. click derecho, copiar, en la barra de navegador/la franja blanca de ahí encima, botón derecho, pegar. ¿se pegó? otra vez. enter/el botón con forma de “L” invertida y una flecha en ángulo recto, en el teclado (a la derecha).
educar el cuerpo.
y este fin de semana, muestra marrana.

armas de representación masiva: gorda


(esta es mi segunda colaboración con lamansaguman que salió el otro día)

Por @LuciaEgana

La gordura es para el imaginario como la maleza para el jardín, o quizás peor, como los caracoles que se comen a las plantas bellas de un jardín, afeándolo, echándolo a perder. Es difícil en una cultura como esta no haberse sentido gordx alguna vez. Y antes de eso oírlo, tanto sea dicho con cariño o desidia. La maleza.

Como lo constata en su propia complejidad Charlotte Cooper, la mujer gorda puede considerarse una discapacitada. A lo menos segregada por improductiva, obsoleta, inmóvil. Su cuerpo colonizado por unos discursos capitalistas que vinculan la productividad como máximo y punto culminante a la maternidad. Ya lo decía Hipócrates, una mujer gorda muere antes y no menstrúa, tendrá dificultades en el parto y nos llevará, por glotonería, a la extinción de la especie. (Curiosamente planteaba también, en el siglo V a.C., que andar desnudo es lo que ayudaría a un obeso a perder volúmen).

De Hipócrates a la iglesia, y un saltito, la gula acaba siendo un pecado capital, el karma de la mujer obesa: un castigo de vidas anteriores, la delgadez una industria, la medicina una ciencia al servicio de la salud, la salud como ejercicio estético del cuerpo, la delgadez el mejor bienestar, la gordura tristeza humanista del exceso, y al mismo tiempo, representación de la pobreza: corporalidad de la marginación.

La industria de lo flaco representa, hoy por hoy, un exceso muchísimo mayor que el de comer lo que unx quiera. La talla única no respeta las propias leyes respecto a lo que es la supervivencia. Las necesidades materiales, o más bien su correlato corporal, no se corresponden a nuestro deseo, tratado como una mosca muerta. El mandato del imperio egipcio (XXI-XVII a.C.) de “toma una sola cosa en lugar de manjares. Un pedazo pequeño en lugar de uno grande” no se corresponde a lo que en realidad muchas veces mi megalomanía pretende. Vincular estos mandatos de lo pequeño exclusivamente a la comida me parecería bastante reduccionista.

La palabra obesidad viene del latín “obedere” (OB, sobre y EDERE, comer) algo como “comérselo todo.” Y yo me pregunto bien sinceramente y no sin cierto complejo ¿cuándo no me lo he querido comer todo? Megalomaníaca esperanzada, viendo el mundo como un pañuelo y yo su esfinge. Siempre deseando haber leído tanto (por no decir todo), habiendo probado drogas, amantes y comidas en variedad incuantificable. Conocer el mundo, todo, completo. Tragar de tantas cosas y de todas un poco, insaciable. Y cagar, cagar que también es producir, como un monstruo, como la peor de las desfasadas. ¿Y ustedes no son también engullidoras todas? ¿no son estos deseos de comer apenas el antónimo reivindicativo de una figura magra, insípida y poca cosa?
(video único:)

la @mansaguman

siempre quise tener una columna de crítica de golosinas. poner en jaque su dulzor, la grasa, la calidad de los ingredientes, pero a pesar de que llevo más de 15 años insistiendo en la temática, a nadie le parece interesar. esta semana publicó la mansaguman (que somos todas) mi primera colaboración. (sé que estoy publicando poco en el blog, y no es que lo olvide sino que hay varios proyectos escritos (pero paralelos) que están usando parte de mis debilitadas neuronas en la práctica). hablé de los archivos del cardenal, una serie que hicieron el año pasado en chile y que me cepillé adicta por youtube con 24 hrs. de retraso semana a semana. bueno, la dejo aquí (pinchando la imagen de arriba podéis ver la línea editorial del proyecto que es militante, necesario y no-mixto):

Mirada tecno-sexual de “Los archivos del cardenal”

Por @luciaegana

Vi “Los Archivos del cardenal” por Youtube. Vi 12 episodios divididos cada uno en 4 partes, con lo cual terminé viendo 48 trozos de la serie en calidad deficiente, con interrupciones tan abundantes que quizás pudieron ser unas dos por minuto y sola. Recuerdo como la gente se ponía de acuerdo en las redes sociales para ver la serie, en su casa tomando vino, mientras yo me moría de envidia. Yo cada semana veía un episodio, sola, en la pantalla de mi computador portátil, a veces a pantalla completa, y otras en una fracción de ella, entre un chat, un documento, una imagen. Tengo que decirlo como advertencia: nací el año 79 y no soy de las detractoras de esta producción (creo que es bueno que exista, al menos para discutir). Eso no quiere decir que me lo haya tragado todo sin filtro.
Hay muchos análisis que se pueden hacer de esta serie. Para mí es importante ver cómo a partir de una narrativa mitológica y heroizante (de la izquierda pero sobre todo de la iglesia católica tan venida a menos hoy por hoy, y que se queda tan limpita a través de la figura de la Vicaría de la Solidaridad), existen unas representaciones de las mujeres secundarias y accidentales que dejan bastante que desear.

Es cierto que apenas comencé a ver la serie sufrí un proceso de adicción que fue imposible de controlar. Creo que después me cepillé las cuatro temporadas de “Los 80” por pura nostalgia de “Los archivos del cardenal”. Sin lograr saciar esa carencia, esa necesidad pornográfica que de alguna forma me generaba “Los archivos…”. Pornográfica en su estetización erótica de la tortura, tan rítmica, tan aséptica, con un sentimiento desplazado por la pura brillantez de la imagen televisiva, de esos rostros entre publicitarios y telenovelescos, de esos torturadores que parecieran sufrir por no obedecer a diosito y de unas texturas que no dejaban permear lo representado porque había una capa tan gruesa de maquillaje y unos planos que pasaban tan veloces que era difícil eludir la materialidad de la imagen (sin contar las lágrimas que como si fueran otra capa también cooperaban al enturbiamiento de lo que veía). Es un problema el de representar el horror, siendo honesta creo que no se puede, y digo esto porque no sé cómo podría hacerse, no tengo la solución.

Pero lo que no cuesta nada representar es el carácter superfluo de las mujeres. Como es un clásico en la televisión, así como en la moral de izquierda, las mujeres parecieran ser siempre esa sombra suave y tierna que acompaña al héroe, al protagonista, al que es realmente revolucionario porque ella pareciera no llegar a conseguir el puntaje necesario para entrar a las grandes ligas de la revolución. Por lo tanto esto quizás más que una crítica a la televisión (que por más obvia, sigue siendo necesaria) es una crítica a la moral de izquierda, el lugar donde nací y crecí (un lugar que también amo), pero que así como el feminismo no puede dejar de hacer, es necesario criticar y cuestionar desde dentro. Al menos si somos feministas y de izquierda (vaya espacio de complejidad política).

Como es habitual, el espacio privado está totalmente escindido de la acción política real. En la casa y en la cama se restituyen las heridas, pero no se escribe la historia. Sería interesante una recuperación de todo lo que pasaba en esos lugares, me gustaría realmente saber. Por lo pronto y tal como sale en “Los archivos del cardenal” (capítulo 11) las mujeres eran trofeos de guerra o droga legal para emborracharse y olvidar los desagradables actos políticos que algunos revolucionarios tenían que perpetrar. La mujer (propiedad) del revolucionario, sin calentura más que para vaciarle la cabeza de sus penas y preocupaciones a un mirista en una casa de seguridad, “lavando los trapos sucios”, “prestada” por su esposo para estas labores políticas a su escala se reducía tristemente a participar de la revolución sin ser nunca su protagonista.

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(una pregunta ¿ustedes creen que debería, a lo bell hooks y como acostumbro a hacer en el blog, por razones totalmente ideológicas, escribir todo con minúsculas?)

PornoObreros del código (“La categoría del porno”)


PornoObreros del código

Lucía Egaña Rojas

Nuestros teclados están siempre sucios y nadie se pregunta por qué. En realidad navegamos dándole al refresh de manera compulsiva. Trabajamos con tecnología, por eso tenemos siempre una mano en el teclado y otra en el sexo, como si fueran pistolas. Nuestros computadores están llenos de manchas blancas, a veces las teclas se quedan pegadas. La red está recargada de subgéneros, podríamos estar tejiendo y sería lo mismo. (Conozco a Felipe Rivas San Martín el año 2010 en el patio de la Fech fumando cigarros). Entonces jugar con las categorías, entrar y salir, convertirlas en almacenes vacíos, en productos de supermercado, en lugares de cruising1. Hacerles bullying2, asaltarlas desprevenidas, tratarlas como un hogar. Irse de la casa.

El trabajo de Felipe Rivas propone (desde la megalomanía) una serie de operaciones bastardas situadas en el propio cuerpo, un cuerpo tecnificado, cruzado por la lucha de clases que –desprevenida- se asoma por cualquier ventana. La lucha de clases entre Internet y cultura, entre porno y arte, entre pajas y polvos, entre categorías e identidad. La misma insistencia de que aquí no hay una tensión causada por la distinción entre pobres y ricos, la confirma. El porno y sus dispositivos, ese pariente pobre oprimido en sus baratas lógicas de producción y distribución, aparece ahora tematizado, elevado a la categoría de tema, rescatado de su marginalidad popular por el artista. ¿Hasta qué punto en nuestros cuerpos constatamos los amotinamientos de estas clases que no llegan a puntuar para ser incluidas en los catálogos de lo cultural?

Las tecnologías parecieran ser algo nuevo. Una ficción descentrada que llega a meterse dentro de la cama, en el humo de los cigarros, vía wi-fi everywhere. Luego la obsolescencia, la pintura, los protocolos, la técnica. Algo contingente y pasado de moda, entre la pantalla y el lienzo (¿no eran las dos “una ventana”?). Felipe, experto en protocolos, juega con la traducción entre distintos medios tecnológicos evidenciando lo que construyen más allá de las herramientas. Máquinas que producen placer y performances, aparatos visuales que controlan morfologías, gimnasia de la construcción de identidades que en un concurso de manipulación mediada quedan vacías, o semivacías, como trapos viejos. El cuerpo, ese papel confort3 usado.

Internet como una enciclopedia (sobrecargada) de la mirada bastarda, donde abunda el código fuente, o donde toda categoría está controlada, no hay fallo. Felipe abre el código de esta cultura baja/alta, exhibe bugs4, traduce protocolos. Abre el código genético de las máquinas para incitar su descontrol, en el fondo también es algo programático. (No puedo hablar de porno sin hablar de máquinas, sin dejar de citar todos estos códigos que se tatúan en cada lugar del cuerpo y más acá). La ingeniería precaria de una imagen descansa, nos da por el culo. El porno amaestrando, su verborrea increpándonos al nivel de lo inconsciente, y Felipe enjaulando el deseo, fijándolo en un frame5 de óleo, poniendo un paspartú como si fuera una consigna o una molotov. Un pornoObrero no se saca nunca la ropa de trabajo porque es su piel. Un pornoObrero acepta la condición de tener +18 con un click. Y mientras escribo estas palabras, sobre las teclas se proyecta un dilatado cum shot6 que deja inscrito el jugo de mi tecnodeseo en los dispositivos de nuestra interacción.

1 El cruising es una práctica sexual consistente en tener relaciones sexuales en lugares públicos como parques, playas, bosques, sitios eriazos, baños públicos o autopistas.

2 El bullying es una forma de conducta agresiva que se manifiesta a través del uso de la fuerza o coerción para afectar a otros.

3 En Chile, se denomina al papel higiénico “papel confort” debido a la primera marca que lo comercializó. La palabra viene del inglés comfort (confortable, cómodo) y del latín confortare (hacer más fuerte) formado del prefijo con- (junto) y fortare (hacer fuerte). Es la misma raíz de la palabra confortar (animar, dar fuerza).

4 Un bug es un error de programación en un software informático que en general se presenta en su fase de desarrollo.

5 Un frame es un fotograma.

6 Cum shot es el término que describe la eyaculación en la representación audiovisual.


 **Este texto ha sido escrito para el catálogo de la exposición de Felipe Rivas San Martín “La categoría del porno”, en la Biblioteca de Santiago (Sala +18) entre el 12 de Junio y el 30 de Junio de 2012.

el ego ya pasó de moda (aborto I)

hace un tiempo me llegó un mail de la negra invitándome a colaborar con la introducción para un manual de aborto. lo que más me gustó de la convocatoria fue este párrafo:

La idea es hacer con todas vuestras ideas una editorial donde devinamos manada y destruyamos el ego, es decir no es como poner una cita y el nombre del autor/a … vamos pal 2012 y el ego ya paso de moda…

durante la última semana me encontré con estos dos videos:

y envié este esbozo hippie y comunitarista sobre el aborto, que creo será un tema en el cual, tal como en los últimos días, estaré pensando este año.

aborto I

hay aborto voluntario e involuntario. el voluntario es como hacerse un tatuaje, el involuntario es cuando te pasa algo sin que te des cuenta, a mí una vez se me rompió un diente. tatuaje o dientes rotos. los abortos no deseados pueden venir bien, mal o sin constancia del hecho. supongo que estamos hablando aquí de aborto deseado.

pensar en aborto no sé por qué se vincula a la maternidad si se refiere a exactamente lo contrario.
la maternidad no es considerada una patología, aunque muchas veces se comporte como tal.

cuando estuve embarazada nunca pensé en tener un hijo. sólo pensaba en lo que quería hacer en mi vida, en los maravillosos planes para los que me estaba reservando. dejar de estar embarazada fue eminentemente un alivio.

cuando aborté me dolió tener que entregar mi cuerpo a personas que no conocía. sé que un cuerpo es sólo un cuerpo, es una interfaz, y también parte de un dispositivo completo, que no acaba en mi propio cuerpo que está expandido en todas las moléculas que respiro, toco o interactúo energéticamente.
cuando aborté entregué mi cuerpo y 300.000 pesos en efectivo a 6 manos que no conocía, que desconocí en su cutex rojo, en sus toqueteos extraños. fuí a un lugar también desconocido, junto a una persona que me llevó en un auto conducido por alguien que no vi.
estos abortos son cicatrices en todos nuestros cuerpos.
mientras me realizaban la intervención, estando yo totalmente sedada, le pedí a las personas que estaban allí que me guardaran todo lo que estaban sacando. quería hacerme un collar. en práctica quería ser la dueña de mi experiencia, en mi imaginario cosificada, fetichizable, susceptible de ser manipulada artesanalmente, como una semilla o un hueso. lxs interventores me dieron por loca.

luego estuve rodeada de personas que me apoyaban en mi autoderminación y que confiaban en mis deseos, de alguna manera personas que sentían y hacían suyo mi cuerpo deseante en su intención. hicimos una fiesta.
hubiese sido muy feliz si toda esa gente me hubiese podido acompañar en mi aborto, un aborto do it yourself. me hubiera gustado saber hacerlo, tener las herramientas y poder descapitalizar mi cuerpo sacándolo de esa nube de mercado negro y clandestinidad.

el disruptor de ondas cerebrales de minipimer.tv

*este texto tiene mayúsculas porque fue publicado en la web de minipimer.tv

El placer intenso que se siente al manejar las máquinas deja de ser un pecado para convertirse en un aspecto de la encarnación. La máquina no es una cosa que deba ser animada, trabajada y dominada, pues la máquina somos nosotros y, nuestros procesos, un aspecto de nuestra encarnación. Podemos ser responsables de máquinas, ellas no nos dominan, no nos amenazan. Somos responsables de los límites, somos ellas.

Quizás los parapléjicos y otros disminuidos físicos puedan (y a veces lo hacen) tener las experiencias más intensas de compleja hibridación con otros artefactos para la comunicación.

Donna Haraway, Manifiesto cyborg

La disrupción, que es inherente al arte, nos exige que hagamos derivar, derribar o colapsar las definiciones y las subjetividades existentes, con el fin de poder seguir aprendiendo qué somos y qué es la naturaleza; aprendiendo que uno puede abrir su trabajo artístico a un tipo de proyecto diferente, el cual puede determinarse —tanto en secreto como públicamente— entre nosotros mismos y otros. Se trata tanto de rehacer lúdicamente nuestro trabajo, como de rehacernos a nosotros mismos y a nuestro contexto social.

Doug Ashford

Este artefacto es parte de los resultados de un bloque de investigación que hemos denominado “Telepresencia, comunicación interespecies e internet de las cosas” y al que daremos continuidad a lo largo del 2012. Es por el momento un bloque inconcluso ya que la premura por obtener ciertos resultados en función del taller de telepresencia organizado por Hangar, ha obligado a acelerar el proceso en ciertos ámbitos y tener que aplazar otros. La comunicación interespecies se queda como un facto pendiente, y finalmente por ignorancia, velocidades o coincidencia la única especie con la que nos hemos comunicado es la maquínica, si es que puede considerarse una especie (*disgresiones en torno a la ciencia ficción).

En principio este disruptor nace como reflexión en torno a la comunicación, a la interacción humano-máquina (y a su posible interacción con otras especies a través de sensores), un cuestionamiento a las estrategias de reproducción de la realidad, una crítica al realismo mimético y a la aproximación racional que se utiliza al emular un espacio diferente, una búsqueda por alcanzar las profundidades del cerebro a través de una retórica de lo maquínico o de lo electrónico.

Me gustaría centrarme en algunos aspectos que detona el disruptor y que pueden tener sentido en la discusión sobre telepresencia (si es que esta discusión tiene sentido). El primero tiene que ver con su posicionamiento paródico en torno a la ciencia y a la tecnología, un aspecto recurrente en el trabajo de minipimer.tv. Se trata de la apropiación de mecánicas de la tecnología transpuestas a un contexto low-fi, se trata también de utilizar una legitimación científica a modo de juego, quitándole peso a su veracidad. Es una imitación burlona de la arrogancia científica a partir de un posicionamiento aturdido y có(s)mico. El disruptor en este sentido puede ser considerado un artefacto de operatividad científica (de una línea que igualmente se desplaza de los centros de poder hegemónicos ya que recurre a una versión hippie de la ciencia) pero que en su propia constitución pone entre comillas la palabra ciencia.
El disruptor de ondas cerebrales es un aparato de parodia científica, un dispositivo casero de tecnología absurda e inconducente.

Un segundo punto importante es el que tiene que ver con los estímulos audiovisuales que, en este caso, transportan a otra realidad o que reniegan de la mímesis realista clásica. Cuando nos introducimos en un ámbito de comunicación o (lo que es mucho más preocupante) cuando estamos hablando de pura creación, las estrategias de representación reproducen de manera recurrente la realidad que compartimos como espacio común de convención. Reproducen el sentido común, donde una silla es una silla, un hombre es un hombre y el frío se siente como tal. Es el mismo espacio donde lo negro remite a una oscuridad poco aconsejable. El disruptor propone un arsenal de estímulos audiovisuales que exceden y eluden este espacio de convencionalización ideológica y formal, erigiéndose apenas como una mera fuente de imagen y sonido abstracto que, en coordinación con el sonido binaural, genera una especie de estado bruto del audiovisual.

El tercer aspecto a destacar ante la presencia del disruptor es la versatilidad en las modalidades que propone. El artefacto cuenta con posibilidades de uso diversas, como la experiencia colectiva total, la utilización por pares, tríos o cuartetos, o su versión onanista/masturbatoria. Incluye lo anterior el uso compartido a distancia a través de sensores que emiten datos mediante la red, uso que permitiría una comunicación humana, maquínica, animal, interespecie. A su vez cada experiencia se puede controlar de manera generativa, prefijada (impuesta por la máquina o por otra entidad) o simultánea (por la misma usuaria u otra en tiempo real).
Para cada una de estas versiones los dispositivos de hardware y software deben ejecutar una coreografía distinta, por ejemplo: en la experiencia colectiva total es el patch de pure data el que genera una secuencia prefijada (o paralela, si el control a través de los sensores y parámetros en juego es en tiempo real) que se aplica a un grupo de personas a través de altavoces y proyección video. Si bien no resulta lo suficientemente inmersiva la situación (*mejorable a futuro), este uso tiene la ventaja de suponer grados de empatía en esta suerte de rito tecno-narcótico en el que todas las participantes buscan una alteración de los estados cerebrales. En el ejercicio que realizamos acompañamos la sesión de una narración que se encargaba de indicar las directrices de los estados propuestos. Podemos decir que fue un experimento exitoso a la vez que escalofriante.

En la utilización por pares, tríos, cuartetos u orgías, se utiliza el disruptor con su hardware especialmente diseñado, esto es, un casco dotado de 3 leds interiores y 9 exteriores y unos auriculares ensamblados, y una caja controladora con 4 potenciómetros injertados a un arduino que a su vez se dirige a través de pduino a un ordenador que contiene el mismo patch de pure data anteriormente citado. (How to en: http://www.minipimer.tv/?p=1457).  En esta función la persona sometida a las frecuencias disruptivas no controla los impulsos que le son impuestos. Hay confianza y un atisbo de S/M mediado por tecnología cacharrienta.
En la versión onanista/masturbatoria es la propia usuaria la que define el devenir de su secuencia, así como la duración y el espacio contextual. Se trata del mismo hardware descrito unas líneas más arriba, sin embargo en esta opción es el usuario quien define, a partir de su propio deseo, cómo los potenciómetros moderan los outputs. Funciona en tiempo real.
Cada una de estas opciones, tal como se enunciaba antes, permite ciertas combinaciones, como por ejemplo, que el onanismo se rompa a partir de que el control de los outputs los ejecute una bacteria que transmite datos a través de un sensor microscópico, o de que se programe una secuencia intencionada con anterioridad.

El artefacto “disruptor de ondas cerebrales” ha significado un proceso semitortuoso para unos resultados lúdicos que aún son indeterminables debido a que se trata recién de una primera versión. Como primera aproximación hemos podido reconocer su potencial empático, lúdico y experimental. El cerebro se vuelve material maleable, y la fe en el aparato la saliva que lo alimenta.  Valdría la pena quizás parafrasear a Pierre Agustin de Beaumarchais que ya en el siglo 18 sostenía que cuando un disruptor no hace daño deberíamos alegrarnos y no exigir además que sirva para algo.

#10penkult (prácticas culturales de código abierto)

#10pencult
#open-close
#funcionamiento

abrir el código significa aumentar las libertades a través de la comprensión del funcionamiento de las cosas. cuando los códigos están cerrados son invisibles, impenetrables y fácilmente naturalizables. pero un código parece ser algo más cultural que natural (?). el aumento de las libertades se manifiesta en la capacidad de alterar el funcionamiento de algo, una máquina, un cuerpo, una performance, un modelo relacional, etc. si no sabemos cómo funciona aún menos podremos saber cómo alterar su funcionamiento. lo cerrado se podría ejemplificar con la lógica del capital o un tabú.
si fuese un dibujo sería una relación dialéctica entre lo abierto y lo cerrado, por oposición. tenemos una innumerable cantidad de códigos para abrir en todo el cuerpo, en nuestras máquinas, relaciones, roles. nunca estarán todos abiertos porque hay otras máquinas produciendo constantemente tecnologías cerradas. es una lucha de fuerzas.

como me pone la raza

para_ce

(esto es una respuesta a un post de ce en el blog de la quimera rosa)

me pone tener diálogos especulativos sobre la escritura mundial. me ponen muchísmo las genalogías porque una que es vaga ha leído muy poco y así es genial que alguna más letrada le vaya poniendo cronologías a las configuraciones y sospechas, en este caso de la raza. así las cosas me pone la quimera rosa, me pone su raza subnormal porque en ella reconozco la mía que un día es una y al otro es otra, raza mutante globalizada, tan altamente empaquetada por documentos, permisos, notificaciones y pasaportes, tan casada, tan perdida, sin adn, sin configuración. absurda y disgregada, si me preguntan mi raza no sé qué decir.
y si me preguntan mi clase soy proletaria, paria, precaria, una acumulación de rimas que la contingencia hace acabar con un rotundo inmigrante (disonante).

pero en estas cosas, tal como dices, la propia realidad poco importa, está demasiado lejos del sentido común.
poco importa pero está muy cerca de mí. por lo que me es imposible no percibir el tema racial, hoy por hoy y en nuestro contexto pleno de sentido común eurocentrista descentrado, sino como algo que se deriva a un tema geopolítico. y aquí soy ultra autorreferente.
(podría decir, para mí la ciencia es un enemigo. la medicina por ir focalizando, o muchas otras disciplinas que tienen tanto, demasiado, de ideológico. es cierto, si mañana me rompo el pie, acabaré sin duda chupando de la seguridad social española (gracias!;) sometiéndome a las manos y voluntad de un doctor cualquiera cada vez más cerca de lo que se dice “mal pagado”. pero no me refiero a esto exactamente. sino que no creo en la ciencia, la deslegitimo y desprestigio siempre que puedo y, debo reconocerlo, a veces desconfío antes de entender incluso completamente bien a qué se refiere. le he cogido manía. esto también me lleva a esta extraña relación de tecnofilia/tecnofobia que se me manifiesta a veces y que intento gestionar con el más puro amor y odio. blablabla).
pero para no disgregar más, lo que quiero decir es que mi experiencia en españa indica que mi “raza” cambia cuando abro la boca. lo afortunada que soy por “pasar del metro setenta, tener la piel blanca y parecer europea” no me lo saca nadie, me lo han repetido hasta el cansancio, y vamos, que hasta acabo performándolo. en mi caso es cuando abro la boca (y emana mi acento del sur) que de alguna forma se re-escribe mi raza geopolítica. con “fortuna” me configuro como andaluza (que en la pirámide social ibérica es…) y si el interlocutor ha viajado ya me localiza con pelos y señas en el culo del mundo.
entonces también me pone (o pondría) hablar de estas especies de post-razas geopolíticas que la ciencia fronteriza se esfuerza por establecer y remarcar.

el otro día un amigo no se animaba a decirme, porque no sabía si me sentaría bien o mal (sic), que yo era muy masculina y femenina a la vez. el otro día leía en un muro de facebook a jóvenes biohombres (y es una lástima que lo sean, entre otras cosas, pero lo siguen siendo a pesar del queer) hablando de sus embarazos y abortos como quien pica sobre el botón de “me gusta”.
en chile me dicen “ay! la europea”, en españa “sudaka”, y cuando nací (münster, germany, 1979) las monjas del hospital me llamaron “la negra” (de puro cariño supongo).

otra cosa. con los géneros una táctica para dinamitar el binarismo es multiplicarlo hasta que no sea posible contabilizarlo, hasta que ningún patrón se repita, fragmentar las posibilidades y combinaciones hasta impedir su enunciación (dentro de los parámetros binarios).
muy interesante sería pensar formas para deconstruir la raza tal como se hace con el género (¿cómo empezamos? yo me apunto). y otra vez, sería tan importante que de alguna forma funcionara…

relato CyberPunk

cyberpunk

con minipimer.tv estamos iniciando un nuevo proyecto. se trata de una narración colectiva. para quienes estéis interesados en participar del proceso, hago el anuncio, están las instrucciones aquí.
hace 3 días tuve un sueño extraño que intenté transcribir, según sugerencia de oskar, adaptándolo a la historia. lo pego abajo.

la escena se compone al interior de un centro recreativo 2.0. una especie de discoteca, con luces de colores en medio de relativa oscuridad, un sitio de swingers, desadaptados, ansiosos de sexo o mera interacción. interacción uno a uno. estos centros, que aparecieron por primera vez en europa, se fueron extendiendo como hongos y malas copias por el resto del mundo. ahora lo llenan todo, los hay más sofisticados y más artesanales. los asistentes son honestos y se mezclan allí, más que en un supermercado. más que en un parque, en un banco o en la calle. las perversas y los sádicos, las hermafroditas y los frígidos, el que no tiene que comer y el que está gordo como un pez, la vaca, la perra, la zorra. no hay dress code, sólo leds (la mayoría rojos y violáceos). no hay barra, sino largos tubos que cuelgan de los muros donde las ansiosas y los interactivos liban cócteles humeantes. hay música que sale de los poros de algunas perversas que han dejado de desear. ellas sólo sacan música, son los altavoces del lugar. cuando algún indignado aparece, se sienten conformes con lamerles los pies. ellas entonan un ritmo más agudo, o más acelerado, pero sólo como reflejo, como repetición. cuando en el pasado a los altavoces les llamaban cajas, se referían a ellas, que serían su próxima mutación. este sitio no tiene dueño. es un residuo urbano que han ocupado, no se sabe quién, y que nunca será desalojado. las fuerzas del orden han desistido de este tipo de lugares porque después de severos litigios se han dado cuenta que allí sólo van los perdedores (aunque a veces, y aunque ellos no lo sepan, se cuele más de algún disidente, disidente incluso de ser un paria***esto merece explicación, de cómo se ha producido una disidencia que se va superponiendo en capas hasta pervertir totalmente el orden jerárquico que puede tener cualquier valoración). la escena, entonces, se compone al interior de este recinto. el exterior no lo vemos aún, aunque probablemente se halle en el subsuelo.
en la escena una mujer de generosas carnes yace en una especie de camilla a ras de suelo. está perpetuando una interacción con un hombre joven, patéticamente normal. la mujer, desnuda, centra su actividad en la escritura sobre su cuerpo a través de su mano derecha que desplaza hábilmente y con cierta cadencia por los botones que se distribuyen aleatoriamente en torno al tronco, pechos, barriga, coño y culo. los botones son letras. el hombre está en cuclillas mirándole lascivo. ella escribe algo que no se alcanza a percibir. sus dedos se clavan profundamente en los botones, su cuerpo es mórbido y de color anaranjado (el filtro de saturación al máximo, luz roja, tono verdoso en los bordes de los botones). la mujer escribe lento, pero construye frases que por algunos de los poros de las perversas huecas intentan salir, aunque se ahoguen con alcohol. el hombre es muy simple, ella repite tranquilamente un manifiesto personal, no tiene prisa, se retuerce como un gato en celo, y él no acaba de entender todo sino como una oportunidad de interacción.
cuando ella ha acabado de decir lo que quería, de decirle a él lo que quería, de explicarle por qué la relación es imposible (porque ni siquiera sabe leer lo que ha escrito sobre sí misma), con el dedo índice y el pulgar dibuja una sonrisa blasfema con su ombligo. lo abre para dejar salir los labios una lengua y una dentadura salvaje que da tres carcajadas muy ruidosas. el hombre se desmaya. fin de la escena.

animaros!

rubias para el bicentenario

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amores cruzados, este no es un blog de anuncios pero mañana, hoy 25, la cuds performa la rubiez:

rubias para el bicentenario

enunciaciones desde la peluquería del barrio chileno

hacerse rubia no es difícil, lo difícil es dejar de ser negra
por eso nuestro rubio de agua oxigenada no queda ceniza, sino irregular anaranjado, irreal
decoloramos el cabello porque vemos en el fracaso de nuestro castaño
tan oscuro, tan negro
una posibilidad de aclararnos a estos nuevos colores

que puestos en contradicción no resuelven sino evidencian

por eso estamos acá como en una peluquería pobre
decolorándonos el pelo
bajo el blondor y el agua oxigenada de 40
quedamos todas iguales, borramos nuestras diferencias
mostramos nuestros nuevos nombres
nuestros nombres que serían más si nos cambiáramos el apellido que nos desentona
que nos cambia el color de nuestro rubio

así nos lo dijeron todos hace unos días

así lo pensamos

mientras nos blanqueamos

mientras recibimos el bicentenario